60o Aniversario del Templo San Jorge en Rosario

15 Noviembre 2009

El Congreso finalizó el domingo con la Divina Liturgia en la Parroquia San Jorge de Rosario en el que la comunidad de dicha Parroquia celebró los 60 años de la construcción y la consagración de la Iglesia. Al concluir la Liturgia, los presentes compartieron un almuerzo en la Sociedad Libanesa de Rosario.

PALABRA DE S.E.R. MONSEÑOR SILUAN EN EL ALMUERZO PARROQUIAL

El compromiso de amor

“Y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones

por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5)

 

Nuestra presencia en la historia implica establecer estaciones de conmemoración como signo de fidelidad de la posterioridad hacia los antepasados. En este marco se sitúa nuestro homenaje conmemorando a aquellos colaboradores en la construcción del Templo San Jorge en Rosario, entregando a sus nietos y familiares una copia de la Placa conmemorativa de la primera comisión Pro-Templo.

No son pocos los años que pasaron: 60 en total. Tampoco es mínima la importancia de homenajear a nuestros padres y abuelos. Es una oportunidad para llamar y convocar a que mantengamos viva la dinámica que ellos tuvieron décadas atrás. Es justo recordar el espíritu de entrega que los animaba, y tratar de imitarlos y acercarse a su espíritu, en tiempos difíciles para todos.

Por ello, quiero aportar al respecto una reflexión que puede servir para descubrir la forma para encarar dicha invitación. Una ilustración nos facilitará la tramitación del sentido: Hace unos años atrás, después de la consagración de un templo nuestro en Siria o en el Líbano, se presentó al sacerdote una viuda pobre, justo cuando toda la gente se había ido de la Iglesia, y le dejó en la mano dos cajas de fósforo, diciéndole: “Padre, esta es mi ofrenda para la Iglesia, la que puedo ofrecer. Así, la pueden usar aquellos que entran y solicitan fuego para encender una vela”.

Muy breve lo sucedido, pero trasciende el tiempo: una acción simple, llena de amor. Es la mejor de las hazañas. Hacer poco, o mucho, pero con amor. Sobre esta base, podemos contestar la invitación, y cada uno tendrá su lugar, su entrega, su presencia, a todos los niveles de la vida, pero especialmente en el templo de amor, la Iglesia.

Por ello, la conmemoración de hoy tiene doble sentido. Mirando hacia el pasado, es un homenaje; sin embargo, mirando a nuestro presente, es un despertador. El aniversario hoy despierta en nosotros la fuerza que manifestaba aquella viuda para que podamos dar un testimonio vivo, hoy y aquí, con una disposición de amor.

Nadie es falto de amor. Nuestra humilde participación y colaboración en todo es una señal de amor. Hay que ser ingenioso para tomar una iniciativa nueva en su vida personal, en su familia, en su Iglesia, una iniciativa marcada y basada en el amor. El amor es creativo, indestructible, y constructor.

Por ello, este homenaje y conmemoración nos invitan a girar nuestra atención desde el pasado hacia el presente, con una mirada de amor. Así, podemos definir hoy nuestro compromiso de amor en forma concreta y real. La decisión es nuestra, también la entrega. No hace falta recordar que “la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). Amén.