Nuestro Padre entre los Santos, Basilio el Grande, Arzobispo de Cesarea en Capadocia

Nacido alrededor del año 329 en Cesarea, capital de Capadocia (la actual Kayseri, en Turquía), en el seno de una familia ampliamente reconocida por su cultura y santidad, Basilio perfeccionó su formación en las escuelas más importantes de Constantinopla y Atenas. Fue precisamente en esta última capital en donde entabló una profunda amistad, que perduraría toda su vida, con Gregorio de Nacianzo, quien después sería honrado y conocido como “el Teólogo”. Allí también en Atenas, apenas cumplidos los veinte años de edad y concluidos sus estudios, es atraído con gran fuerza a una vida en Cristo e inicia su corto pero exuberante camino a la santidad que lo llevaría a ser honrado como “quien revela cosas celestiales” y “el Grande”. En una de sus cartas, San Basilio nos habla de esta primera etapa de su bienaventurada vida:

“He perdido casi toda mi juventud en el vano trabajo al que yo me aplicaba para adquirir las enseñanzas de la sabiduría que Dios proclama loca. Un día, me desperté como de un profundo sueño, volví los ojos hacia la admirable luz de la verdad evangélica, y vi la inutilidad de la sabiduría de los príncipes de este mundo, abocados a la destrucción. Entonces lloré mucho por mi vida miserable. Y pedía que alguien me diese su mano para introducirme en las doctrinas de la piedad. Ante todo me preocupaba de enmendar mis costumbres largo tiempo pervertidas por frecuentar a gente de mala vida. Así, pues, habiendo leído el Evangelio y habiendo observado que un modo eficaz de alcanzar la perfección consistía en vender las posesiones, en compartir su producto con mis hermanos los pobres, en quedar completamente libre de los cuidados de esta vida y en no permitir a complacencia alguna el hacer a mi alma volverse hacia las cosas de aquí abajo, yo ardía en deseos de hallar entre los hermanos a alguien que hubiera escogido este mismo camino de la vida, con el fin de franquear juntos el oleaje de esta vida. Descubrí muchos hombres de esta clase en Alejandría, en Egipto... Por eso, cuando vi que algunos en mi patria se esforzaban por imitar sus virtudes, creí haber hallado una ayuda para mi salvación.