El testimonio del sepulcro vacío

Domingo de Pascua (Juan 1, 1-17)

“Y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte” (Juan 20, 7)

 

Los acontecimientos del sepulcro vacío provienen de los testimonios más arcaicos que los cuatro evangelios conservaron acerca de la Resurrección. El ángel indicó a las mujeres que el sepulcro está vacío, después de anunciarles la Resurrección. Las mujeres habían trasmitido su mensaje, es un mensaje decisivo y claro: La Resurrección ya había sucedido.

Los primeros testigos del sepulcro vació, en los cuatros Evangelios, son Maria Magdalena y las mujeres. Marcos dice que el ángel anunció a las mujeres que el hecho de la Resurrección había sucedido: “Ha Resucitado” (16, 6). Pero, acerca del momento de la Resurrección misma, no hay ninguna indicación en absoluto. Pero Mateo dice que el ángel bajó del cielo y removió la piedra, no para ayudar a Cristo a salir de su sepulcro, más bien para facilitar a las mujeres la contemplación del sepulcro vacío, y para que verificaran que el Salvador había resucitado (28, 6). Mas, Juan relata de su visita al sepulcro vacío junto a Pedro. Este último “vio los lienzos allí colocadas, y el sudario que estaba estado sobre su cabeza, no junto a los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte”. Entonces entró Juan también, “vio y creyó” (20, 6-8). Es el único acontecimiento conocido en el cual uno creyera en la Resurrección de Cristo al descubrir el sepulcro vacío. Todos los discípulos del Salvador, incluyendo a Pedro, quien regresó del sepulcro “se volvió a casa admirado de lo ocurrido” (Lucas 24, 12), solamente creyeron después de que Cristo se les apareció resucitado de entre los muertos. Sólo Juan encontró en el sepulcro vacío la prueba que el Cuerpo de Jesús no fue robado y tampoco trasladado a otro lugar, así como temió la Magdalena (Juan 20, 15); sino, que Cristo ha resucitado.

El estado de los lienzos en el sepulcro constituye un punto principal en el evangelio de Juan, y un indicio distintivo de comparación con su relato acerca de la resurrección de Lázaro. El estado de los lienzos forma un signo de discernimiento entre la naturaleza de ambas resurrecciones, la Resurrección de Cristo y la resurrección de Lázaro. Lázaro salió del sepulcro, “atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario” (Juan 11, 44). Mientras que Cristo salió del sepulcro y los lienzos quedaron en él, contrario a Lázaro que salió con los lienzos encima. Los lienzos en el suceso de la resurrección de Lázaro son signos de la muerte, pues él salió con ellos y morirá otra vez. Mientras en la Resurrección de Cristo los lienzos aparecieron como signo de vida y resurrección porque quedaron en el sepulcro.

Hay una concordancia entre los discípulos de Cristo y sus enemigos con relación al sepulcro vacío, pero se diferencian en cómo interpretar lo sucedido: los discípulos habían creído que estaba vacío porque el Salvador había resucitado; pero los enemigos habían propagado que el cuerpo había sido robado, por tanto el sepulcro se encontró vacío (Mateo 28, 11-15). En una primera instancia, encontrar el sepulcro vacío, no parece como evidencia de la resurrección. Según María Magdalena, el asunto no tiene explicación. Pero los principales de los judíos le encontraron una interpretación: “Los discípulos robaron su cuerpo” (Mateo 28, 13). La respuesta viene con las apariciones de Cristo. Los discípulos supieron, finalmente, la razón por la que el sepulcro se encuentra abierto y vacío. Con respecto a Pablo, él no comprendió que Cristo había resucitado sino después de que Jesús se le apareció en el camino a Damasco, sólo entonces comprendió por qué el sepulcro estaba vacío.

Un simple análisis de los datos nos revela la siguiente imagen: El sudario y los lienzos han sido pegados al cuerpo de Cristo, siendo ungido con una mezcla de mirra y áloe al depositarlo en el sepulcro. Mas cuando el sepulcro se encontró abierto, resultó evidente que - el sudario y los lienzos - han sido plegados y ordenados cuidadosamente: “Y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a los lienzos, sino plegado en un lugar aparte” (Juan 20, 7). Estos detalles refutan las interpretaciones de los judíos que los discípulos robaron el cuerpo del sepulcro. ¿Cual ladrón se preocuparía de tal excesiva organización, dejándolos - el sudario y los lienzos - intactos sin que se desgarren? ¿Acaso el ladrón no está apresurado con lo que está haciendo, como si tuviera el tiempo suficiente para quitar las mortajas, luego acomodarlas; mientras los guardias están al acecho de él a la puerta del sepulcro? O más bien, ¿no desea tener estos caros vestidos y los muchos perfumes, más que llevar sólo Su cuerpo - de Jesús - sin las telas?

Por otro lado, si los discípulos habían robado Su cuerpo, ¿porque han hecho este trabajo? Es decir desnudado Su cuerpo. Y no han aguantado para llevar Su sudario, y lo doblan y depositan en un lugar particular del sepulcro, puesto que podrían robar el cuerpo lo más rápido posible. Porque, por este sentido, Juan anticipó y predijo que ha sido embalsamado con mucha mirra que hizo pegar Sus mortajas a Su Cuerpo, así que habiendo sido escuchado que el sudario está de un lado y los lienzos en otro, esto no soportaría que Él ha sido robado. ¡No será digno de Sus discípulos llevárselo desnudo! Pues ellos no deseaban humillarle sino honrarle.

Más, el testimonio de los guardias no se puede considerar, porque estaban dormidos. ¿Cómo entonces podrían conocer la identidad de aquél que robó el cadáver? Ante la acusación de los judíos, en cuanto al robo del cuerpo de Cristo de parte de los discípulos y su soborno a los guardias, Mateo hizo responsables a las autoridades judías: “Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones” (Mateo 28, 14).

Por esto, para el arte eclesiástico ortodoxo, la ilustración del “sepulcro vacío” representa el testimonio “histórico” del hecho de la Resurrección. Por lo tanto, jamás dio forma al hecho de la salida de Cristo del sepulcro, como se propagó en occidente, ¡porque nadie Le ha visto salir de él! El ícono del sepulcro vacío es ilustración de una verdad que los Apóstoles creyeron y predicaron, y nosotros la hemos recibido de ellos, y en ella creemos y la expresamos con la expresión: ¡“Cristo resucitó”!

+Metropolita Siluan

 

por S.E.R. Metropolita Siluan Muci