Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquia

ARQUIDIÓCESIS  DE BUENOS AIRES

Y TODA LA REPÚBLICA ARGENTINA

 "...en Antioquia fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos..."Hch. 11:26

Principal Español Metropolita Siluan Muci Arquidiócesis Organización Ortodoxia Patriarcado de Antioquia Historia Publicaciones Noticias Enlaces

9 y 10 de diciembre de 2006:  Entronización de S.E.R. Monseñor Siluan Muci en la Catedral San Jorge, Buenos Aires

 

Vísperas y Entronización de S.E.R. Monseñor Siluan

En una tarde cargada de emoción los fieles recibieron en el Centro Cultural San Jorge a Monseñor Siluan, y lo acompañaron hasta el ingreso a la Catedral San Jorge, donde se celebraron las Vísperas,  juntamente con los arzobispos y obispos visitantes: S.E.R. Monseñor Antonio (Metropolita de México),  S.E.R. Monseñor Sergio (Metropolita de Chile), S.E.R. Monseñor Damaskinos (Metropolita de Sao Paulo- Brasil), S.E.R. Monseñor George (Metropolita de Homs-Siria) y  S.E. Monseñor Yohanna (Obispo de Al Hosn y Marmarita-Siria), los arzobispos de las diócesis de las iglesias ortodoxas hermanas: S.E.R. Monseñor Platón (Metropolita de Buenos Aires y Argentina del Patriarcado de Moscú) y S.E.R. Monseñor Tarasios (Metropolita de Buenos Aires y Sudamérica del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla), S.E.R. Monseñor Nicolaos Matti (Obispo de la Iglesia Siriana Ortodoxa), los sacerdotes  y servidores del Altar de nuestra arquidiócesis.

Asistieron en el coro el Rvdo. Archimandrita Ignacio Samaán (México), el Sr. Sergio Abed (Chile), y las Srtas. Maya y Hala Saloum del coro de la Catedral.

Monseñor Siluan dirigió su mensaje a los presentes. Al finalizar el oficio bendijo a cada uno de los fieles, y obsequió estampas de la Virgen de la Ternura.

.

Alocución de S.E.R. Monseñor Siluan en la Celebración de las Vísperas 

 

“Alegría al encontrarnos”

“Cuan hermoso es estar los hermanos juntos”

 

Primeramente y antes que nada, quisiera transmitirles la Bendición de Su Beatitud el Patriarca Ignacio IV y sus oraciones paternales por todos ustedes. Deseo agradecer en nombre mío y vuestro a los Arzobispos que comparten esta alegría con nosotros, a Monseñor Antonio (Metropolita de Méjico), Monseñor Sergio (Metropolita de Chile), Monseñor Damaskinos (Metropolita de Brasil), Monseñor George (Metropolita de Homs, Siria), Monseñor Boulos (Metropolita de Alepo) y a Monseñor Yohanna (Obispo del Hosn, Siria); y expresarles mi gratitud por estar aquí junto a nosotros; éste largo viaje que emprendieron para acompañarnos es una muestra del cariño que nos une.

Hoy celebramos una gran fiesta, contando con la presencia de nuestros invitados como con vuestra presencia, la de los hijos y los sacerdotes de ésta Arquidiócesis. No hay dudas que ésta es una ocasión importantísima para nuestra Iglesia en Argentina. Obispos, sacerdotes y fieles venidos de distintos lugares se reúnen en la Iglesia. Y esto es realmente esplendoroso. La Iglesia no existe sino es por medio del encuentro, y el estar unidos en la Iglesia es la meta de nuestros encuentros. Cada uno de nosotros dejó su casa, su trabajo, su mundo, y vino a la Iglesia a encontrarse con Dios y con su hermano. Hoy el cielo y la tierra se encuentran aquí. ¿Hay algo más hermoso que esto?

Y el motivo y la alegría de nuestro encuentro hoy es el recibir al Arzobispo de la Arquidiócesis en el día de su ingreso oficial. Los fieles y los sacerdotes reciben al nuevo obispo, quien llega acompañado por un grupo de hermanos de entre los obispos quienes lo conducen hasta su Arquidiócesis. La iglesia llama a este recibimiento y a esta celebración “el oficio de la entronización” porque durante el mismo se da lectura al edicto patriarcal enviado a los miembros de la Iglesia. Este edicto es precisamente la carta oficial que informa sobre la elección del nuevo Arzobispo, su ordenación y sus cualidades eclesiásticas, y que es firmado por el mismo Patriarca quien confirma la elección del Santo Sínodo. Además de la lectura del edicto patriarcal, durante esta celebración, el mayor de entre los Obispos entrega el báculo pastoral al nuevo obispo y lo conduce hasta la Cátedra episcopal en medio de la Iglesia. Desde ese momento el nuevo obispo inicia su trabajo administrativo y pastoral, comienza a organizar los asuntos de la Arquidiócesis que le fue encomendada por Dios como Pastor.

Pero esta celebración tiene una alegría especial, pues el Obispo no es el director de una institución pese a que la administración está dentro de sus responsabilidades; ni tampoco es un maestro, pese a su comisión de predicar y conservar la fe, sino que, por sobre todas las cosas, él es el Padre de una gran familia de sacerdotes y fieles sin distinción. El recibimiento es familiar antes que nada. Este es el único adjetivo que podemos ponerle a esta recepción, distinto a cualquier otra de su tipo: es familiar.

Hay vínculos espirituales en nuestra familia, nos une la fe y el espíritu de amor, nos une el servicio, el sacrificio y el testimonio. Pero en nuestra familia tenemos un vínculo especial: el vínculo de nuestra membresía histórica, esto es, todos pertenecemos a la Iglesia Ortodoxa Antioquena, la misma iglesia donde los discípulos de Jesús fueron llamados cristianos (Hechos 11:26). Y nos sentimos orgullosos por esto, por nuestra historia y por nuestro primer vinculo familiar. Nuestros ancestros, padres y abuelos, vinieron a éste país y dejaron en él, con el sudor de sus frentes, la semilla de nuestra fe, levantaron estos benditos templos como testimonio de esa fe, para que los fieles y los sacerdotes de su pueblo nos juntásemos hoy para continuar con el legado que ellos se esforzaron por plantar. Y gracias a eso estamos hoy aquí, recibiendo y saboreando el fruto del esfuerzo de nuestros ancestros. No podemos olvidar éste legado. Negarlo sería ignorar nuestro origen. En esta celebración que hemos llamado “familiar”, no podemos olvidar a aquellos que fueron los primeros en trabajar por nuestra iglesia y esforzarse para depositar en ella el mensaje del evangelio.

No demos otro significado a estos vínculos que no sea el del encuentro los unos con los otros y el del testimonio de nuestra unidad en la oración y en el trabajo por la iglesia. No se concreta nuestra unión si permanecemos en nuestras casas ni se realiza el trabajo si no nos apoyamos los unos a los otros. Lo natural en nuestra iglesia  es que desarrollemos un trabajo voluntario y no por exigencias; con buena voluntad, no por intimidaciones, entregando más de lo que se recibe. Por esto, nuestro gozo es inmenso porque es la primera vez que celebramos ésta fiesta. Y me alegro de encontrar a nuestra iglesia fuerte por y para ustedes, y digo fuerte por la gracia de Dios que hay en ella y por vuestros deseos de estar activos en ella. ¿Hay alguna prueba más grande de este deseo que el hecho de que vinieron de todas las ciudades de Argentina para participar de este gran recibimiento familiar? Me siento muy orgulloso de ustedes. El hecho de estar presentes confirma vuestro deseo de trabajar con seriedad y dinamismo en nuestra iglesia. La iglesia es vuestro primer hogar porque nacieron de su pila bautismal, es vuestro hogar diario porque aquí se celebran los Santos Sacramentos y también será vuestro último hogar cuando dejen este mundo.

 Motívense a que vuestra iglesia siempre refleje lo mejor de vuestros deseos, lo que ustedes anhelan que sea. Sin ustedes la Iglesia no existe. Otros trabajaron y se esforzaron antes que nosotros, y nosotros nos esforzaremos para completar lo que ellos comenzaron. Vuestros rostros llenos de alegría demuestran este deseo. ¿Que hay del pasado que nos prohíba alcanzar esto? El tiempo está frente nuestro para trabajar.

 En el encuentro que tuvimos con los sacerdotes de la arquidiócesis ésta mañana y los Arzobispos que nos acompañan y comparten nuestra alegría, hablamos juntos de algunos de los desafíos que vivimos en nuestra iglesia e insistimos en la necesidad de ser compañeros los unos de los otros, de ayudarnos mutuamente, siendo miembros los unos de los otros, especialmente en un país tan extenso en territorio y en diversidad de dificultades. Ante esta realidad, se nos pide visión, planificación y esfuerzo, por eso trabajaremos juntos en la concreción de éste anhelo en tres niveles:

·        Primero, trabajaremos en el aspecto pastoral, en la enseñanza y en la evangelización, buscando mejorar las condiciones actuales tanto de las necesidades de los sacerdotes y sus medios de vida, implementando programas de educación teológica vía Internet y la formación de una biblioteca teológica electrónica en el sitio de la arquidiócesis, como en el trabajo con los jóvenes, estudiando las posibilidades de evangelización, formando estadísticas parroquiales y organizando congresos pastorales arquidiocesanos.

·        En segundo lugar, trabajaremos en la práctica litúrgica y eclesiástica, unificaremos las prácticas, los textos y las traducciones de acuerdo  al legado de nuestra Iglesia Ortodoxa, su Tradición y sus Cánones.

·        Y, en tercer lugar, trabajaremos en la administración, en la programación y a nivel institucional. Existe la necesidad de establecer fundamentos prácticos y metódicos así como la necesidad de crear una red de comunicación práctica por medio de Internet.

 La concreción de ésta visión necesita de vuestra opiniones, pensamientos y participación. Y estoy convencido mirándolos a la cara de que están listos y deseosos de esto.

 Para concluir quiero volver a expresar mi alegría por la presencia de todos en este recibimiento; esto demuestra el amor que sentimos por nuestra iglesia y la seguridad de nuestra unión por los vínculos familiares, espirituales e históricos. Hoy, nuestra alegría se hace realidad por poder encontrar a éste grande, al antioqueno y al argentino unidos en una persona.

 Por último les digo a todos: esta Iglesia es vuestra casa, ¡sean todos muy bienvenidos!