Domingo de las Miróforas

Se dedica el tercer domingo de la Pascua a las mujeres miróforas (portadoras de bálsamo) quienes cuidaron el cuerpo de Cristo en su muerte y quienes fueron las primeras testigos de Su Resurrección. Nuevamente se cantan los mismos tres troparios que cantamos el  Viernes Santo, los cuales expresan el tema del día:

 El Noble José habiendo bajado Tu Cuerpo Purísimo del madero,
lo ungió con aromas, lo envolvió en un fino lino,
y lo depositó en un sepulcro nuevo.

Cuando descendiste a la muerte, oh Vida Inmortal,
Mataste al Hades con el rayo de Tu Divinidad.
Y cuando levantaste a los muertos del fondo de la tierra
todas los potestades celestiales clamaron.
Oh Dador de Vida, Cristo Dios, Gloria a Ti.

El ángel que estaba junto al sepulcro dijo a las Miróforas:
La mirra es apta para los muertos,
pero Cristo se ha mostrado libre de corrupción.

Todos amamos, pero pocos se atreven a amar a los otros más que a sí mismos; que amemos es algo natural, mientras el amor que expone el evangelio necesita mucha valentía. Con dicha valentía las mujeres Miróforas se dirigieron hacia el sepulcro del crucificado sin temor alguno ni de las críticas ni de la crueldad de los soldados que vigilaban el sepulcro; pues, “pasado el Sábado” madrugaron ante el sepulcro para embalsamar a quien amaron verdaderamente. Esta valentía tiene como criterio la sabiduría de la fe que, según el mundo, es locura, ya que requiere de mucho riesgo “la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción en cosas que no se ven” (Heb 11, 1). Pero si la fe es el criterio de la valentía, esta última es el índice de la primera “quien se avergüence de mí y de mis palabras, de ése se avergonzará el Hijo del hombre, cuando venga en su Gloria...” (Lc 9:26). La valentía y la iniciativa amorosa hizo de la Miróforas las primeras que atestiguaron la Resurrección de Cristo. Arriesguémonos como ellas para obtener la alegría que han tenido y para anunciarla.

Estas mujeres elegidas por Dios fueron: María Magdalena, María la de Santiago, María la de José, María la de Cleofás, Juana mujer de Cuza mayordomo de Herodes, Salomé, Susana, Marta y María, las hermanas de Lázaro y otras que no nombraron los evangelistas. Juntamente con las Miróforas se festeja también a los dos nuevos discípulos de Nuestro Señor: José de Arimatea y Nicodemo que se encargaron del descendimiento del cuerpo del Señor de la Cruz y su posterior depósito en un sepulcro nuevo.

Las mujeres de la resurrección tienen una hermosa representación en el icono llamado “las miróforas ante el sepulcro”. La tradición de este icono es muy antigua. Aparece en los frescos murales de la Iglesia de Doura Europos del siglo III, o en las “ampollas de Monza” que provienen de Palestina y se remontan a los siglos IV-V. La escena es siempre la misma. Un grupo de mujeres, de dos a cuatro, llevando bien visibles entre sus manos los frascos de ungüento perfumado para las unciones, se acercan al sepulcro. Contemplan la piedra levantada, los vestidos están por el suelo. Un Ángel vestido con vestiduras blancas, les señala el sepulcro vacío y las vendas por el suelo, con un gesto que parece acompañar con las palabras del anuncio evangélico: “Ha resucitado, no está aquí. Id a anunciar a sus discípulos” (Mt 28:5-7). Los ojos de las Miróforas miran al Ángel y al sepulcro, pero se encuentran también en una mirada recíproca como si se dijesen unas a otras la noticia. Parece que traen todavía el luto del día de la muerte del Señor pero poco a poco se van iluminando sus ojos con la luz de la Pascua del Señor que ha vencido a la muerte.