Visita del Presidente de la Autoridad Palestina

23 Noviembre 2009

Monseñor Siluan, junto a otras autoridades, fue a recibir al Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Dr Mahmud Abbas, en el Aeroparque Metropolitano el pasado 22 de noviembre. El día 23 participó del almuerzo en su honor, invitado por la Presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández de Kirchner, y a la tarde presenció la recepción que se hizo en la embajada de Palestina. Al día siguiente, Monseñor Siluan participó del almuerzo organizado por el Centro Islámico en su honor.

Alocución en el almuerzo organizado por el Centro Islámico en Capital Federal, en honor de la visita del Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Dr. Mahmud Abbas, el martes 24 de noviembre de 2009, donde Monseñor Siluan entregó una placa conmemorativa al Presidente, con una copia del ícono de San Jorge existente en la Catedral San Jorge, datada del año 1923.

El presente texto es una traducción del árabe de las palabras dirigidas al Presidente al fin del Almuerzo:

El triunfo de la dignidad humana en Tierra Santa

“Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia,

pues de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10)

 

Ante esta honorable asamblea, donde cuatro países se encuentran presentes, tanto Palestina como Argentina, además de Siria y del Líbano, es un gran honor para mí dirigir al Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Dr. Mahmud Abbas, y a través de Su Excelencia a todos los presentes, unas palabras “más allá” de toda posición política, y que nos puede unir a todos nosotros.

Tal deseo sería imposible si no les presentara a la persona que hará esto posible: el Gran Mártir San Jorge el Triunfador (+304) cuyo icono se encuentra en esta placa conmemorativa que quiero entregarle al Presidente en nombre de toda la feligresía ortodoxa antioquena, sin distinción de origen, sean sirios, libaneses o argentinos. En realidad, creemos que encontramos en la persona de este santo una luz que ilumina todo el drama que viven nuestros pueblos en Medio Oriente, especialmente el pueblo palestino, ante la mirada de una comunidad internacional incapaz de vigilar la aplicación de las resoluciones de la O.N.U. y en intervenir eficazmente frente a la constante y premeditada violación por parte de Israel.

En efecto, San Jorge nació, según una tradición, en Palestina. Por su valentía y virtudes, llegó a ser el gobernador de toda Tierra Santa. El famoso incidente en que San Jorge mata al dragón ocurrió, según una fuente, en Beirut, la capital del Líbano. Al poco tiempo, nuestro Patriarcado construyó en el mismo lugar una catedral con el mismo nombre del de la Catedral de la Resurrección en Jerusalén, que volvió a llamarse posteriormente “Catedral San Jorge”. Por otra parte, el manuscrito árabe 417 de la colección del Monasterio de Santa Catalina en Sinaí señala que San Jorge fue martirizado y sepultado en Ezra, localidad de la región de Hurán situada al sur de Siria, junto al Golán. Allí nuestra Iglesia construyó en 515 d. C. una iglesia que lleva el nombre del santo para abrigar su tumba y recibir a los peregrinos. Al inicio del segundo milenio, la mayor parte de las reliquias del santo fueron trasladadas a la iglesia construida en su honor en la ciudad de Lod en Palestina, mientras que a fines del mismo milenio, los inmigrantes antioquenos ortodoxos sirio-libaneses trajeron con ellos la memoria de San Jorge y construyeron en su honor iglesias en distintas provincias en Argentina.

Si bien el contexto histórico de la vida de San Jorge une a nuestros países, cabe poner de manifiesto que su devoción no sólo concierne a los cristianos en oriente y occidente, sino que floreció también entre los mismos musulmanes que habitan aquellas tierras, quienes, además de su devoción a Jesús y a la Virgen María, encuentran en San Jorge un santo atento a sus pedidos y plegarias, visitando iglesias o monasterios edificados en su honor, especialmente el famoso Monasterio San Jorge de Homeira en Siria, subrayando así una forma de convivencia entre cristianos y musulmanes que pocos entienden, pero viva y muy real.

Por otra parte, la hazaña de vida de San Jorge manifiesta indudablemente qué sentido tiene la vida y la muerte, y más especialmente en lo que concierne a nuestros padres y hermanos, tanto cristianos como musulmanes, que viven en aquella Tierra Santa, fuera de lo absurdo que prevalece en los medios. Su testimonio deja netamente claro que la única verdad irreducible no es otra que “la dignidad del ser humano”, pese a estar tan herida, lastimada y menospreciada por todo lo que ocurre con el pueblo palestino y contra él.

Es indudable que dicha dignidad ha sido extremadamente perjudicada por la injusticia, la violencia y la violación de los derechos básicos tales como el existir, el vivir y el decidir su propio destino. A pesar de todo, hay que saludar con mucho respeto y estima a aquellos que dieron un verdadero testimonio de paciencia, de fe y de sacrificio a fin de preservar su propia dignidad en situación de extrema injusticia y violencia, y eso únicamente por el hecho que supieron realmente “vivir su fe” y “morir por ella”.

Es así que, según nuestra fe, se supera la dialéctica entre vida y muerte, y se valora plenamente nuestra dignidad. Si alguien se proclama todopoderoso, responderemos que Dios es el único eterno y todopoderoso, y que ningún poderío de cualquier tipo podrá aplastar nuestra dignidad, si nosotros sabemos guardarla por vivir de verdad nuestra fe. Si pretendemos conseguir una victoria, tendría que ser la de restituirle a la víctima su dignidad humana, y de despertar la dignidad humana en la persona del verdugo. Es la máxima victoria, por no decir la única, que merece nuestra sangre y nuestro sacrifico. Es la victoria que el perseguido o la víctima podrán conseguir, a favor de ambos. Sería también nuestra victoria si sabemos ir a su encuentro contribuyendo en su preparación. Es esta victoria la que consiguió San Jorge, a través de las distintas formas de tortura que sufrió. Sus verdugos poseyeron su cuerpo, pero no su fe, tampoco su dignidad; por su perseverancia ganó los corazones tanto de los espectadores que se divertían ante su pasión, como de sus propios verdugos, enemigos y hasta de la misma emperatriz, quienes confesaron su fe en el Dios que San Jorge adoraba y que ellos ignoraban.

Siendo hombre de guerra y también de paz, profundo conocedor de la realidad humana, San Jorge es reconocido en nuestra Iglesia como un luchador de primer rango a favor de toda dignidad humana, y guía infalible en este camino. Nosotros lo consideramos como el “libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldados de los reyes y gobernantes”. Lo menos que podemos hacer, ante la inacción de los potentes del Planeta en detener la aplicación de “la paz de los cementerios” que Israel aplica sobre seres humanos dignos de nuestra solidaridad y hermandad, es invitarlos a compartir el testimonio de este santo y aprovechar su presencia que abarca el cielo y la tierra, y ponerse bajo su amparo que se extiende indistintamente a todo hombre.

En conclusión, nuestra feligresía ortodoxa antioquena, tanto en oriente como en occidente, no ha faltado nunca en cuanto a ofrecer todo tipo de apoyo al pueblo palestino. Nos encontramos hoy ante la máxima autoridad que lo representa, y queremos expresarle con la entrega del icono de San Jorge que no se trata, para nosotros, de un mero gesto protocolar. Creemos que la potestad de Dios y su justicia nunca han de faltar; Él es nuestro socorro; y por ello, nuestra intención profunda es que este amigo de Dios, San Jorge, acompañe invisiblemente a todo el pueblo palestino, tanto cristianos como musulmanes, en su camino de testimonio de fe y de justicia, y que sea su auxiliador en todo tiempo, para que se logren la paz y la justicia no sólo para nuestros padres y hermanos palestinos, sino también para todos. Mientras tanto, no hay mejor recurso que acudir a la palabra de Dios: “Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5:10). Amén.