Domingo de la Adoración de la Santa Cruz
Jesús
Simples Miradas hacia el Salvador (10)
Jesús se maravilla
El Evangelio nos cuenta que Jesús quedó maravillado sólo en dos oportunidades. En estos dos casos, se trataba de la fe.
En efecto, el primer episodio tiene lugar en Nazaret, cuando Jesús vuelve allí. Él enseñaba en la sinagoga, pero no lo recibieron ni a Él, ni Su mensaje. Es por eso que no pudo hacer allí ningún gran milagro, “y estaba maravillado por la incredulidad de ellos” (Mc 6:6).
El segundo episodio tiene lugar en Capernaúm (Cf. Mt 8:5-10), cuando el centurión romano implora la curación de su servidor paralítico; Jesús le dice: “Yo iré y lo sanaré”. Pero el centurión replica: “Señor, no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; solamente di la palabra…”. Jesús, al haber escuchado al centurión, “se maravilló”; sanó al servidor a distancia; y declaró que, aún en Israel, no había encontrado una fe tan grande.
Comparando estos dos episodios encontramos algo que nos maravilla. La gente de Nazaret, israelitas, tienen la ley, los profetas y una creencia ritual correctos. Y el centurión, un extranjero con respecto al pueblo de la alianza (puede ser, como máximo, un proselito). Sin embargo, Jesús se maravilla de la incredulidad en Nazaret, y se maravilla de la fe del centurión. Porque la rectitud de la fe de Nazaret no es la fe viva que salva. Si tal fe les hubiera animado, los hombres de Nazaret habrían abierto sus corazones a Jesús. Quedaron encerrados en una creencia correcta, pero estéril. Por ello, sus corazones permanecen cerrados. Ignoramos lo que podía ser, exactamente, la creencia del centurión; pese a que no sabía sobre Jesús lo que nos ha sido dado a conocer; sin embargo, él se abre a Jesús; presiente en Él un Salvador y un Señor. Su fe está compuesta de confianza y de obediencia (no de sentimentalismo). Ella es un ímpetu de todo el ser. Él no duda que Jesús podrá y querrá sanar al servidor enfermo. Cuelga su vida, en cierta forma, de la palabra de Jesús: “Solamente di la palabra…”. ¡Qué espera humilde y ferviente!
Sabemos ahora lo que Jesús llama “incredulidad”; y sabemos lo que Él llama la fe, “…una fe tan grande”.
Jesús ve lo que está en nosotros. ¿Acaso encontrará en nosotros la fe del centurión, o la incredulidad de Nazaret? ¿De qué se maravillará Jesús: de nuestra fe, o de nuestra incredulidad?
“Señor, creo, ayuda mi incredulidad” (Mc 9:24). ¿Acaso esta antítesis, este grito paradójico que el padre de un niño poseído echó a Jesús, no es la frase que conviene a mi propia situación?
Creer en Jesucristo: pero ¿por qué? Es tarea de cada uno de nosotros darse cuenta de sus razones de creer; pues los caminos que llevan a Cristo son tan diversos como los hombres.
Señor, en cuanto a
lo que a mí concierne, y en nombre de los que creen en Ti, por Ti mismo, creo
en Ti, porque, con la ayuda de Tu gracia, ninguna imagen puede reemplazar o
borrar en mí Tu imagen; y porque ninguna palabra puede, tanto como
Padre Lev Gillet
Tropario de
Destruiste la muerte con tu Cruz y abriste al ladrón el Paraíso; a las Miróforas los lamentos trocaste, y a tus Apóstoles ordenaste predicar que resucitaste, oh Cristo Dios, otorgando al mundo la gran misericordia.
Tropario de
Salva, oh Señor, a Tu pueblo y bendice Tu heredad, concede a los fieles la victoria sobre el enemigo y a los tuyos guarda por el poder de Tu Cruz.
Kontakion (Tono 8)
Yo soy Tu siervo ¡oh Madre de Dios! Te canto un himno de triunfo; ¡Combatiente Defensora! Te doy Gracias, ¡Liberadora de los pesares! Y como posees un poder invencible, líbrame de todas las desventuras, para que pueda exclamar: ¡Salve! ¡Oh Novia sin novio!”
Carta a los Hebreos (4:14-5:6)
Hermanos, ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado. Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno. Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana. Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por los propios pecados. Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón. Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”.Como también dice en otro lugar: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”.
Santo Evangelio según San Marcos (8:34-9:1)
En aquel tiempo Jesús llamó a la gente, a la vez que a sus discípulos, y les dijo: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por Mí y por el Evangelio, la salvará. Pues ¿qué aprovecha al hombre si gana el mundo entero y pierde su vida? O, ¿qué recompensa dará el hombre por su vida? Porque quien se avergüence de Mí y de Mis Palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de Su Padre con los santos Ángeles,” Les decía también: “En verdad les digo, que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios”.
¿A quién conmemoramos hoy?
A los Santos Mártires Trófimo y Eucarpio de Nicomedia
Los santos mártires Trófimo y Eucarpio fueron soldados en Nicomedia durante la persecución contra los cristianos bajo el emperador Diocleciano (284-305). Ellos se distinguieron por su gran ferocidad en la realización de todos los decretos del emperador.
Una vez, cuando estos soldados habían alcanzado a algunos cristianos, de pronto vieron una gran nube de fuego que había bajado del cielo, y que se acercaba a ellos. De la nube salió una voz que decía: “¿Por qué son tan celosos en amenazar a mis siervos? No seáis engañados. Nadie puede suprimir a aquellos que creen en mí por la fuerza, es mejor unirse a ellos y descubrir el Reino Celestial”.
Los soldados cayeron al suelo del susto, sin atreverse a levantar los ojos, y sólo se decían unos a otros: “Verdaderamente este es el gran Dios, que se ha manifestado a nosotros. Haremos bien en ser sus siervos”. Entonces el Señor habló diciendo: “Levántense, arrepiéntanse, sus pecados son perdonados”. Cuando se levantaron, vieron dentro de la nube la imagen de un hombre radiante y una gran multitud, alrededor de él.
Los soldados atónitos gritaron con una sola voz: “Recíbenos, pues nuestros pecados son indeciblemente malos. No hay otro Dios sino Tú, el Creador y Dios verdadero, y nosotros aún no hemos sido contados entre tus siervos”. Pero apenas dijeron esto, la nube retrocedió y se levantó hacia el cielo.
Espiritualmente renacidos después de este milagro, los soldados liberaron a todos los cristianos encarcelados. Por esta razón Trófimo y Eucarpio fueron entregados a terribles tormentos. Ellos dieron gracias a Dios, seguros de que el Señor les había perdonado sus pecados anteriores. Finalmente, los santos mártires fueron arrojados al fuego y entregaron sus almas a Dios.
El
Domingo de
En este día, el
tercer domingo de
Explicando
El amor y la fe
Antes que
El amor es el fundamento de la vida. Esta es la verdad fundamental cristiana. Sin amor no hay vida, no hay verdad y no hay comunión con Dios, porque Dios es amor (Jn 4:8,16). Así Jesucristo nos ha enseñado que toda la ley del Antiguo Testamento y los profetas dependen de los dos grandes mandamientos del amor a Dios y a los hombres, y él ha dado su propio “nuevo mandamiento” que sus discípulos deben amar “como yo los he amado” (Jn 13:34).
Así, en
Después de la
llamada al amor, el Símbolo de
La recitación del
Símbolo de la fe en
Nadie puede creer
por otro. Cada uno debe creer por sí mismo. Una persona que cree en Dios, en
Cristo, en el Espíritu Santo, en
Es costumbre en
Continúa la semana próxima
Nuevo curso de SOFIA
Los
Santos Padres de
Desde los orígenes hasta el Concilio de Nicea
A partir del pasado
jueves 15 de marzo comenzó un nuevo curso en SOFIA. En este caso se buscará
profundizar en la lectura de la vida y la obra de los Santos Padres que
lucharon por
Los invitamos a que juntos podamos leer la obra que nos han heredado, que podamos analizar los tiempos que les tocaron vivir (tiempos de persecuciones y de mártires), los distintos problemas a los que tuvieron que enfrentarse, el primer surgimiento de herejías en el seno de la comunidad cristiana y muchos otros temas más. Para inscribirte envíanos un email a arzobispado@acoantioquena.com. Las inscripciones están abiertas hasta el jueves 22 de marzo.
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