Domingo de San Gregorio Palamás

11 Marzo 2012

Jesús

Simples Miradas hacia el Salvador (9)

Ver a Jesús solo

Los discípulos no ven más que a “Jesús solo” (Mt 17:8), cuando bajaron del Monte de la Transfiguración. El sentido inmediato de la frase es que ellos no ven más a Moisés, a Elías y la gloria divina; y que reencuentran a Jesús bajo su apariencia cotidiana. Podemos agregar a este sentido uno más, que el alma, deslumbrada por la luz de Jesús, ve esta misma luz sobre todos los seres. Y a través de los hombres y de las cosas, ella ve a “Jesús solo”.

Hay distinción en el llamado que Jesús dirige a las almas. Eso es bien claro, en el llamado de Jesús a los primeros discípulos. En ello, se encuentra un elemento profundamente personal.

Jesús ve a Simón, y en seguida, le dice que será Cefas (Cf. Jn 1:42), la roca (Cf. Mt 16:18). Y ve a Natanael, y le dice: “he aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño” (Jn 1:47). (Jacob, después de haber utilizado el engaño, volvió a ser el sincero Israel). En el caso de Natanael, el estado actual del alma del recién llegado ofrece un tema a la bienvenida dada por el Maestro. En el caso de Simón - y es el más frecuente - el maestro prevé cuál será el crecimiento espiritual del discípulo; es acoger lo que el discípulo será, más que lo que es; Él traza ya el bosquejo de un ministerio futuro (Cf. Mt 16:19).

Jesús dice a Natanael: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (Jn 1:48). No sabemos a qué episodio hacía alusión Jesús. ¿Acaso Natanael se había retirado debajo de la higuera, en un momento de oración o de meditación, o de tentación y de lucha interna; o quizás en un estado de pecado y de arrepentimiento? Lo que es cierto, es que la sombra de la higuera marca un momento decisivo en la vida de Natanael. Jesús, en ese momento de decisión, estaba invisiblemente presente, tal como está presente en el debate al que nos entregamos cada uno de nosotros, debajo de nuestra higuera.

(Debajo de otra higuera, cuatro siglos más tarde, Agustín escuchará una voz diciéndole: “Tolle, lege”, “Toma y lee”. Este llamado decidirá su conversión. Hay higueras estériles que Jesús maldice, cuando, por sus hojas, ilusionan (Cf. Mt 21:19). Hay higueras excepcionalmente fértiles, que Jesús bendice; Natanael y Agustín son sus frutos). El llamado de Jesús - sea dirigido a Natanael o a cada uno de nosotros - tiene raíces secretas y profundas en lo que nuestra vida tiene como más íntimo. “Cuando estabas debajo de la higuera…”.

La frase de Pedro, “Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador” (Lc 5:8), es tan esencial para nuestras relaciones con Jesús como aquella otra frase del Apóstol: “Mándame que vaya a Ti sobre las aguas” (Mt 14:28). La expresión de humildad, y la expresión de confianza, deberían ser pronunciadas simultáneamente. Pero, en nuestra condición de hombres pecadores y justificados, condenados y salvados, hay lugar tanto para una expresión como para la otra, alternándose entre ellas.

Jesús dice a los dos primeros discípulos, quienes Le preguntaron dónde moraba: “Vengan y verán” (Jn 1:39). Y Felipe dice a Natanael, cuando quiere que se acerque al Maestro: “Ven y ve” (Jn 1:46). Estos dos momentos son necesarios para llegar a Jesús. Hacemos nuestro esfuerzo personal, primero, y luego viene la visión que corona este esfuerzo. Pero nuestro esfuerzo inicial es, por sí, una gracia, y un don que emana del Salvador.

Hay también momentos de gran desamparo, donde nosotros gritamos a Jesús, tal como los judíos cerca de la tumba de Lázaro: “Señor, ven y ve” (Jn 11:34). Nuestro acto de fe responde, pues, a la invitación primera de Jesús, usando las mismas palabras.

 

Padre Lev Gillet

 

Tropario de la Resurrección (Tono 6) 

Los poderes celestiales aparecieron sobre tu Sepulcro; los guardias quedaron como muertos; María se plantó en el Sepulcro buscando tu Cuerpo purísimo: sometiste al Hades sin ser tentado por él; y encontraste a la Virgen otorgándole la vida. ¡Oh Resucitado de entre los muertos, Señor, gloria a Ti!

 

Tropario de San Gregorio Palamás (Tono 8) 

 ¡Oh Astro de la Ortodoxia, fir­meza de la Iglesia y su maestro; hermo­sura de los ascetas y su adorno, el irrefutable campeón de los teólogos, Gregorio el mila­groso, orgu­llo de Tesalónica y predicador de la Gracia! Intercede, sin cesar, por la salvación de nuestras almas.

 

Kontakion (Tono 8)

Yo soy Tu siervo ¡oh Madre de Dios! Te canto un himno de triunfo;  ¡Combatiente Defensora! Te doy Gracias, ¡Liberadora de los pesares! Y como posees un poder invencible, líbrame de todas las desventuras, para que pueda exclamar: ¡Salve! ¡Oh Novia sin novio!”

 

Carta a los Hebreos (1:10-2:3) 

Hermanos, también Dios -al Hijo- Le dice: “Tú, Señor, al principio fundaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos. Ellos desaparecerán, pero tú permaneces. Todos se gastarán como un vestido y los enrollarás como un manto: serán como un vestido que se cambia. Pero tú eres siempre el mismo, y tus años no tendrán fin”. ¿Y a cuál de los ángeles dijo jamás: “Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies”? ¿Acaso no son todos ellos espíritus al servicio de Dios, enviados en ayuda de los que van a heredar la salvación? Por eso, nosotros debemos prestar más atención a lo que hemos escuchado, no sea que marchemos a la deriva. Porque si la Palabra promulgada por medio de los ángeles tuvo plena vigencia, a tal punto que toda transgresión y desobediencia recibió su justa retribución, ¿cómo nos libraremos nosotros, si rehusamos semejante salvación? Esta salvación, anunciada en primer lugar por el Señor, nos fue luego confirmada por todos aquellos que la habían oído anunciar.

 

Santo Evangelio según San Marcos (2:1-12) 

En aquel tiempo, Jesús Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo, había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tan­tos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra. Y Le vinieron a traer a un pa­ralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo en­cima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descol­garon la camilla donde yacía el para­lítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: “Hijo, tus pe­cados te son perdona­dos”. Estaban allí sentados algunos escri­bas que pensa­ban en sus cora­zones: “¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”. Pero al instante, cono­ciendo Jesús en Su Espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dijo: “¿Por qué piensan así en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus peca­dos te son perdo­nados’, o decir: ‘Le­vántate, toma tu camilla y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del Hombre tiene en la tie­rra poder de perdonar pecados --dice al paralítico--: ‘A ti te digo, le­vántate, toma tu camilla y vete a tu casa’.” Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que to­dos quedaban  asombrados y glorificaban a Dios diciendo: “Jamás vi­mos cosa parecida.”

 

¿A quién conmemoramos hoy?

A San Sofronio Patriarca de Jerusalén

San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, nació en Damasco, cerca del año 560. Desde su juventud se distinguió por su piedad y su amor por los estudios clásicos. Él era especialmente hábil en la filosofía, y así se le conocía en aquel tiempo como Sofronio “el Sabio”. El futuro jerarca, sin embargo, buscó la verdadera filosofía de la vida monástica, y las conversaciones con los habitantes del desierto.

Llegó a Jerusalén al monasterio de San Teodosio, y allí se convirtió en estrecho colaborador del hieromonje Juan Mosco, convirtiéndose en su hijo espiritual y sometiéndose a él en obediencia. Ambos visitaron varios monasterios, escribiendo la vida y la sabiduría espiritual de los ascetas que habían conocido. A partir de estas notas surgió su famoso libro, el “Leimonarion” o el “prado espiritual”, que fue muy estimado en el Séptimo Concilio Ecuménico.

Para ponerse a salvo de las incursiones devastadoras de los persas, san Juan y Sofronio dejaron Palestina y se fueron a Antioquía, y de allí viajaron a Egipto. En Egipto, san Sofronio se enfermó de gravedad. Durante este tiempo, decidió convertirse en monje y fue tonsurado por San Juan Mosco.

Sin embargo, San Sofronio recuperó su salud, y ambos decidieron permanecer en Alejandría. Allí fueron recibidos por el Santo Patriarca Juan el Misericordioso (que conmemoramos el 12 de noviembre), a quien ayudaron en la lucha contra la herejía monofisita. En Alejandría San Sofronio enfermó de la vista, y se volvió en oración y fe a los santos Ciro y Juan (31 de enero), y recibió la sanidad en una iglesia que llevaba sus nombres. En agradecimiento, San Sofronio escribió entonces la vida de estos santos.

Cuando los bárbaros comenzaron a amenazar Alejandría, el patriarca Juan, acompañado de los Santos Sofronio y Juan Mosco, se dirigió a Constantinopla, pero murió en el camino. Juan Mosco y Sofronio continuaron el cmaino y se dirigieron a Roma con otros dieciocho monjes. San Juan Mosco murió en Roma. Su cuerpo fue llevado a Jerusalén por San Sofronio y enterrado en el monasterio de San Teodosio.

En el año 628, el patriarca de Jerusalén, Zacarías (609-633) regresó de su cautiverio en Persia. Después de su muerte, el trono patriarcal fue ocupado durante dos años por San Modesto (18 de diciembre). Después de la muerte de este, San Sofronio fue elegido Patriarca. Allí trabajó mucho por el bienestar de la Iglesia de Jerusalén (634-644).

Hacia el final de su vida, San Sofronio y su rebaño vivieron un asedio por los musulmanes de dos años de Jerusalén. Cansados por el hambre, los cristianos, finalmente accedieron a abrir las puertas de la ciudad, con la condición de que el enemigo perdonara los lugares santos. Pero esta condición no se cumplió, y San Sofronio murió en el dolor por la profanación de los lugares santos cristianos.

Obras escritas por el Patriarca Sofronio han llegado hasta nosotros en el área de la dogmática, y también la “Explicación de la Liturgia, la Vida de Santa María de Egipto” (1 de abril), y también cerca de 950 troparios y estijos de Pascua hasta la Ascensión.

Cuando todavía era un monje, San Sofronio revisó e hizo algunas correcciones en la Regla del monasterio de San Sabas. El santo escribió las tres Odas que se cantan antes de iniciar la Gran Cuaresma y por eso llamamos a los domingos antes de Cuaresma el tiempo del “Triodion”.

 

Carta dirigida a los jóvenes que participaron

del Encuentro Arquidiocesano de la Unión de Juventud Ortodoxa

en Termas de Río Hondo del 31 de enero al 3 de febrero de 2012

En el quinto año consecutivo de la realización del encuentro arquidiocesano de la juventud de nuestra Iglesia, me dieron una linda sorpresa los adolescentes que participaron del encuentro realizado en Termas de Río Hondo los días 31 de enero al 3 de febrero pasado. Me sorprendieron por su aptitud en construir lazos de hermandad entre ellos y por la sinceridad en revisar sus actitudes y accionar, a la luz de la realidad de la fe y de la vida en la Iglesia que los congrega y los une.

Se han destacado por su conducta, disciplina, espíritu de integración y respeto entre ellos y para con los responsables. Revelar este aspecto desde el inicio permite tener una mejor apreciación de la atmósfera que prevaleció en el encuentro, y de la valiosa y buena predisposición que estos jóvenes demostraron durante los pocos días de convivencia que compartieron.

Todo y todos contribuyeron a crear un clima de confianza y de integración, y facilitaron el buen provecho de los temas desarrollados, los talleres y las actividades realizados. Quisiera hacer una especial referencia a un juego improvisado, el cual luego se llamó “Virtud 2012”, que me permitió conocer mejor los corazones de estos jóvenes. El juego, separado en dos momentos, era simple. Consistió en ofrecer y recibir una virtud en una reunión íntima entre jóvenes de una misma parroquia. Primero, cada uno eligió a una persona del grupo y le “regaló” una virtud, la que creía conveniente, a fin de que éste último se esfuerce para adquirirla durante este año. Luego, cada uno expresó si aceptaba o no recibir el regalo y explicar el porqué.

¡Qué lindo ver la mirada y escuchar la expresión que han tenido entre estos adolescentes mientras jugaban a la virtud! El juego funcionó como un verdadero espejo, en el que cada uno recibía una “evaluación” de su accionar y de su carácter a través de la mirada que su hermano le ofrecía, mirada expresada con las mejores intenciones y en una atmósfera de amor y de sincerarse con los demás. Todos ofrecieron su “regalo” a su hermano, y cada uno recibió benévolamente el regalo del otro. Todos aceptaron la virtud asignada para adquirir durante este año.

Además de ayudar a hacer una revisión personal, este juego dio a entender a los adolescentes cuán importante es comprometerse en realizar cambios y mejoras en algún aspecto de sus actitudes y accionar a través de la adquisición de una virtud, cuán provechoso es afrontar juntos las dificultades y tratar de evaluar el progreso de vez en cuando. Fue una manera positiva para hacer una revisión personal y grupal, una forma creativa para sincerarse dentro de un grupo, y un momento apropiado para decidir mejoras, realizar cambios y asumir compromisos serios al respecto.

No cabe duda que, en todo lo que este juego ocasionó, estos jóvenes mostraron ser permeables a la esencia del Evangelio, del amor y de la verdad, y en base a ello, encarar y forjar mejor su personalidad y sus relaciones, dejando de lado la auto-justificación y la soberbia, superando los malos entendimientos pasados, y renovando su propia mirada hacia sí mismos y hacia sus hermanos.

Si la verdad y el amor son la base de nuestro conocimiento y nuestras relaciones, cabe precisar, tal como se dieron cuenta los jóvenes, que la revisión de uno mismo y el compromiso darán frutos si se articulan con el ejercicio del perdón y de la oración. ¡Cuántas veces hemos fallado en los compromisos tomados! ¿Acaso eso no ocasionó molestias, resentimientos, cargas, etc., entre los integrantes de nuestro grupo? ¡Cuántas veces nuestro carácter “salvaje” y nuestras actitudes inapropiadas influyeron mal sobre la vida grupal o comunitaria! Por ello, el sincerarse con los demás que estos jóvenes experimentaron necesita estar acompañado por el ejercicio del perdón y de la oración: saber pedir perdón cuando se olviden del compromiso tomado, saber perdonar a quien haya fallado, y saber orar por aquel que necesita iluminación, coraje, valentía y perseverancia en el camino de mejora y de cambio que anhela realizar.

Sí, ese fue un momento de liberación particular para los jóvenes. Hubo otros momentos todavía más importantes. Muchos que se caracterizaban por ser tímidos, y otros que la vergüenza les impedía tomar la iniciativa han tenido un avance significativo a lo largo de estos días. ¡Se soltaron! ¡Qué mayor satisfacción para ellos y para nosotros!

Así, el lema del encuentro, el de los dos discípulos de camino a Emaús (Cf. Lc 24:13-35), se convirtió en una realidad concreta para estos jóvenes. Al haber descargado todo, y al renovar el gozo de caminar juntos, se dejaron acercar por la luz que proviene del conocimiento de Dios y de la relación con el Señor. Si bien nadie quería volver a casa, ahora vuelven a su propia Jerusalén, su parroquia, para compartir la alegría de la resurrección de su propia vida y concretar los compromisos que han tomado.

Cada grupo juvenil está mirando a otro para poder aprender de él e imitar sus habilidades. ¡Cuántas veces hemos caído en el desaliento al comparar lo que nos hace falta con lo que otros grupos tienen! Sin embargo, para un discípulo de Cristo, de alma generosa y bien dispuesta, la privación no es un motivo de desaliento. El evangelio nos invita a brindar lo que queremos que nos brinden. La privación, o mejor nuestra carencia, será motivo para tomar la iniciativa, aprender, tener paciencia, y seguir el camino con fe y esperanza.

En conclusión, doy gracias a Dios por todo lo compartido con estos jóvenes. La realización de estos encuentros se vuelve, cada vez más, un espacio vital para el aprendizaje de la vida en común, para el conocimiento y el progreso en la fe, para crecer y cambiar, en el camino de la plenitud verdadera que les deseamos.

+ Metropolita Siluan

 

 

Nuevo curso de SOFIA

Los Santos Padres de la Iglesia

Desde los orígenes hasta el Concilio de Nicea

A partir del próximo jueves 15 de marzo comenzamos un nuevo curso en SOFIA. En este caso queremos profundizar la lectura de la vida y la obra de los Santos Padres que lucharon por la Iglesia desde la muerte del último Apóstol hasta la convocatoria al primer Concilio Ecuménico en la ciudad de Nicea. 

Te invitamos a que juntos podamos leer la obra que nos han heredado, que podamos analizar los tiempos que les tocaron vivir (tiempos de persecuciones y de mártires), los distintos problemas a los que tuvieron que enfrentarse, el primer surgimiento de herejías en el seno de la comunidad cristiana y muchos otros temas más. Para inscribirte envíanos un email a arzobispado@acoantioquena.com. El jueves 15 de marzo a las 20:30 hs (Argentina y Chile) ó 18:30 hs (México y Honduras) estaremos dando inicio a un nuevo curso del Seminario Ortodoxo de Formación para Iberoamérica.