Tercer Domingo de Pascua: de las Mujeres Miróforas

29 Abril 2012

Jesús

Simples Miradas hacia el Salvador (14)

La necesidad de una sola cosa

Jesús se zafa de los que quieren hacer un rey de Él (Cf. Jn 6:15). No quiere dar su opinión sobre los conflictos entre Israel y el César (Cf. Mt 22:21). Y se niega a ayudar a un hombre, que se lo pide, para una división de herencia (Cf. Lc 12:14). Él, que vino para cortar las raíces de las cosas que nos tienen cautivos, no podría estar de acuerdo en la búsqueda de ellas. “Una cosa es necesaria” (Lc 10:42). María ha dejado todo para escuchar la palabra: ella ha escogido “la buena parte” (Lc 10:42).

Sin embargo, la palabra se puede hacer escuchar en todo asunto terrestre, a condición que sea ella, la palabra de Jesús, lo que buscábamos. Los asuntos humanos son de esta forma transformados “en Cristo”.

En el episodio de Marta y María, Jesús no reprocha a Marta por ocuparse de los cuidados domésticos; sino que le reprocha por “preocuparse”, y estar “turbada”, con “muchas cosas” (Lc 10:41), lo que la deja distraída de la audición de la palabra. Pero es posible, en el seno mismo de las inevitables preocupaciones cotidianas, mientras sirve, de sentarse, para decirlo así, a los pies del Señor y de escucharlo. La acción más intensa no excluye la mirada hacia Jesús. Si Marta se hubiera dado cuenta de ello, habría - sin cesar de servir - elegido la buena parte, no menos que María.

Los habitantes de Siquem dicen a la Samaritana: “Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos Le hemos oído” (Jn 4:42). El momento debe llegar donde creeremos en virtud de una experiencia propia, de un contacto personal, y no más por la predicación (palabra), aunque muy autorizada, con la que nos han hablado de Jesús y nos han orientado hacia Él. No se trata más de sólo escuchar hablar de Él, sino escucharlo a Él hablándonos a nosotros.

Jesús dice que el hombre vive “de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4:4). Hay una gran diferencia entre degustar de vez en cuando a la palabra divina, y “vivir” de ella. Y vivir de ella significa hacer de ella el alimento cotidiano, necesario, esencial. Y Jesús dice esto de toda palabra divina; cualquiera sea la palabra divina que encontremos; aún cuando parece tan ajena a nuestras necesidades actuales, ella es, para nosotros, a condición que sepamos profundizarla, fuente y poder de vida.

 Padre Lev Gillet

Tropario de la Resurrección (Tono 2)

 

Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal, mataste al Hades con el rayo de tu Divinidad y cuando levantaste a los muertos del fondo de la tierra, todos los poderes celestiales clamaron: ¡Oh Dador de Vida, Cristo Dios, gloria a Ti!

 

Tropario de las Miróforas (Tono 2) 

El ángel se presentó junto al Se­pulcro, diciendo a las mujeres portadoras del bálsamo: “El bálsamo es apto para los muertos; pero Cristo se ha mostrado ajeno a la corrupción. Excla­mad, pues, diciendo: ‘El Señor ha resucitado, otorgando al mundo la gran misericordia’.

 

Kontakión de Pascua (Tono 8)

Aunque descendiste al sepulcro, Tú que eres Inmortal, borraste el poder de infierno y levantaste Victorioso, ¡Cristo Dios! Y a las mujeres portadoras del bálsamo dijiste: ¡Regocijaos! Y a Tus discípulos otorgaste la paz, Tú que otorgas la resurrección a los caídos.

 

Hechos de los Apóstoles (6:1-7) 

Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: “No está bien que nosotros abandonemos la palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de saber, y los pondremos al frente de esa tarea; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.” La propuesta le pareció bien a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito antioqueno; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos. La palabra de Dios iba creciendo; el número de los discípulos se multiplicaba considerablemente en Jerusalén; también una gran multitud de sacerdotes iba aceptando la fe.

 

Santo Evangelio según San Marcos (15:43 – 16:8) 

En aquel tiempo, vino José de Arimatea, miembro respetable del Sanedrín que esperaba también el Reino de Dios, y entró audazmente donde Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Se extrañó Pilato de que hubiese muerto tan pronto, e hizo llamar al centurión; le preguntó si había muerto hacía tiempo. Enterado por el centurión, concedió el cuerpo a José, quien compró una sábana, bajó a Jesús de la cruz, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca, e hizo rodar una gran piedra contra la entrada del sepulcro. María Magdalena y María, madre de José, observaban dónde quedaba puesto. Pasado el sábado, María Magdalena, María la madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamarlo; y muy de madrugada el primer día de la semana, llegaron al sepulcro, apenas salido el sol. Y se decían unas a otras: “¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro?” Y levantando los ojos ven que la piedra, que era muy grande, había sido retirada. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se sorprendieron. Él les dijo: “No se asusten; ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el crucificado: ha resucitado, no está aquí. Éste es el lugar donde lo pusieron. Pero vayan y digan a sus discípulos, y a Pedro, que va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, como les dijo”. Ellas, saliendo del sepulcro, huyeron, pues el temblor y el asombro se habían apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

 

¿Qué conmemoramos hoy?

El Domingo de las Mujeres Miróforas

Se dedica el tercer domingo de la Pascua a las mujeres miróforas (portadoras de bálsamo) quienes cuidaron el cuerpo de Cristo en su muerte y quienes fueron las primeras testigos de Su Resurrección. Nuevamente se cantan los mismos tres troparios que cantamos el  Viernes Santo, los cuales expresan el tema del día:

El Noble José habiendo bajado Tu Cuerpo Purísimo del madero,
lo ungió con aromas, lo envolvió en un fino lino,
y lo depositó en un sepulcro nuevo.

Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal,
Mataste al Hades con el rayo de Tu Divinidad.
Y cuando levantaste a los muertos del fondo de la tierra
todas los potestades celestiales clamaron.
Oh Dador de Vida, Cristo Dios, Gloria a Ti.

El ángel que estaba junto al sepulcro dijo a las Miróforas:
La mirra es apta para los muertos,
pero Cristo se ha mostrado libre de corrupción.

Todos amamos, pero pocos se atreven a amar a los otros más que a sí mismos; que amemos es algo natural, mientras el amor que expone el evangelio necesita mucha valentía. Con dicha valentía las mujeres Miróforas se dirigieron hacia el sepulcro del crucificado sin temor alguno ni de las críticas ni de la crueldad de los soldados que vigilaban el sepulcro; pues, “pasado el Sábado” madrugaron ante el sepulcro para embalsamar a quien amaron verdaderamente. Esta valentía tiene como criterio la sabiduría de la fe que, según el mundo, es locura, ya que requiere de mucho riesgo “la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción en cosas que no se ven” (Heb 11, 1). Pero si la fe es el criterio de la valentía, esta última es el índice de la primera “quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su Gloria...” (Lc 9:26). La valentía y la iniciativa amorosa hizo de la Miróforas las primeras que atestiguaron la Resurrección de Cristo. Arriesguémonos como ellas para obtener la alegría que han tenido y para anunciarla.

Estas mujeres elegidas por Dios fueron: María Magdalena, María la de Santiago, María la de José, María la de Cleofás, Juana mujer de Cuza mayordomo de Herodes, Salomé, Susana, Marta y María, las hermanas de Lázaro y otras que no nombraron los evangelistas. Juntamente con las Miróforas se festeja también a los dos nuevos discípulos de Nuestro Señor: José de Arimatea y Nicodemo que se encargaron del descendimiento del cuerpo del Señor de la Cruz y su posterior depósito en un sepulcro nuevo.

Las mujeres de la resurrección tienen una hermosa representación en el icono llamado “las miróforas ante el sepulcro”. La tradición de este icono es muy antigua. Aparece en los frescos murales de la Iglesia de Doura Europos del siglo III, o en las “ampollas de Monza” que provienen de Palestina y se remontan a los siglos IV-V. La escena es siempre la misma. Un grupo de mujeres, de dos a cuatro, llevando bien visibles entre sus manos los frascos de ungüento perfumado para las unciones, se acercan al sepulcro. Contemplan la piedra levantada, los vestidos están por el suelo. Un Ángel vestido con vestiduras blancas, les señala el sepulcro vacío y las vendas por el suelo, con un gesto que parece acompañar con las palabras del anuncio evangélico: “Ha resucitado, no está aquí. Id a anunciar a sus discípulos” (Mt 28:5-7). Los ojos de las Miróforas miran al Ángel y al sepulcro, pero se encuentran también en una mirada recíproca como si se dijesen unas a otras la noticia. Parece que traen todavía el luto del día de la muerte del Señor pero poco a poco se van iluminando sus ojos con la luz de la Pascua del Señor que ha vencido a la muerte.

 

La Divina Liturgia (XIV)

Explicando la Liturgia semana a semana

Las conmemoraciones

La Sagrada Eucaristía es ofrecida en memoria de Cristo: “Haced esto en memoria mía”. Recordando a Cristo, y ofreciendo todas las cosas a Dios en y a través de Él, la Iglesia se llena de la presencia del Espíritu Santo. En la Divina Liturgia, el Espíritu Santo desciende “sobre nosotros y sobre los dones que aquí se ofrecen”. Todo está lleno del Reino de Dios. En el Reino de Dios nadie es olvidado. Todos son recordados, y eso es lo que les da vida. Por lo tanto, en este momento de la Divina Liturgia los fieles, recordando a Cristo, recuerdan a todos los hombres y a todas las cosas en él, sobre todo a la Madre de Cristo, la Virgen Santa, y a todos los santos.

Es importante señalar aquí que como la Divina Liturgia es la presencia y poder real del acontecimiento salvífico de Cristo por su pueblo, que siempre se ofrece para todos los que necesitan ser salvados. Así, el sacrificio litúrgico se ofrece por María y todos los santos, así como por toda la Iglesia y todo el universo de la creación de Dios.

Te ofrecemos también este sacrificio racional en honor de los que han descansado en la fe: Progenitores, Padres, Patriarcas, Profetas, Apóstoles, Predicadores, Evangelistas, Mártires, Confesores de la fe, Ascetas, y por toda alma justa que llegó a la perfección en la fe, y principalmente por la Santísima, Purísima, Bendita y Gloriosa Soberana nuestra, la Madre de Dios y siempre Virgen María

Mientras el coro canta un himno a la Madre de Dios, que a menudo cambia durante el año litúrgico de acuerdo a las distintas estaciones y celebraciones, el celebrante inciensa los dones consagrados y continúa pidiendo a Dios que recuerde a San Juan Bautista, a los santos del día, a los fieles difuntos, a la Iglesia y a todo el mundo. Después de recordar también al obispo de la iglesia, las personas resumen todos los recuerdos con las palabras: “Y de todos y de todas”.

Siguen las oraciones pidiendo a Dios que recuerde la ciudad, el país, a los viajeros, a los enfermos, a los que sufren, a los cautivos, a los benefactores que tiene la Iglesia, a los que se “acuerdan de los pobres” y a todo el pueblo. También en este momento de la liturgia se recuerda el nombre de las personas especialmente necesitadas de la misericordia de Dios.

En la Liturgia de San Basilio, que generalmente es mucho más larga y mucho más detallada que la de San Juan Crisóstomo, las conmemoraciones son más específicas y numerosas.

Es necesario recordar una vez más que el recordar en la Iglesia Ortodoxa, y sobre todo el recuerdo en Dios y por Dios, tiene un significado muy especial. De acuerdo a la fe ortodoxa, expresada y revelada en la Biblia y la Liturgia, el recuerdo divino significa gloria y vida, mientras que el olvido divino significa corrupción y muerte. En Cristo, Dios se acuerda del hombre y de su mundo. Al recordar a Cristo, el hombre recuerda a Dios y su Reino. Así, las conmemoraciones de la Divina Liturgia en sí mismas son una forma de vivir la comunión entre el cielo y la tierra.

Continúa la semana próxima

La Pascua 

“He sentido en esta Semana Santa que ustedes han tenido una actitud muy linda en los oficios que se realizaban, se sentía que oraban, que tenían una disposición distinta a la de antes: mayor recogimiento, humildad, atención y paciencia”, fueron las palabras de Monseñor al concluir la Liturgia de la Pascua en la Catedral San Jorge, el pasado 15 de abril. Y agregó, “la alegría se mezcla con la tristeza, por los sucesos en Siria, y es por ello, que hemos de acudir a la fuerza de la oración, por nosotros y por nuestros hermanos”.

Después de la recepción en el salón de la Catedral, junto al Embajador del Líbano, al encargado de la Embajada de Siria, y a la Directora de Registro de Cultos de la Nación, 240 personas compartieron el almuerzo pascual en los salones de la Asociación Kalaat Yandal.

El Cordero pascual fue un momento en el que se dirigieron dos palabras importantes, por una parte, la del Consejo Administrativo Ortodoxo, en la que subrayó “la clara evidencia de que siempre tenemos que estar unidos y reunidos”, y eso por una única razón: “somos uno para todos y todos para uno”, o sea estar “al servicio”; y por otra parte, la de Monseñor sobre “el amigo”, en la que puso énfasis sobre el verdadero amigo de la humanidad, Dios, y aprender a verlo “no con nuestros anteojos, que Lo deforman, sino con Sus anteojos, tal como Él es”; y el amigo “que está al lado nuestro, nuestro prójimo”, destacando a cada uno de los presentes y la manera de ser amigo de la Iglesia.
 

Charla sobre el cristianismo

En el Marco del Seminario “El Líbano, ejemplo de convivencia entre civilizaciones” de la Cátedra del Líbano de la Universidad Kennedy,  Monseñor Siluan disertó sobre “El cristianismo en el Líbano: Orígenes e identidad, Presencia y testimonio”, el pasado 19 de abril. Procedió en una primera etapa en presentar una visión panorámica de los orígenes, es decir, del proceso de diversificación de las iglesias que llegó a la situación actual. Luego hizo una descripción de la identidad de las iglesias a partir de su patrimonio. Y por último, esbozó un panorama de la presencia y testimonio de estas Iglesias en el Líbano.