Domingo de San Gregorio Palamás
Jesús
Simples Miradas hacia el Salvador (9)
Ver a Jesús solo
Los discípulos no
ven más que a “Jesús solo” (Mt 17:8),
cuando bajaron del Monte de
Hay distinción en el llamado que Jesús dirige a las almas. Eso es bien claro, en el llamado de Jesús a los primeros discípulos. En ello, se encuentra un elemento profundamente personal.
Jesús ve a Simón, y en seguida, le dice que será Cefas (Cf. Jn 1:42), la roca (Cf. Mt 16:18). Y ve a Natanael, y le dice: “he aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño” (Jn 1:47). (Jacob, después de haber utilizado el engaño, volvió a ser el sincero Israel). En el caso de Natanael, el estado actual del alma del recién llegado ofrece un tema a la bienvenida dada por el Maestro. En el caso de Simón - y es el más frecuente - el maestro prevé cuál será el crecimiento espiritual del discípulo; es acoger lo que el discípulo será, más que lo que es; Él traza ya el bosquejo de un ministerio futuro (Cf. Mt 16:19).
Jesús dice a Natanael: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (Jn 1:48). No sabemos a qué episodio hacía alusión Jesús. ¿Acaso Natanael se había retirado debajo de la higuera, en un momento de oración o de meditación, o de tentación y de lucha interna; o quizás en un estado de pecado y de arrepentimiento? Lo que es cierto, es que la sombra de la higuera marca un momento decisivo en la vida de Natanael. Jesús, en ese momento de decisión, estaba invisiblemente presente, tal como está presente en el debate al que nos entregamos cada uno de nosotros, debajo de nuestra higuera.
(Debajo de otra higuera, cuatro siglos más tarde, Agustín escuchará una voz diciéndole: “Tolle, lege”, “Toma y lee”. Este llamado decidirá su conversión. Hay higueras estériles que Jesús maldice, cuando, por sus hojas, ilusionan (Cf. Mt 21:19). Hay higueras excepcionalmente fértiles, que Jesús bendice; Natanael y Agustín son sus frutos). El llamado de Jesús - sea dirigido a Natanael o a cada uno de nosotros - tiene raíces secretas y profundas en lo que nuestra vida tiene como más íntimo. “Cuando estabas debajo de la higuera…”.
La frase de Pedro, “Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador” (Lc 5:8), es tan esencial para nuestras relaciones con Jesús como aquella otra frase del Apóstol: “Mándame que vaya a Ti sobre las aguas” (Mt 14:28). La expresión de humildad, y la expresión de confianza, deberían ser pronunciadas simultáneamente. Pero, en nuestra condición de hombres pecadores y justificados, condenados y salvados, hay lugar tanto para una expresión como para la otra, alternándose entre ellas.
Jesús dice a los dos primeros discípulos, quienes Le preguntaron dónde moraba: “Vengan y verán” (Jn 1:39). Y Felipe dice a Natanael, cuando quiere que se acerque al Maestro: “Ven y ve” (Jn 1:46). Estos dos momentos son necesarios para llegar a Jesús. Hacemos nuestro esfuerzo personal, primero, y luego viene la visión que corona este esfuerzo. Pero nuestro esfuerzo inicial es, por sí, una gracia, y un don que emana del Salvador.
Hay también momentos de gran desamparo, donde nosotros gritamos a Jesús, tal como los judíos cerca de la tumba de Lázaro: “Señor, ven y ve” (Jn 11:34). Nuestro acto de fe responde, pues, a la invitación primera de Jesús, usando las mismas palabras.
Padre Lev Gillet
Tropario de
Los poderes
celestiales aparecieron sobre tu Sepulcro; los guardias quedaron como muertos;
María se plantó en el Sepulcro buscando tu Cuerpo purísimo: sometiste al Hades
sin ser tentado por él; y encontraste a
Tropario de San Gregorio Palamás (Tono 8)
¡Oh Astro de
Kontakion (Tono 8)
Yo soy Tu siervo ¡oh Madre de Dios! Te canto un himno de triunfo; ¡Combatiente Defensora! Te doy Gracias, ¡Liberadora de los pesares! Y como posees un poder invencible, líbrame de todas las desventuras, para que pueda exclamar: ¡Salve! ¡Oh Novia sin novio!”
Carta a los Hebreos (1:10-2:3)
Hermanos, también
Dios -al Hijo- Le dice: “Tú, Señor, al principio fundaste la tierra, y el cielo
es obra de tus manos. Ellos desaparecerán, pero tú permaneces. Todos se
gastarán como un vestido y los enrollarás como un manto: serán como un vestido
que se cambia. Pero tú eres siempre el mismo, y tus años no tendrán fin”. ¿Y a
cuál de los ángeles dijo jamás: “Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus
enemigos debajo de tus pies”? ¿Acaso no son todos ellos espíritus al servicio
de Dios, enviados en ayuda de los que van a heredar la salvación? Por eso,
nosotros debemos prestar más atención a lo que hemos escuchado, no sea que
marchemos a la deriva. Porque si
Santo Evangelio según San Marcos (2:1-12)
En aquel tiempo,
Jesús Entró de nuevo en Cafarnaúm; al poco tiempo, había corrido la voz de que
estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya
sitio, y Él les anunciaba
¿A quién conmemoramos hoy?
A San Sofronio Patriarca de Jerusalén
San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, nació en Damasco, cerca del año 560. Desde su juventud se distinguió por su piedad y su amor por los estudios clásicos. Él era especialmente hábil en la filosofía, y así se le conocía en aquel tiempo como Sofronio “el Sabio”. El futuro jerarca, sin embargo, buscó la verdadera filosofía de la vida monástica, y las conversaciones con los habitantes del desierto.
Llegó a Jerusalén al monasterio de San Teodosio, y allí se convirtió en estrecho colaborador del hieromonje Juan Mosco, convirtiéndose en su hijo espiritual y sometiéndose a él en obediencia. Ambos visitaron varios monasterios, escribiendo la vida y la sabiduría espiritual de los ascetas que habían conocido. A partir de estas notas surgió su famoso libro, el “Leimonarion” o el “prado espiritual”, que fue muy estimado en el Séptimo Concilio Ecuménico.
Para ponerse a salvo de las incursiones devastadoras de los persas, san Juan y Sofronio dejaron Palestina y se fueron a Antioquía, y de allí viajaron a Egipto. En Egipto, san Sofronio se enfermó de gravedad. Durante este tiempo, decidió convertirse en monje y fue tonsurado por San Juan Mosco.
Sin embargo, San Sofronio recuperó su salud, y ambos decidieron permanecer en Alejandría. Allí fueron recibidos por el Santo Patriarca Juan el Misericordioso (que conmemoramos el 12 de noviembre), a quien ayudaron en la lucha contra la herejía monofisita. En Alejandría San Sofronio enfermó de la vista, y se volvió en oración y fe a los santos Ciro y Juan (31 de enero), y recibió la sanidad en una iglesia que llevaba sus nombres. En agradecimiento, San Sofronio escribió entonces la vida de estos santos.
Cuando los bárbaros comenzaron a amenazar Alejandría, el patriarca Juan, acompañado de los Santos Sofronio y Juan Mosco, se dirigió a Constantinopla, pero murió en el camino. Juan Mosco y Sofronio continuaron el cmaino y se dirigieron a Roma con otros dieciocho monjes. San Juan Mosco murió en Roma. Su cuerpo fue llevado a Jerusalén por San Sofronio y enterrado en el monasterio de San Teodosio.
En el año 628, el
patriarca de Jerusalén, Zacarías (609-633) regresó de su cautiverio en
Persia. Después de su muerte, el trono patriarcal fue ocupado durante dos
años por San Modesto (18 de diciembre). Después de la muerte de este, San
Sofronio fue elegido Patriarca. Allí trabajó mucho por el bienestar de
Hacia el final de su vida, San Sofronio y su rebaño vivieron un asedio por los musulmanes de dos años de Jerusalén. Cansados por el hambre, los cristianos, finalmente accedieron a abrir las puertas de la ciudad, con la condición de que el enemigo perdonara los lugares santos. Pero esta condición no se cumplió, y San Sofronio murió en el dolor por la profanación de los lugares santos cristianos.
Obras escritas por
el Patriarca Sofronio han llegado hasta nosotros en el área de la dogmática, y
también la “Explicación de
Cuando todavía era
un monje, San Sofronio revisó e hizo algunas correcciones en
Carta dirigida a los jóvenes que participaron
del
Encuentro Arquidiocesano de
en Termas de Río Hondo del 31 de enero al 3 de febrero de 2012
En el quinto año
consecutivo de la realización del encuentro arquidiocesano de la juventud de
nuestra Iglesia, me dieron una linda sorpresa los adolescentes que participaron
del encuentro realizado en Termas de Río Hondo los días 31 de enero al 3 de
febrero pasado. Me sorprendieron por su aptitud en construir lazos de hermandad
entre ellos y por la sinceridad en revisar sus actitudes y accionar, a la luz
de la realidad de la fe y de la vida en
Se han destacado por su conducta, disciplina, espíritu de integración y respeto entre ellos y para con los responsables. Revelar este aspecto desde el inicio permite tener una mejor apreciación de la atmósfera que prevaleció en el encuentro, y de la valiosa y buena predisposición que estos jóvenes demostraron durante los pocos días de convivencia que compartieron.
Todo y todos
contribuyeron a crear un clima de confianza y de integración, y facilitaron el
buen provecho de los temas desarrollados, los talleres y las actividades
realizados. Quisiera hacer una especial referencia a un juego improvisado, el
cual luego se llamó “Virtud
¡Qué lindo ver la mirada y escuchar la expresión que han tenido entre estos adolescentes mientras jugaban a la virtud! El juego funcionó como un verdadero espejo, en el que cada uno recibía una “evaluación” de su accionar y de su carácter a través de la mirada que su hermano le ofrecía, mirada expresada con las mejores intenciones y en una atmósfera de amor y de sincerarse con los demás. Todos ofrecieron su “regalo” a su hermano, y cada uno recibió benévolamente el regalo del otro. Todos aceptaron la virtud asignada para adquirir durante este año.
Además de ayudar a hacer una revisión personal, este juego dio a entender a los adolescentes cuán importante es comprometerse en realizar cambios y mejoras en algún aspecto de sus actitudes y accionar a través de la adquisición de una virtud, cuán provechoso es afrontar juntos las dificultades y tratar de evaluar el progreso de vez en cuando. Fue una manera positiva para hacer una revisión personal y grupal, una forma creativa para sincerarse dentro de un grupo, y un momento apropiado para decidir mejoras, realizar cambios y asumir compromisos serios al respecto.
No cabe duda que, en todo lo que este juego ocasionó, estos jóvenes mostraron ser permeables a la esencia del Evangelio, del amor y de la verdad, y en base a ello, encarar y forjar mejor su personalidad y sus relaciones, dejando de lado la auto-justificación y la soberbia, superando los malos entendimientos pasados, y renovando su propia mirada hacia sí mismos y hacia sus hermanos.
Si la verdad y el amor son la base de nuestro conocimiento y nuestras relaciones, cabe precisar, tal como se dieron cuenta los jóvenes, que la revisión de uno mismo y el compromiso darán frutos si se articulan con el ejercicio del perdón y de la oración. ¡Cuántas veces hemos fallado en los compromisos tomados! ¿Acaso eso no ocasionó molestias, resentimientos, cargas, etc., entre los integrantes de nuestro grupo? ¡Cuántas veces nuestro carácter “salvaje” y nuestras actitudes inapropiadas influyeron mal sobre la vida grupal o comunitaria! Por ello, el sincerarse con los demás que estos jóvenes experimentaron necesita estar acompañado por el ejercicio del perdón y de la oración: saber pedir perdón cuando se olviden del compromiso tomado, saber perdonar a quien haya fallado, y saber orar por aquel que necesita iluminación, coraje, valentía y perseverancia en el camino de mejora y de cambio que anhela realizar.
Sí, ese fue un momento de liberación particular para los jóvenes. Hubo otros momentos todavía más importantes. Muchos que se caracterizaban por ser tímidos, y otros que la vergüenza les impedía tomar la iniciativa han tenido un avance significativo a lo largo de estos días. ¡Se soltaron! ¡Qué mayor satisfacción para ellos y para nosotros!
Así, el lema del encuentro, el de los dos discípulos de camino a Emaús (Cf. Lc 24:13-35), se convirtió en una realidad concreta para estos jóvenes. Al haber descargado todo, y al renovar el gozo de caminar juntos, se dejaron acercar por la luz que proviene del conocimiento de Dios y de la relación con el Señor. Si bien nadie quería volver a casa, ahora vuelven a su propia Jerusalén, su parroquia, para compartir la alegría de la resurrección de su propia vida y concretar los compromisos que han tomado.
Cada grupo juvenil está mirando a otro para poder aprender de él e imitar sus habilidades. ¡Cuántas veces hemos caído en el desaliento al comparar lo que nos hace falta con lo que otros grupos tienen! Sin embargo, para un discípulo de Cristo, de alma generosa y bien dispuesta, la privación no es un motivo de desaliento. El evangelio nos invita a brindar lo que queremos que nos brinden. La privación, o mejor nuestra carencia, será motivo para tomar la iniciativa, aprender, tener paciencia, y seguir el camino con fe y esperanza.
En conclusión, doy gracias a Dios por todo lo compartido con estos jóvenes. La realización de estos encuentros se vuelve, cada vez más, un espacio vital para el aprendizaje de la vida en común, para el conocimiento y el progreso en la fe, para crecer y cambiar, en el camino de la plenitud verdadera que les deseamos.
+ Metropolita Siluan
Nuevo curso de SOFIA
Los
Santos Padres de
Desde los orígenes hasta el Concilio de Nicea
A partir del
próximo jueves 15 de marzo comenzamos un nuevo curso en SOFIA. En este caso
queremos profundizar la lectura de la vida y la obra de los Santos Padres que
lucharon por
Te invitamos a que juntos podamos leer la obra que nos han heredado, que podamos analizar los tiempos que les tocaron vivir (tiempos de persecuciones y de mártires), los distintos problemas a los que tuvieron que enfrentarse, el primer surgimiento de herejías en el seno de la comunidad cristiana y muchos otros temas más. Para inscribirte envíanos un email a arzobispado@acoantioquena.com. El jueves 15 de marzo a las 20:30 hs (Argentina y Chile) ó 18:30 hs (México y Honduras) estaremos dando inicio a un nuevo curso del Seminario Ortodoxo de Formación para Iberoamérica.
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