Santo Mártir Nicéforo

El Santo Mártir Nicéforo vivió en la ciudad de Antioquía en Siria. En esta ciudad vivía también el presbítero Sapricio, con quien Nicéforo era muy amable, así que eran considerados como hermanos. Se pelearon por algún desacuerdo que existió entre ambos, y su antigua amistad se transformó en enemistad y odio.

Después de un cierto tiempo Nicéforo volvió en sí, se arrepintió de su pecado y más de una vez le pidió a Sapricio, a través de amigos comunes, que lo perdonara. Sapricio, sin embargo, no quería perdonarlo. Nicéforo entonces fue a ver a su antiguo amigo y fervientemente le pidió perdón. Sapricio se mostró inflexible.

Precisamente en ese momento los emperadores Valeriano (253-259) y Galio (260-268) comenzaron a perseguir a los cristianos, y uno de los primeros en ser llevado ante el tribunal fue el sacerdote Sapricio. Confesó tan firmemente su fe cristiana que fue sometido a torturas y condenado a la muerte por decapitación. Mientras se llevaban a Sapricio a la ejecución, Nicéforo imploró con lágrimas su perdón diciendo: “¡Oh mártir de Cristo, perdóname si he pecado contra tí de cualquier manera!”.

El sacerdote Sapricio permaneció en su terquedad, e incluso cuando se acercaba a la muerte se negaba a perdonar a su hermano en la fe. Al ver la dureza de su corazón, el Señor retiró su bendición sobre Sapricio, y no lo dejaba recibir la corona del martirio. En el último momento, de repente, por miedo de la muerte, accedió a ofrecer sacrificios a los ídolos. En vano San Nicéforo instó a Sapricio que no perdiera su recompensa a través de la apostasía, ya que él ya estaba en el umbral del Reino celestial.

San Nicéforo entonces dijo al verdugo: “Yo soy cristiano, y creo que en nuestro Señor Jesucristo. Ejecútame en el lugar de Sapricio”. Los verdugos informaron esto al gobernador. Él decidió liberar a Sapricio y decapitar a Nicéforo en su lugar. Así fue como San Nicéforo heredó el reino y recibió la corona del martirio.