Domingo de Navidad

25 Diciembre 2011

Donde está Dios, no hay ninguna necesidad

“Pues el Cordero que está en medio del trono los pastoreará
y los guiará a manantiales de aguas de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos”
(Apo 7:17)

 

Queridos y estimados hijos en nuestro Señor Jesucristo,

En esta Navidad, quiero compartir con ustedes esta reflexión, de un autor anónimo, que leí sobre la pared de un monasterio de Monte Athos (Grecia), y que, para mí, resume la realidad de lo que la encarnación del Señor extiende para todos nosotros:

 

“Donde está la fe, ahí también está el amor;

Donde está el amor, ahí también está la paz;

Donde está la paz, ahí también está la bendición;

Donde está la bendición, ahí también está Dios;

Donde está Dios, no hay ninguna necesidad”.

 

Ojala podamos dar este testimonio y compartir la vida de la verdadera fe; extender el amor de Dios a todas nuestras relaciones; trabajar en pos de la paz que proviene de la reconciliación para con nosotros mismos, para con nuestro prójimo y para con nuestro Señor; pedir la bendición y prepararnos para recibirla en todos los aspectos de nuestra vida. Así, el Nacido en Belén encontrará en nuestros corazones el mejor pesebre para que Él esté siempre presente en él.

¡Feliz Navidad y Bendito Año 2012, siempre unidos en el servicio del Señor, reunidos en  Su Iglesia y dando gracias a Dios!

 

+ Metropolita Siluan

 

Dios no está lejos

“En verdad les digo que si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos” (Mt 18:3)

 

S.E.R. Monseñor Siluan, Metropolita de Buenos Aires,

Lo acontecido en Navidad nos transmite este mensaje: “Este Niño tiene una misión especial para este mundo”. Al llegar a la edad adulta, Él mismo lo proclamó también: “Si no se convierten y se hacen como niños, no entrarán en el reino de los cielos”. Es cierto que Él predicó esto en palabras tan simples que es difícil aceptarlas hoy.

Hablamos hoy de un Dios que aceptó venir hacia nosotros para estar a nuestro servicio, para estar cerca de nosotros. Dios no está lejos; Dios es simple; debemos ser piadosos, hemos de ser de verdad puros, entonces veremos que Dios no se aleja de nosotros, sino que viene hacia nosotros, se viste de nuestra naturaleza, vive con nosotros, bendice nuestra comida, nuestra bebida, bendice toda nuestra vida. Dios no está lejos; en Navidad, aprendemos que Él no está lejos, que Él es el Señor y el Soberano, Señor de los cielos y de la tierra. Él viene para ofrecerse, para estar a nuestra disposición, y no para ponernos a Su disposición.

Lo saludo en Navidad y pido a Dios, que aceptó venir a nosotros a la gruta de Belén, para que siempre todos podamos celebrar esta fiesta, disfrutando de un corazón lleno de fe y de amor, estando nuestros ojos siempre fijos en el dueño de la fiesta, nuestro Señor Jesucristo, quien se encarnó para nuestra salvación.

 

+ Ignacio IV

Patriarca de Antioquia y de todo Oriente

 

Tropario de la Navidad (Tono 4) 

 

Tu Natividad, Cristo nuestro Dios, hizo brillar en el mundo la luz del conocimiento; Porque los que adoraban a las estrellas, por una estrella aprendieron a adorarte, Sol de la Justicia; y de conocer que Tu has venido desde la aurora de lo alto, Señor, Gloria a Ti.

 

Kontakion (Tono 3)

 

Hoy, la Virgen da a luz al que supera toda esencia; y la tierra ofrece la gruta para Él quien nadie puede acercarse. Los ángeles con los pastores glorifican; y los magos con la estrella van por el camino. Porque un Niño Nuevo ha nacido para nosotros; Quién es el Eterno Dios.

 

Carta a los Gálatas (4:4-7)

 

Hermanos, al llegar la plenitud de los tiem­pos, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos. Y, como son hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de Su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.

 

Santo Evangelio según San Mateo (2:1-12)

 

Cuando nació Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos Magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: “¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo.” Oyéndolo el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.” Entonces Herodes, llamó aparte a los magos, y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, les envió a Belén, diciéndoles: “Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño, y cuando lo encuentran comuníquemelo, para ir también yo a adorarlo.” Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María Su madre y, postrándose, Lo adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron por otro camino a su país.

 

¿Qué conmemoramos hoy?

El Nacimiento de Jesucristo

 

Nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del mundo, nació de la Santísima Virgen María en la ciudad de Belén durante el reinado del emperador Augusto César. Augusto, en aquella época, decretó que un censo fuera realizado en su imperio, que en aquel entonces también incluía a Palestina. Los judíos estaban acostumbrados a censarse solo en la ciudad de donde su familia provenía. La Santísima Virgen y el justo José, que eran descendientes de la casa y linaje del rey David, tuvieron que ir a Belén para ser censados allí.

En Belén no encontraron habitación en ninguna de las posadas de la ciudad. Por lo tanto, el Dios-Hombre, el Salvador del mundo, nació en una cueva que era utilizada como establo. “He aquí veo un extraño y glorioso misterio”, canta la Iglesia con admiración: “El cielo es una cueva, la Virgen un trono de querubines, la gruta es una habitación, en la que Cristo Dios, a quien nada puede contener, es puesto”. (Irmos de la novena oda del canon Natividad).

Después de haber dado a luz al divino Niño, la Santísima Virgen “lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre” (Lc 2:7). En la quietud de la medianoche (Sabiduría de Salomón 18:14-15), el anuncio del nacimiento del Salvador del mundo fue escuchado por tres pastores que cuidaban allí cerca sus rebaños.

Un ángel del Señor (San Cipriano dice que fue  el Arcángel Gabriel) se presentó ante ellos y les dijo: “No temáis. Porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc 2:10-11). Los humildes pastores fueron los primeros en adorar a Aquel que se dignó en asumir la forma de un siervo humilde para la salvación de la humanidad. Además de la buena nueva a los pastores de Belén, el nacimiento de Cristo fue revelado a los “Reyes Magos” por una estrella maravillosa. San Juan Crisóstomo y San Teofilacto, al comentar el Evangelio de San Mateo, dicen que esta no era una estrella ordinaria. Más bien, era “un poder divino y angelical que apareció en la forma de una estrella”. San Demetrio de Rostov dice que fue una “manifestación de las energías divinas” (Narración de la Adoración de los Magos). Al entrar en la casa donde estaba el Niño, los Reyes Magos “cayeron al suelo, y le adoraron: y abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mt 2:11).

La Fiesta que celebramos hoy, en conmemoración de la Natividad en la carne de nuestro Señor Jesucristo, fue establecida por la Iglesia. Su origen se remonta a la época de los Apóstoles. En las Constituciones Apostólicas (Sección 3, 13) dice: “Hermanos, observad los días de fiesta… y en primer lugar el del nacimiento de Cristo, que se debe celebrar el vigésimo quinto día del noveno mes”. En otro lugar dice también: “Celebrad el día de la Natividad de Cristo, en el que la gracia le es dada al hombre por el nacimiento de la Palabra de Dios de la Virgen María para la salvación del mundo”.

En el siglo II San Clemente de Alejandría indica que el día de la Natividad de Cristo es el 25 de diciembre. En el siglo III San Hipólito de Roma menciona la fiesta de la Natividad de Cristo, y nombra las lecturas del Evangelio para este día a partir de los primeros capítulos de San Mateo.

En el año 302, durante la persecución de los cristianos llevada a cabo por el Emperador Maximiano, 20.000 cristianos de Nicomedia (28 de diciembre) fueron quemados en la iglesia en la misma fiesta de la Natividad de Cristo. En ese mismo siglo, después de la persecución y cuando la Iglesia ya había recibido la libertad de culto y se había convertido en la religión oficial del Imperio Romano, nos encontramos con la Fiesta de la Natividad de Cristo observada en toda la Iglesia. Hay evidencia de esto en las obras de San Efrén el sirio, de San Basilio el Grande, San Gregorio el Teólogo, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio de Milán, San Juan Crisóstomo y otros Padres de la Iglesia del siglo IV.

San Juan Crisóstomo, en un sermón que dio en el año 385, señala que la Fiesta de la Natividad de Cristo es muy antigua. En este mismo siglo, en la Gruta de Belén, hecho famoso por el nacimiento de Jesucristo, la emperatriz Santa Elena hizo construir una iglesia, que su poderoso hijo Constantino adornaría después de su muerte. En el Códice del emperador Teodosio del año 438, y del emperador Justiniano en el año 535, la celebración universal del día de la Natividad de Cristo fue establecida por ley. Por lo tanto, Nicéforo Calixto, un escritor del siglo XIV, dice en su Historia que en el siglo VI, el emperador Justiniano estableció la celebración de la Natividad de Cristo a través de todo el mundo.

El Patriarca Anatolio de Constantinopla en el siglo V, Sofronio y Andrés de Jerusalén en el VII, San Juan de Damasco, San Cosme de Maium y el Patriarca Germán de Constantinopla en el VIII, el Monje Casiano en el IX, y otros cuyos nombres se desconocen, escribieron muchos himnos sagrados para la fiesta de la Natividad de Cristo, que aún se cantan en la Iglesia en esta radiante festividad.

Durante los tres primeros siglos, en las Iglesias de Jerusalén, Antioquia, Alejandría y Chipre, la Natividad de Cristo se combinaba con la fiesta de su bautismo el 6 de enero, y la llamada “Teofanía” (“Manifestación de Dios”). Esto se debió a la creencia de que Cristo fue bautizado en el aniversario de su nacimiento, lo que puede inferirse a partir de sermón de san Juan Crisóstomo sobre la Natividad de Cristo: “no es el día en que nació Cristo, que se llama Teofanía, sino más bien el día en que fue bautizado”.

Apoyando esta visión, es posible citar las palabras del evangelista san Lucas que dice que “cuando Jesús comenzó a tener unos treinta años de edad” (Lc 3:23), fue bautizado. La celebración conjunta de la Natividad de Cristo y su Teofanía continuó hasta el final del siglo IV en algunas Iglesias orientales, y hasta el siglo quinto o sexto en las demás.

El orden actual de los servicios preserva la memoria de la antigua celebración conjunta de las fiestas de la Natividad de Cristo y de la Teofanía. En las vísperas de las fiestas, existe una tradición que uno debe ayunar hasta que aparecen las estrellas. El orden de los oficios divinos en la víspera de los días festivos y los de los propios días de esta fiesta es la misma.

La Natividad de Cristo ha sido durante mucho tiempo considerada como una de las Doce Grandes Fiestas de la Iglesia. Es uno de los más grandes, más alegres y maravillosos eventos en la historia del mundo. El ángel dijo a los pastores: “He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todas las personas. Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto será una señal para vosotros: hallaréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Entonces, de repente apareció con el ángel una multitud del ejército celestial, alabando a Dios y diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres” (Lc 2:10-20).

Así, la Natividad de Cristo, un evento muy profundo y extraordinario, fue acompañada por maravillas que anunciaron a los pastores y a los Reyes Magos. Esta es la causa del regocijo para toda la humanidad, “que el Salvador ha nacido”.

Coincidiendo con el testimonio del Evangelio, los Padres de la Iglesia, en sus escritos inspirados por Dios, describen a la fiesta de la Natividad de Cristo como base y fundamento de todas las otras fiestas.

 

Para vivir la Navidad

El Sol de la Justicia

 

Uno de los títulos del Mesías en los escritos proféticos de la Biblia es el de “Sol de la Justicia. Este título lo encontramos en el libro del profeta Malaquías: “Pues he aquí que viene el día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los que cometen impiedad serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama. Pero para vosotros, los que teméis mi Nombre, brillará el sol de justicia con la salud en sus rayos…” (Mal 3:19-20)

Dios mismo es llamado “Sol” en los escritos bíblicos. Como fuente de la luz, y Luz en sí misma, Dios da este mismo título a su Hijo Unigénito que aparece sobre la tierra como el amanecer de un nuevo día, el Día del Señor que ilumina a aquellos que están sentados en la oscuridad y en la tierra de la sombra de la muerte. Esta enseñanza la encontramos en el evangelio de San Lucas, en el himno de Zacarías, el padre de Juan el Bautista.

 

“Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc 1:76-79).

 

Esta traducción del texto es un poco libre en su interpretación. Literalmente dice que el “Oriente altísimo” nos visitará en el mundo, refiriéndose a Jesucristo. Esta expresión es usada en los principales himnos de la fiesta de la Navidad en la Iglesia Ortodoxa y por una muy específica razón histórica.

Originalmente había una fiesta en la Iglesia cristiana para festejar la aparición del Señor. La misma fue llamada “la fiesta de las luces” y estaba conectada tanto con la fiesta judía de las temporadas, como con la celebración pagana que tenía lugar en el tiempo del año que el sol detenía su marcha hacia el sur y comenzaba a moverse otra vez hacia el norte, simbolizando la victoria de la luz sobre la oscuridad en el orden natural. Esta fiesta para los cristianos era la fiesta de la Epifanía, que literalmente significa “aparición” o “manifestación” y que también es llamada Teofanía, que literalmente significa la aparición o la manifestación de Dios, y fue conservada el 6 de enero. Le fue dado este nombre, obviamente, porque Dios apareció sobre la tierra en la persona de Su Hijo, y manifestó su gloria en Él que se llamó a sí mismo “la luz del mundo”.

La celebración por separado de la navidad de Jesús con respecto a la celebración general de su aparición sobre la tierra, que originalmente incluía todos los aspectos de su venida, desde su nacimiento hasta su manifestación en su bautismo en el río Jordán, fue concientemente hecha por la Iglesia cristiana, primero en el Occidente y luego en el Oriente, para desplazar la fiesta pagana de la “Natividad del Invencible Sol”. Esta fiesta pagana se celebraba los 25 de diciembre, era un día de observancia religiosa para aquellos que adoraban los cuerpos celestiales, particularmente al Sol, como dioses. Cuando los paganos fueron liberados de esta adoración y se les permitió adorar  al verdadero Dios como cristianos, fue natural que la Iglesia reemplace el erróneo festival con el verdadero, y así dando un genuino significado al día que era ya especial en la vida de muchos de sus miembros. Aquí aparece que el himno principal de la fiesta de la Navidad de Cristo en la Iglesia Oriental fuera formulado como una conciente polémica contra el paganismo, haciendo alarde precisamente del hecho que aquellos que antes adoraban a las estrellas, incluyendo al sol, aprendieron por una estrella a adorar al verdadero Sol, el Hijo de Dios llamado Jesús, que da y es la Verdadera Luz.

 

“Tu Natividad, Cristo nuestro Dios,

Hizo brillar en el mundo la luz del conocimiento;

Porque los que adoraban a las estrellas,

Por una estrella aprendieron a adorarte,

Sol de la Justicia;

Y conocer que Tu has venido desde la aurora de lo alto,

Señor, Gloria a Ti”.

 

Algunos culpan a la Iglesia cristiana por establecer la fiesta del nacimiento de Cristo en el día del “nacimiento del sol”. Ciertas sectas cristianas inclusive se oponen a la celebración. Los cristianos ortodoxos creen que este fue un acto inspirado por el Espíritu Santo. Dios ha enviado a su Hijo a este mundo por su santificación y salvación. El Mesías ha venido no “para condenar al mundo”, con su endeble y equivocado intento de encontrar su sentido de vida, “sino para que el mundo sea salvado por Él” (Jn 3:17). Porque como dice el Apóstol Pablo “el mismo Dios que dijo: De las tinieblas brille la luz, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz (literalmente en la persona) de Cristo” (II Cor 4:6).

 

R. P. Thomas Hopko

 

10 años de nuestro Boletín Dominical La Voz del Señor”

 

Este año nuestro boletín dominical La Voz del Señor” cumple 10 años de vida. Con una publicación semanal y el envío de 3000 emails semanales intentamos, por este medio, hacer llegar la Palabra de Dios a vuestros hogares. Agradecemos a todos aquellos que colaboran para este fin en todas las Parroquias en Argentina. Quiera Dios que La Voz del Señor” pueda llegar a toda Latinoamérica y ser un instrumento más para que los fieles cristianos ortodoxos se sientan acompañados en su quehacer diario. Si quieres recibir el Boletín Dominical por e-mail, o si sabes de algún conocido, pariente o amigo que quiera recibirlo, envíanos la dirección de correo electrónico a: boletín-dominical@acoantioquena.com.

 

Agenda de Monseñor Siluan

 

El pasado jueves 8 de diciembre, Monseñor Siluan compartió con la comunidad de Pergamino la alegría de los niños de la catequesis al recibir la santa comunión en la divina liturgia celebrada por Rvdo. P. Roberto Jattar. En su homilía, Monseñor presentó el testimonio de Santa María Magdalena. Posterior a ello, compartió con integrantes de la comunidad parroquial y escolar un ágape.

Por otra parte, el miércoles 14, Monseñor Siluan participó del acto de los egresados de la primaria del Colegio San Jorge y del Hogar Escuela San Miguel en Junín. En sus palabras, Monseñor Siluan agradeció a Dios, a los padres y los directivos y docentes por la labor realizada, felicitó a los egresados, y dejó a todos un mensaje navideño en torno a las virtudes de fe, amor, paz y bendición que el Nacido en Belén ofrece a la humanidad.

Asimismo el jueves 15, la C.E.I.C.A. (Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en Argentina) tuvo su última reunión en la sede de nuestra Iglesia. Los presentes participaron de un oficio de la “Hora Prima” de Navidad, luego escucharon al Diácono Gabriel dando una presentación sobre lo realizado en nuestra Iglesia durante los dos últimos años, antes de finalizar todo con un almuerzo en los salones de la Iglesia. Todos expresaron su admiración por nuestras actividades, la variedad de los medios utilizados para llegar a los fieles, el espíritu y el modo en que se desarrollan.

Además, Monseñor Siluan visitó nuestra parroquia en Mendoza los días 15 al 18 de diciembre. El viernes, tuvo reuniones con el Centro Ortodoxo y las Damas Miróforas, presenció el pesebre viviente que los niños de la catequesis presentaron en el templo. El día sábado, se reunió con el grupo juvenil y visitó a familias de la comunidad. Tanto en la homilía de la liturgia dominical como al final del Pesebre, Monseñor Siluan presentó el testimonio de vida de Santa María Magdalena, concluyendo la peregrinación en todas nuestras parroquias en Argentina con el icono de la Santa que proviene de Monte Athos.

 

Saludos navideños

 

Monseñor Siluan y el cuerpo clerical de nuestra Arquidiócesis Argentina saludan a las comisiones laicas de nuestra Iglesia, a las instituciones de la colectividad sirio libanesa y a todos los fieles ortodoxos de Argentina deseándoles una feliz fiesta de Navidad y un próspero año nuevo 2012.