Domingo del Paralítico

Se dedica el cuarto domingo de Pascua a la curación por Cristo del hombre paralítico que recuerda el evangelio de San Juan. El hombre es sanado por Cristo mientras espera bajar a la piscina de agua. El mismo evangelio nos recuerda que, mediante el bautismo, nosotros también en la Iglesia, somos sanados y salvados por Cristo para la vida eterna. En la Iglesia se nos dice, junto al paralítico, “No peques más, para que no te venga alguna cosa peor” (Jn 5:14).

La curación del paralítico pone en evidencia el modo en que los judíos negaban la identidad y la autoridad de Cristo. San Cirilo, Patriarca de Alejandría (+444) explica en qué consiste la divergencia entre la misión del Señor y su propia interpretación del sábado.

En primer lugar, San Cirilo observa cuando ocurrió el milagro. En efecto, El Señor “subió a Jerusalén” después de haber predicado a los samaritanos y sanado al hijo de un cortesano en Cafarnaúm en Galilea. En ambas regiones, que no son judías, la presencia del Señor fue salvífica. Tanto en Samaria como en la casa del cortesano, muchos creyeron en Él. La recepción y la obediencia al mensaje evangélico fueron exitosas. En cambio, los judíos condenaron al Señor por haber sanado al paralítico en día sábado, en lugar de maravillarse y agradecer.

En segundo lugar, San Cirilo admira la benevolencia del Señor para con el paralítico. “Jesús le vio (al paralítico) acostado, y conociendo que llevaba ya mucho tiempo, le dijo: ¿Quieres ser curado?”. El Señor no esperó que él se lo solicitara, sino que Él se adelantó a su pedido, por Su extrema bondad y compasión, como si fuera corriendo hacia él y compartiendo su dolor.

En tercer lugar, San Cirilo medita acerca de la curación. En efecto, el Señor ordenó al paralítico: “Levántate, toma la camilla y anda. Al instante quedó el hombre sano, y tomó su camilla y se fue”. No hay una previa oración para que no Lo consideren como uno de los santos profetas, sino que Él, como Señor de las Potestades, ordenó con autoridad que sea así, diciéndole que se vaya a su casa llevando su camilla como señal de su curación. Por su obediencia y fe, el paralítico ganó para sí la gracia tan deseada.

En cuarto lugar, San Cirilo comenta la reacción de los judíos acerca de lo ocurrido por la sentencia del profeta Jeremías: “Pueblo necio e insensato, que tiene ojos y no ve” (5:21), porque dijeron al paralítico: “Es sábado. No te es lícito llevar la camilla”. Así mostraron una ignorancia mayor. En lugar de maravillarse ante el poder del Sanador y su misericordia, se mostraron molestos al reprochar y revocar la obra de Dios.

En quinto lugar, San Cirilo explica la actitud del paralítico ante la acusación de los judíos. En una primera instancia, él les dijo: “El que me ha curado me ha dicho: Toma tu camilla y vete”. Siendo acusado con violencia de desobedecer la ley, el paralítico contestó que fue ordenado por Aquel quien es el Dador de la vida. Como si les dijera a los judíos que quien le había curado merece más honores que el sábado, porque ¿cómo hacer tales cosas es ilegal, o poseer tal poder divino es contra la voluntad de Dios? Además, en una segunda instancia, cuando el curado reconoció la identidad del Señor, informó a los judíos, no para que ellos puedan castigar al Señor, e incurrir por ello en un juicio peor, sino, para que puedan conocer al maravilloso Médico. La prueba que tal fue su intención se percibe en sus mismas palabras: no dijo que Jesús era quien forzó el sábado, sino que era quien le había curado.

En sexto lugar, San Cirilo examina la actitud del Señor hacia el curado. Después de la curación, el Señor desapareció de la escena, porque no era el tiempo adecuado para enfrentarse con los judíos, y aparece nuevamente para decirle al curado: “Mira que has sido curado; no vuelvas a pecar, no te suceda algo peor”. Si, en una primera instancia, le ofreció al paralítico la salud del cuerpo, ahora quiso dejarle un mensaje para su alma: guardar la gracia recibida, sino padecerás una molestia peor que la enfermedad.

 

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