Segundo Domingo de Pascua: de Santo Tomás

22 Abril 2012

Carta de Su Beatitud el Patriarca Ignacio IV

A todos nuestro hijos antioquenos en las Arquidiócesis de la Diáspora

En primer lugar, van a ustedes nuestros augurios, por la temporada del santo ayuno de la Cuaresma, rogando al Señor Dios que nos guíe en la senda de nuestra lucha espiritual, para que merezcamos participar de Su Pasión Salvífica y regocijarnos en Su Resurrección Victoriosa; entonando con corazones merecedores: “Cristo resucitó… Verdaderamente ha Resucitado”.

En segundo lugar, en esta carta, nos dirigimos a ustedes, mientras que el dolor está exprimiendo nuestros corazones, por los dolientes acontecimientos que Siria, -la tierra de los mensajes celestiales y la convivencia de todos los espectros del pueblo sirio- está transitando. En Siria el Apóstol Pablo recibió la convocación de nuestro Salvador Jesucristo, para que sea el Apóstol de las naciones; y sobre su suelo están erigidos nuestros monasterios históricos y nuestras iglesias, para abrazar los minaretes de las mezquitas, como un indicador, que la verdadera religión no puede ser esencia o elemento de los conflictos sectoriales, raciales y étnicos; mas bien un medio para que cada hombre experimente la vida del amor verdadero a su hermano, el ser humana, sea quien sea.

Estos dolientes acontecimientos habían comprendido varias amenazas, y como jerarcas de las Iglesias, todos hemos convocado, anunciando que el diálogo es el único medio que puede causar la realización de los sueños y anhelos justos del pueblo Sirio.

En el piélago de estos acontecimientos, llamo a la memoria lo dicho por el Apóstol Pablo en su segunda carta a los corintios: “¿Quién es débil, sin que yo me sienta débil? ¿Quién está a punto de caer, sin que yo me sienta como sobre ascuas?” (11: 29)

Pues en estas circunstancias hemos de expresar aun más nuestra unión nacional y nuestra solidaridad, para con quien es considerado débil, doliente, enfermo y necesitado.

Por ello les llamamos del puesto de nuestra responsabilidad humana, en nombre de todos  los hijos de nuestra patria Siria, suplicándoles el apoyo a nuestros hermanos, cada uno acorde a sus posibilidades, para que esta ayuda suya sea a toda la gente de modo neutral y justo,  desconsiderando todo concepto sectorial o religioso.

Rogamos a Dios que les fortalezca a todos, pidiéndoles que, en sus oraciones, se acuerden de sus hermanos y hermanas; y para que regrese la seguridad y la estabilidad a nuestra patria Siria; y para que el Nombre del Señor permanezca glorificado en la tierra que Él ha querido por cuna de su Mensaje, Pasión y Resurrección.

 

+ Ignacio IV

Patriarca de Antioquia y todo Oriente

 

A los benditos del Padre

“Al que te pida, dale” (Mt 5:42)

Mensaje Pastoral de S.E.R. Monseñor Siluan por el Viernes Santo del 13 de abril de 2012

Ante el pedido de Su Beatitud el Patriarca por la situación en Siria

 

Queridos y estimados hijos en nuestro Señor,

Clero y fieles de nuestra querida Iglesia en Argentina,

Celebrando la Pasión de nuestro Señor y acompañándolo en el camino de Su crucifixión, contemplamos la magnitud de Su amor hacia nosotros, y nos maravillamos por Su anhelo de redimir a toda la humanidad, por lo que Lo llevó a aceptar voluntariamente una muerte tan humillante, pero salvífica para nosotros.

Mientras cantamos en este día las lamentaciones de las Mujeres Miróforas, las portadoras del bálsamo, todo nuestro ser está atento: nuestros ojos anhelan ver la luz de la resurrección; nuestras manos, tocar el costado abierto; nuestra boca, anunciar la Buena Nueva; nuestro corazón, recibir la alegría y la paz; nuestra inteligencia, contemplar las maravillas del amor del Señor y Su sabiduría; y nuestros oídos, escuchar la voz del Señor asegurándonos: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20).

En esta atmósfera de fe, de contrición y de recogimiento, nuestros ojos se abren hacia la humanidad que sufre y padece. En pos del Crucificado, nuestros corazones se compadecen con nuestros hermanos y servirlos. Hoy en especial, nos encontramos muy preocupados por nuestros hermanos en Siria, la sede de nuestro Patriarcado. Su Beatitud el Patriarca Ignacio IV escribió a todos sus hermanos, los Arzobispos del Santo Sínodo de Antioquía, solicitándonos no sólo nuestras oraciones, sino también el apoyo para con sus hermanos en Siria, quienes se encuentran en una situación de crisis humanitaria, por lo que muchos se han desplazado desde las zonas peligrosas hacia otras más seguras, encontrándose sin trabajo, necesitando asistencia de todo tipo a fin de poder cubrir sus necesidades básicas.

En tales situaciones, la Iglesia siempre se encuentra en primera fila para asistir a quienes más lo necesitan, tanto en nuestros centros parroquiales, monasterios y conventos, como en nuestras instituciones y movimientos, centros de salud y de ayuda humanitaria. Para que el “Buen Samaritano” pueda extender la mano a todos, él necesita hoy de nuestro apoyo, especialmente de nuestro aporte económico, sabiendo de antemano, que nuestra Iglesia no hace acepción de nadie, sino que ofrece su ayuda a los que verdaderamente lo necesitan.

Por ello, durante el período pascual, y hasta la celebración de Pentecostés, nos inspiramos de la recomendación del Señor: “Al que te pida, dale” (Mt 5:42) a fin de responder al llamado de nuestro Patriarcado. Para tal fin, en Junio, nuestra arquidiócesis transferirá a la cuenta bancaria de nuestro Patriarcado en el Líbano todo lo que recibirá en su cuenta bancaria de fondos provenientes tanto de donaciones particulares como de actividades que nuestras parroquias en Argentina organizarán. En ambos casos, han de informarse en la secretaría de sus parroquias respectivas.

Sabiendo, y descontando que vuestros corazones y vuestras manos harán lo suficiente para responder al llamado de nuestra Iglesia y de sus hermanos, recordamos las palabras del Señor resucitado: “Vengan, benditos de Mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y ustedes Me dieron de comer; tuve sed, y Me dieron de beber; fui extranjero, y Me recibieron; estaba desnudo, y Me vistieron; enfermo, y Me visitaron; en la cárcel, y vinieron a Mí” (Mt 25:34-37). Amén.

Comunicado sobre la Solicitud del Patriarca Ignacio IV
dirigida a Nuestra Iglesia en Argentina
con respecto a Siria

17 de abril de 2012

Nuestra Iglesia en Argentina desea expresar su gratitud y agradecimiento a todas las autoridades gubernamentales, provinciales, diplomáticas, institucionales, quienes, por iniciativa propia, al conocer la solicitud que nuestro Patriarca dirigió a la feligresía de nuestra Iglesia en Argentina, expresaron espontáneamente el deseo de brindar todo el apoyo a dicha solicitud, en forma voluntaria y benévola, y sumarse a la misma, como expresión de su solidaridad para con sus pares sirios, en un gesto de hermandad.

En efecto, nuestro Patriarca, Su Beatitud Ignacio IV, envió una carta durante la Gran Cuaresma, pidiendo el apoyo económico de sus hermanos los Arzobispos del Santo Sínodo Antioqueno en todo el mundo, para que la Iglesia pueda seguir brindando su apoyo a todos aquellos que se encuentran en zonas de peligro o también a aquellos que se desplazaron hacia zonas más seguras, cuyas necesidades son múltiples, como siempre sucede en tales situaciones, sin hacer acepción de nadie, más bien ofreciendo su ayuda a los que verdaderamente lo necesitan.

Dicha solicitud se hizo pública el día 13 de abril, durante la celebración del Viernes Santo en nuestras parroquias con la lectura de la carta pastoral de nuestro Padre y Arzobispo, S.E.R. Metropolita Siluan. En dicha carta, dirigida a nuestra feligresía, se da a conocer que: “…inspirándonos en la recomendación del Señor: “Al que te pida, dale” (Mt 5:42), y para tal fin, el próximo mes de Junio, nuestra arquidiócesis transferirá a la cuenta bancaria de nuestro Patriarcado en el Líbano todo lo que reciba en su cuenta bancaria de fondos provenientes tanto de donaciones particulares como de actividades que nuestras parroquias en Argentina organizarán…”.

Nos alegramos por la sensibilidad que hemos notado más allá de nuestra comunidad ortodoxa antioquena, y la benevolencia de sumarse a dicha campaña por parte de muchos individuos como así también de instituciones sirio-libanesas y otras, además de autoridades que colaboran en ello. Todo eso acontece a los pocos días de dicha comunicación, expresado por los hombres de buena voluntad en el marco de los distintos actos llevados a cabo en las provincias por el día de la Independencia de Siria.

Atento a ello, a todos extendemos nuestra gratitud, y la apreciación de la nobleza que su gesto espontáneo demuestra en una situación tan delicada, rogando a Dios que los bendiga a todos, con la firme esperanza que la realización de dichos esfuerzos encontrará a Siria y a todo su pueblo siempre lejos de todo mal y peligro, más bien soberano, unido, fuerte y en paz.

 

Tropario del Domingo Nuevo (Tono 7) 

Estando el sepulcro sellado, bri­llaste de él, ¡Oh Vida! Y cuando las puertas estaban cerradas, vi­niste a Tus discípulos, Cristo Dios, Resurrección de todos; y por me­dio de ellos, renovaste para noso­tros un espíritu recto según Tu Gran Misericordia.

 

Kondakio de Pascua (Tono 8) 

Aunque descendiste al sepulcro, Tú que eres Inmortal, borraste el poder del infierno y te levantaste Victorioso, ¡Cristo Dios! Y a las mujeres portadoras del bálsamo dijiste: ¡Regocijaos! Y a Tus discípulos otorgaste la paz, Tú que otorgas la resurrección a los caídos.”

 

Hechos de los Apóstoles (5:12-20) 

En aquel tiempo, por mano de los apóstoles se realizaban muchas signos y prodigios en el pueblo. Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón, pero ninguno de los otros se atrevía a juntárseles, aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio. Los creyentes cada vez en mayor número se adherían al Señor, una multitud de hombres y mujeres. Hasta el punto de sacar los enfermos a las plazas y colocarlos en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos. También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos; y todos se curaban. Entonces intervino el sumo sacerdote y todos los suyos, los de la secta de los saduceos; y llenos de envidia, echaron mano a los apóstoles y los metieron en prisión públicamente. Pero el ángel del Señor, por la noche, abrió las puertas de la cárcel, los sacó y les dijo: “Id, presentaos en el Templo y comunicad al pueblo todo lo referente a esta Vida”.

 

Santo Evangelio según San Juan (20:19-31) 

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se en­contraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con voso­tros.” Dicho esto, les mostró las Ma­nos y el Costado. Los discípulos se alegra­ron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con vosotros. Como el Padre me en­vió, también yo os envío.” Dicho esto, so­pló y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.” Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor.” Pero él les contestó: “Si no veo en Sus Manos la se­ñal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en Su Costado, no creeré.” Ocho días después, estaban otra vez Sus Discípulos dentro y To­más con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros.” Luego dice a Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira Mis Manos; trae tu mano y métela en Mi Costado, y no seas incrédulo sino creyente.” Tomás le con­testó: “Señor mío y Dios mío.” Dícele Jesús: “Porque me has visto has creído. Dicho­sos los que no han visto y han creído.” Jesús realizó en presencia de los Discípu­los otros muchos signos que no están escri­tos en este libro. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en Su Nombre.

 

¿Qué conmemoramos hoy?

El Domingo Nuevo

Todos los días durante la semana posterior a la Pascua, que la Iglesia llama la “Semana de las Luces” o “De la Renovación, se celebran los oficios pascuales en todo su esplendor. Diariamente se repite la Liturgia pascual y las Puertas Reales del santuario permanecen abiertas. Abunda el regocijo de la Resurrección y el don del Reino de la Vida Eterna. Luego, al final de la semana, en la tarde del sábado, comienza la celebración del Segundo Domingo de la Pascua de Resurrección en memoria de la aparición de Cristo al Apóstol Tomás “después de ocho días” (Jn 20:26).

Es importante recordar que el número ocho tiene un significado simbólico tanto en la tradición espiritual judía como en la cristiana. Significa más que cumplimiento y plenitud: significa el Reino de Dios y la vida del mundo venidero, ya que siete es el número del tiempo terrenal. El sábado, el séptimo día, es el bendito día de descanso en este mundo, el último día de la semana. El “primer día de la semana”, el día “después del sábado”, que en todos los Evangelios es recalcado como el día de la Resurrección de Cristo (Mc 16:1; Mt 28:1; Lc 24:1; Jn 20:1, 19), es por lo tanto también el “octavo día”, el día más allá de los confines de la tierra, el día que simboliza la vida del mundo venidero, el día del eterno descanso del Reino de Dios.

El Domingo después de la Pascua de Resurrección, llamado el Segundo Domingo, es entonces el octavo día de la celebración pascual, el último día de la Semana de las Luces. Por lo tanto recibe el nombre de “Domingo Nuevo”. Era solamente en este día en la Iglesia primitiva que los cristianos recién bautizados se quitaban sus túnicas bautismales y volvían a entrar nuevamente a la vida de este mundo.

En los oficios de la Iglesia, se da énfasis a la visión del Apóstol Tomás de Cristo, y en el significado del día llega a nosotros mediante las palabras del Evangelio: “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo, Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Jn 20:27-29).

No hemos visto a Cristo con nuestros ojos físicos ni tampoco hemos tocado su cuerpo resucitado con nuestras manos, mas en el Espíritu Santo hemos visto, tocado y gustado de la Palabra de la Vida (I Jn 1:1-4), y así es que creemos.

En cada uno de los oficios de oración diarios hasta la Fiesta de la Ascensión, cantamos el Tropario de la Resurrección. En cada uno de los oficios dominicales a partir del domingo de Santo Tomás, cantamos el Canon de la Resurrección  y sus himnos, y repetimos la celebración del “primer día de la semana” en que Cristo resucitó de entre los muertos. En cada Divina Liturgia, la lectura de la epístola es tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, contándonos acerca de los primeros cristianos que vivían en comunión con el Señor Resucitado. Todas las lecturas del Evangelio son tomadas del Evangelio según San Juan, considerado por muchos como un evangelio escrito especialmente para los nuevos bautizados en la vida nueva del Reino de Dios, mediante la muerte y la nueva vida en Cristo, en nombre de la Santísima Trinidad. Se piensa esto porque todos los “signos”, como se refieren a los milagros en el Evangelio de San Juan, tratan de temas sacramentales que involucran agua, vino y pan. Así, cada uno de los domingos después del Domingo de Santo Tomás, con la excepción del Tercero, es dedicado a la memoria de uno de estos “signos”.

 

Feliz Día de San Jorge

Monseñor Siluan saluda a todas las Parroquias que mañana festejarán el día de San Jorge, a los colegios y los fieles que llevan por nombre Jorge. Reciban el cariño de Nuestro Padre y Pastor con los mejores deseos y felicitaciones, y que la bendición del Resucitado y de Su glorioso Mártir estén para siempre en sus hogares.