Mensaje Pastoral de S.E.R. Monseñor Siluan por las fiestas patronales en conmemoración del Gran Mártir San Jorge el Triunfador

El confesor de la fe

“Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28)

Queridos y estimados hijos en nuestro Señor,

 

Celebrando la memoria de San Jorge en esta temporada pascual, nos alegramos especialmente por el testimonio que ese gran mártir de Cristo ha dado con su palabra, su actitud y su propia vida. Detenernos en la confesión de fe de San Jorge es para nosotros los cristianos una oportunidad en la que renovamos nuestra fe, nuestro ánimo y nuestro compromiso cristiano.

Si bien la confesión de fe de San Jorge se asemeja a tantos otros mártires, sin embargo la suya queda remarcable, tanto por su iniciativa como por su valentía. Confesar que Cristo es “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:28) no es ni un simple anuncio, ni una declaración, sino una confesión de fe en la que, al hacerla, involucra personalmente a la persona del confesor y tiene consecuencia en su propia vida. El confesor de la fe confirma con su propio ejemplo, comportamiento, actitud y palabra que lo que confiesa es una realidad en su vida.

En ese sentido, San Jorge tenía puesto su esperanza en el Señor mucho antes de presentarse delante del Emperador, al liberar a sus esclavos, vender sus bienes y repartir su precio a los pobres. Luego sucedieron varias ocasiones en la que confesó su fe.

Al comparecer delante del Emperador, le anuncia que “Tu reino se corromperá y desaparecerá rápidamente, y no te ha de entregar ningún beneficio. Pero aquellos que ofrecen sacrificios de alabanza al Rey de los Cielos reinarán con Él para toda la eternidad”.

En otro momento, al ponerle a San Jorge en los pies un calzado de hierro, previamente calentado, con clavos en el interior, lo escuchamos diciéndose a sí mismo: “Corre, Jorge, hacia el objeto de tus deseos”, invocando el auxilio divino.

Si bien pocas son las palabras del Santo que encontramos en su biografía, pero su misma actitud a lo largo de los suplicios denota que su palabra estaba acompañada con una actitud y resolución firmes, consecuentes con su confesión verbal. Esa breve expresión resume toda su intención: “Soy soldado de Cristo y él es mi rey, entonces ni el fuego, ni monstruo, ni siquiera un sable lograrán hacer cambiar mi amor por Cristo”.

De todo modo, tan verdadera y sincera era la confesión de fe de San Jorge que no dejaba que la gente presente permaneciera en la ignorancia de la verdadera fe y el engaño de la idolatría. Muchos de ellos fueron sensibilizados por él, pues sus corazones se abrieron a la fe y sus bocas a confesarla. Si bien no tuvieron el tiempo necesario para recibir una catequesis, sin embargo, estuvieron firmes en su convicción a tal punto que confesaban la fe en el Dios de San Jorge y estaban dispuestos a morir por ella.

Eso lo que aconteció con muchedumbre que presenciaba el martirio de San Jorge, a quien los verdugos lo pusieron en una fosa llena de cal viva por tres días. Cuando San Jorge, al tercer día salió de la fosa, los presentes gritaron a viva voz: “Grande es el Dios de Jorge”. Igual fue el testimonio de la Emperatriz Alejandra, quien salió al encuentro de San Jorge después de que este había destruido los ídolos en el  templo, y exclamó: “Dios de Jorge, ayúdame”.

Aprovechando ese clima de fe, es beneficioso revisar cómo enfrentamos las situaciones que nos tocan vivir, tanto a nivel personal como a nivel familiar. ¿En quién ponemos nuestra esperanza? ¿En quién nos apoyamos? ¿A qué aspiramos? Cada uno puede hacer una revisión conciente y sincera de su vida, delante del Señor. Y al tener las respuestas, sería bueno abrirse al Señor, y pedirle la fuerza y la luz para ajustar su vida al testimonio de nuestro Santo. Tenemos fe que el Señor no niega a nadie el don de la fe, a quien se Lo pide con fe, aún siendo una “oveja descarriada”. ¿Acaso no fue así el testimonio de San Jorge, quien, sólo por su testimonio, ha podido iluminar la conciencia de los perdidos y descarriados, y atraerlos a la fe verdadera en el Señor? ¿Acaso los ángeles no se alegran en el cielo por el regreso de un solo arrepentido?

Vayan a todos ustedes todos nuestros deseos en esta conmemoración para que el ejemplo de San Jorge les sea luz en el camino de su vida, inspiración en las decisiones a tomar, sostén en los momentos de debilidad o de duda, fortaleza en las situaciones difíciles, consuelo y auxilio en las dolencias. “No hay sino un solo santo, un solo Señor, Jesucristo, en la gloria de Dios Padre”, cantamos en la Divina Liturgia. Que el Señor, por sus intercesiones, les conceda los bienes espirituales y materiales que les convienen para su salvación. Amén.

+ Metropolita Siluan

Arzobispo de Buenos Aires y toda Argentina

 

por S.E.R. Metropolita Siluan Muci