El misterio de la Unción con óleo

La Semana Santa – Miércoles Santo

“Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor,

y la oración de la fe salvará al enfermo” (Santiago 5, 14)

La Unción con óleo es un de los misterios de la Iglesia que se administra a los fieles simbolizando una presencia viva y vivificadora de Dios en medio de su pueblo, y la expresión de su socorro y su misericordia. Se celebra ante cualquier enfermedad, sea crónica, incurable u otra, pero siempre con la esperanza de recuperar la salud. Sin embargo, nuestra Iglesia lo celebra particularmente en la tarde del Miércoles Santo, debido a que el día siguiente, el Jueves Santo, la Iglesia celebra la institución de la Santa Eucaristía. La primordial intención es disponer a toda la feligresía a participar dignamente de este misterio, una preparación que requiere de arrepentimiento y la confesión antes de acercarse del cáliz de la vida.

La Unción con óleo era practicada desde el período apostólico como lo demuestran muchos testimonios. En efecto, el Señor, quien curaba “a todos los que padecían algún mal: a los atacados de diferentes enfermedades y dolores y a los endemoniados, lunáticos, paralíticos” (Mateo 4, 24; Marcos 1, 34; 3, 10-11), es quien entregó a sus apóstoles, y a través de ellos, a su Iglesia, el poder de expulsar a los espíritus malos y curar a los enfermos. Así, los apóstoles “echaban a muchos demonios, y ungiendo con óleo a muchos enfermos, los curaban” (Marcos 6, 13). Asimismo, testimonia esto la carta del apóstol Santiago: “¿Está afligido alguno entre vosotros? Ore. ¿Está de buen ánimo? Salmodie. ¿Alguno entre vosotros enferma? Haga llamar a los presbíteros de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor le hará levantarse y los pecados que hubiere cometido le serán perdonados” (13-15).

La utilización del óleo en la oración referida a los enfermos era una costumbre usual. El libro, conocido por “La Tradición Apostólica” (inicio del siglo IIIº) contiene este texto de la santificación o de la bendición del óleo: “Oh Señor, Dios nuestro, santifica este óleo y planta en él el don de santificación a todos los que lo reparten y lo reciben. Por él, has indicado que sean ungidos antiguamente reyes, sacerdotes y profetas. Concédenos a nosotros también, mientras que nos ungimos con él, la salud del alma y del cuerpo”.

Varios Padres de la Iglesia mencionan este misterio salvador, a saber, Orígenes, Eusebio de Cesárea, Cirilo Patriarca de Alejandría y San Juan Crisóstomo, quienes sugirieron la administración del Óleo Santo para toda enfermedad, y no solamente en casos de enfermedad extrema, cuando el enfermo ya está moribundo. No es el misterio de la “última unción”, como está difundido, ya que quien lo recibe pone su esperanza en la salvación por Cristo. Éstos son algunos testimonios entre muchos otros, de que el misterio tuvo una amplia difusión, desde tiempos remotos y que era conocido y practicado en todas las iglesias.

El misterio de la Unción con óleo se administra para la salud del cuerpo y el perdón de los pecados al mismo tiempo, fuera de todo dualismo entre el cuerpo y el alma, ya que el hombre es un ser humano indivisible. La oración y la unción invitan al enfermo a tener conciencia de que la gracia del Espíritu Santo es capaz de sacarlo de la corrupción y sanarlo de todo dolor o debilidad. Pero esto no significa que el creyente deje de lado el misterio de arrepentimiento por haber participado del misterio del óleo, “porque nosotros recibimos por el misterio de la unción la fuerza espiritual, pues se perdonan nuestros pecados que hemos olvidados o no hemos podido confesarlos”, así como dicen unos cuantos Padres. Por ello, la Iglesia Ortodoxa no separa entre la unción con óleo y la confesión, e invita al enfermo a acercarse a este último misterio salvador.

Cabe señalar que nuestra Iglesia no cree que el misterio del óleo otorgue la salud al enfermo de manera automática o mágica, porque se celebra en “el nombre del Señor” y por el poder de “la oración de la fe”, así como se menciona en la carta del apóstol Santiago. Por consiguiente, el Señor, quien escucha y contesta según su amor y sabiduría eterna, es quien otorga a los suplicantes su ternura y misericordia, lo que les consuela y encamina su salvación (véase la curación del paralítico: Marcos 2, 1-12). Siendo de ser el objetivo del misterio, el enfermo siente el amor tanto de Dios, como de la comunidad eclesiástica que participa de la oración para su recuperación. Si la curación no ocurre, igualmente el oficio nos invita a solicitar la misericordia de Dios para la remisión de nuestros pecados. En general, la Iglesia no se apropia del rol que corresponde a la medicina y a la ciencia, sino actúa de manera que sus miembros se den cuanta de que el amor de Dios les abraza y que Él es la vida misma.

El oficio se celebra en general en la Iglesia en medio del pueblo de Dios, pero, en caso de que el enfermo no puede, se celebrará en la casa. Se oficia por la participación de siete sacerdotes, quienes representan a la Iglesia católica apostólica. Sin embargo, la Iglesia permitió que se celebre por menos sacerdotes, y no prohibió estar oficiado por uno solo. Se leen siete cartas, siete evangelios, y siete oraciones de bendición del óleo, y a cada vez, el sacerdote unge el enfermo siete veces, como señal de  la ternura de la Iglesia hacia él.

Por fin, es un misterio donde abunda el tono de alabanza y de agradecimiento por el amor del Señor quien sana a los enfermos y pecadores y derrama su misericordia sobre nosotros. Es el misterio de la gran consolación que el Espíritu Santo nos otorga para que nos afirmemos en la pureza, que es la alegría de Cristo. Amén.

+Metropolita Siluan

 

por S.E.R. Metropolita Siluan Muci