Fiesta de la Anunciación a la Madre de Dios
Jesús
Simples Miradas hacia el Salvador (11)
La luz de Jesús
La atmósfera de Jesús es enteramente luminosa. “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8:12). No hay, en Él, ninguna huella de nubes y de tormentas, que tienen el peso y la intensidad de una tempestad, o de tinieblas desgarradas con relámpagos. No hay siquiera penumbra. Todo, en Jesús, tiene una claridad cristalina; pero ella no excluye, a menudo, una agudeza dolorosa.
Alrededor de Jesús, no hay tragedia, porque ningún problema queda sin solución. Y la dificultad del discípulo no está en el hecho de no conocer lo que hay que hacer, sino de tener la fuerza de hacerlo. Lo que llamamos la tragedia de la existencia humana desaparece ante la pura luz de Cristo. Aquel que ve la luz, puede caminar en la luz.
Durante la transfiguración, las vestiduras de Jesús “se volvieron resplandecientes, muy blancas, tal como ningún lavandero sobre la tierra las puede hacer tan blancas” (Mc 9:3). No es posible separar la visión de Jesús - ni la imagen que formamos de Él en nosotros mismos - de esta impresión de luz, de blancura, de pureza deslumbrante.
Jesús es el mar de inmensidad tremenda; el mar de un azul profundo al atardecer; el mar que el sol de mediodía cubre de una blancura cegadora. Y como se funden, en el horizonte, la línea del mar con la línea del cielo, de igual modo, Señor, Te veo, hasta donde mi mirada puede seguirte, perderte en la gloria del Padre.
¿Qué es lo que pasa
en
Los hebreos no
conocían otra luz divina que aquella de la columna de fuego que guiaba a Israel
en el desierto (Cf. Ex 13:21-22). Es una luz limitada, temporaria, que
concierne a un pueblo y a una época determinados. Por otro lado, Jesús se
proclama la luz “del mundo” (Jn 9:5),
luz eterna y universal, que es “
Padre Lev Gillet
Tropario de
Descendiste de las alturas, Compasivo, y aceptaste la sepultura por tres días, para liberarnos de las pasiones; ¡Oh Vida y Resurrección nuestra, gloria a Ti!
Tropario de
Hoy es la corona de
nuestra salvación y la manifestación del misterio que está desde la
eternidad. Pues, el Hijo de Dios se deviene en Hijo de
Kontakion (Tono 8)
Yo soy Tu siervo ¡oh Madre de Dios! Te canto un himno de triunfo; ¡Combatiente Defensora! Te doy Gracias, ¡Liberadora de los pesares! Y como posees un poder invencible, líbrame de todas las desventuras, para que pueda exclamar: ¡Salve! ¡Oh Novia sin novio!”
Carta a los Hebreos (2:11-18)
¡Hermanos!, el que santifica y los que son santificados, todos tienen el mismo origen. Por eso Él no se avergüenza de llamarlos hermanos, cuando dice: “Yo Anunciaré Tu Nombre a mis hermanos, Te alabaré en medio de la asamblea”. Y también: “En Él pondré mi confianza”. Y además: “Aquí estamos yo y los hijos que Dios me ha dado”. Y ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, Él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante Su muerte, a aquel que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte. Porque Él no vino para socorrer a los Ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a Sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote Misericordioso y Fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Y Por haber experimentado personalmente la prueba del sufrimiento, Él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.
Santo Evangelio según San Lucas (1:24-38)
En aquel tiempo, concibió Isabel, mujer de Zacarías; y se mantuvo oculta durante cinco meses diciendo: “Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre los hombres”. Al sexto mes, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: “Alégrate, oh Llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El Ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”. María respondió al Ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?” El Ángel le respondió: “El Espíritu vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que ha de nacer de ti será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquélla que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios”. Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. Y el Ángel dejándola se fue.
¿Qué conmemoramos hoy?
La
anunciación a
La fiesta de
El nombre griego, eslavo
y árabe de la fiesta puede ser traducido como “las buenas noticias”. Esto, por supuesto, se refiere a
Hay dos componentes
principales en
Este texto bíblico,
de hecho, se hace eco en
A diferencia de
Eva, que fue engañada fácilmente por la serpiente,
El icono de la
fiesta muestra al Arcángel con un bastón en su mano izquierda, lo que indica su
papel de mensajero. A veces, sus alas están hacia arriba, como para mostrar su
rápido descenso desde el cielo. Su mano derecha se estira hacia
Explicando
El Canon Eucarístico:
Ahora comienza la
parte de
La forma general del canon eucarístico es propia del ritual de la pascua del Antiguo Testamento, que ahora se cumple y se perfecciona en la nueva y eterna alianza de Dios con los hombres en la persona y obra de Jesucristo, el Mesías, “nuestro Cordero Pascual, que ha sido sacrificado” (I Cor 4:7, ver también Heb 10:5).
La anáfora eucarística comienza así: “¡Estemos de pie respetuosamente! ¡Estemos con temor! Atendamos para ofrecer en paz la santa Oblación”, y el pueblo responde “¡La misericordia de la paz, el sacrificio de alabanza!”
La oblación es Jesucristo, el Hijo de Dios que se ha convertido en el Hijo del Hombre con el fin de ofrecerse a sí mismo al Padre por la vida del mundo. La propia persona de Jesús es la ofrenda de paz perfecta, que trae la misericordia divina y la reconciliación. Este es sin duda el significado de la expresión “la misericordia de la paz”, que ha sido siempre fuente de confusión en los últimos años en todas las lenguas litúrgicas.
Además de ser la ofrenda de paz perfecta, Jesús es también el único sacrificio de alabanza adecuado que los hombres pueden ofrecer a Dios. No hay nada en el hombre comparable con la gracia de Dios. No hay nada con que los hombres dignamente den gracias y alaben al Creador. Esto sería así incluso si los hombres no fueran pecadores. Así, Dios mismo da a los hombres su propio sacrificio más perfecto de alabanza. El Hijo de Dios es verdaderamente humano, para que los seres humanos puedan tener un ser de su propia naturaleza lo suficientemente adecuado a la santidad y a la gracia de Dios. De nuevo, es Cristo el sacrificio de alabanza.
Por lo tanto, en
Cristo, todo se ha cumplido y realizado. En él todo el sistema de sacrificios
del Antiguo Testamento, que en sí es la imagen del esfuerzo universal de los
hombres por ser dignos de Dios, se cumple. Todas las ofrendas posibles son
incorporadas y se perfeccionan en la ofrenda de Cristo en
El celebrante se dirige ahora a la congregación con la bendición trinitaria del apóstol Pablo que podemos encontrar en II Corintios 13:14. Este es el saludo cristiano más elaborado del Nuevo Testamento: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”. Y el pueblo responde: “Y con tu espíritu”.
La gracia de Cristo
es lo primero. En esta gracia está contenida la plenitud del amor de Dios y la
comunión del Espíritu Santo. El celebrante ofrece toda esta abundante “emanación” de la vida interior de
El diálogo eucarístico continúa:
“En alto tengamos los corazones” y “Demos gracias al Señor”. “Digno y justo es adorar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, Trinidad Consubstancial e indivisible”.
Como los hombres en
Cristo elevan los dones eucarísticos, elevan también sus corazones. En
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las cosas que están en la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3:1-3)
La manera de
elevarnos a Dios es a través de la acción de gracias. La palabra eucaristía en griego significa acción de
gracias.
El pecado del hombre, el origen de todos sus problemas, la corrupción y por último la muerte, es su incapacidad de dar gracias a Dios. La restauración de la comunión con Dios y con toda la creación en él, es a través de la acción de gracias en Cristo. Jesús es el único hombre verdaderamente agradecido, humilde y obediente a Dios. En él, como el único Hijo amado de Dios y el único perfecto Adán, todos los hombres pueden elevar sus corazones y dar gracias al Señor: “Porque hay un... solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, que se entregó en rescate por todos...” (I Tim 2:5).
Cabe señalar aquí
que la afirmación: “Digno y justo es”
se expande en forma más proporcionada solamente en la tradición eslava de
Continúa la semana próxima
Ultimos Boletines
| 19 Mayo 2013 | Domingo de las Mujeres Miróforas |
| 12 Mayo 2013 | Domingo Nuevo: de Santo Tomás |
| 5 Mayo 2013 | Domingo de la Gloriosa Pascua de Resurrección |
| 28 Abril 2013 | Domingo de Ramos |
| 21 Abril 2013 | Domingo de Santa María de Egipto |