Santo Mártir Eutropio y sus compañeros

Los santos mártires, Eutropio Cleónico y Basilico sufrieron el martirio en la ciudad de Amasia (en Asia Menor) alrededor del año 308. Eutropio y Cleónico eran hermanos y Basilico era sobrino del gran mártir Teodoro (17 de febrero), y todos ellos discípulos del gran Mártir. Después de la muerte de San Teodoro, terminaron en la cárcel y por su predicación muchos de los presos abrazaron la fe cristiana.

Después de la muerte de San Teodoro, Asclepiodoto fue elegido como gobernador de Amasia, y fue más cruel que su predecesor. Conociendo que los compañeros de San Teodoro se encontraban en prisión, el gobernador mandó que se los trajeran. San Eutropio, Cleónico y Basilico firmemente confesaron su fe en Cristo ante este nuevo gobernador y por eso fueron golpeados sin piedad.

Mientras eran torturados San Eutropio oró en voz alta al Salvador diciendo:“Concédenos, Señor, soportar estas heridas por el bien de la corona del martirio, y ayúdanos tal como lo hiciste con tu siervo Teodoro”. En respuesta a la oración del santo, el Señor apareció a los mártires con sus ángeles y el gran mártir Teodoro y les dijo: “He aquí que el Salvador ha venido a ayudarlos, para que puedan conocer la vida eterna”.

A los soldados y a muchos de los que estaban cerca, se les concedió contemplar al Salvador. Entonces instaron a Asclepiodoto para que detuvieran las torturas. Al ver que la gente estaba angustiada y dispuesta a creer en el Dios verdadero, el gobernador mandó que se detuviera el martirio. El gobernador exhortó a Eutropio que ofreciera un sacrificio público a los dioses paganos, pero que permaneciera cristiano de alma. Eutropio rechazó esta oferta.

Al día siguiente trajeron los mártires a un templo pagano, para obligarlos a ofrecer sacrificio. Eutropio oró al Salvador: “Señor, quédate con nosotros, y destruye la furia de los paganos. Concédenos que en este lugar el sacrificio incruento de los cristianos sea ofrecido a Ti, el Dios verdadero”. Tan pronto como estas últimas palabras fueron dichas, un gran terremoto comenzó. Las paredes del templo se derrumbaron, y la estatua de la diosa Artemisa se rompió en pedazos. Todo el mundo huyó del templo para evitar ser aplastado entre los escombros. En el ruido del sismo se oyó una voz de lo alto: “Tu oración ha sido escuchada, y en este lugar una casa de oración cristiana debe ser construida”.

Cuando el terremoto terminó, el gobernador Asclepiodoto, apenas repuesto del susto, dio órdenes de poner estacas de madera en el suelo, atar los mártires y derramarles brea hirviendo sobre ellos. Los santos soportaron este tormento con firmeza notable.

La noche antes de su ejecución a los santos pasaron su tiempo en la oración, y de nuevo el Señor se les apareció y los fortaleció.

En la mañana del 3 de marzo san Eutropio y Cleónico fueron crucificados. Basilico fue dejado en prisión. Él fue ejecutado el 22 de mayo en la ciudad de Komana. Lo decapitaron y arrojaron su cuerpo a un río. Los cristianos encontraron sus restos y los enterraron en un campo arado. Más tarde, en Komana una iglesia fue construida y dedicada a San Basilico.