La Santa Mártir Tatiana

La Santa Virgen Mártir Tatiana nació en una familia romana ilustre. Su padre había sido elegido cónsul tres veces. Él era cristiano en secreto y crió a su hija para ser dedicada a Dios y a la Iglesia. Cuando llegó a la edad de la madurez, Tatiana decidió permanecer virgen, uniéndose a sí misma a Cristo. Despreciando las riquezas terrenales buscó en su lugar la riqueza imperecedera de los Cielos. Ella se hizo diaconisa en una de las iglesias romanas y sirvió a Dios en ayuno y oración, ayudando a los enfermos y a los necesitados.

Cuando Roma fue gobernada por Alejandro Severo, de solo dieciséis años de edad (222-235), todo el poder se concentró en manos del regente Ulpiano, un enemigo y perseguidor de los cristianos. La sangre cristiana fluía como el agua. Tatiana también fue detenida, y la trajo al templo de Apolo para obligarla a ofrecer sacrificios al ídolo. La santa comenzó a orar, y de repente se produjo un terremoto. El ídolo se rompió en pedazos, y parte del templo se derrumbó y cayó sobre los sacerdotes paganos. El demonio que habitaba en el ídolo huyó de aquel lugar. Los presentes vieron su sombra volando por el aire.

Luego le arrancaron los ojos a la virgen Tatiana, pero ella valientemente soportó todo, orando por sus verdugos para que el Señor abriera sus ojos espirituales. Y el Señor escuchó la oración de su sierva. Los verdugos vieron cuatro ángeles rodeando a la santa. Se oyó una voz de los cielos que hablaba a la santa virgen. Los ocho hombres creyeron en Cristo y cayeron sobre sus rodillas ante Santa Tatiana, rogándoles que les perdonase sus pecados en contra de ella. Por confesarse cristianos fueron torturados y ejecutados, recibiendo el bautismo de sangre.

Al día siguiente, Santa Tatiana fue llevada ante un juez inicuo. Al verla completamente curada de todas sus heridas, la desnudaron, la golpearon y cortaron su cuerpo con hojas de afeitar. Sin embargo, una fragancia maravillosa llenaba el aire. Luego arrojaron a la santa a la cárcel, donde oró toda la noche y cantó alabanzas al Señor junto a los ángeles.

Una nueva mañana comenzó, y tomaron a Santa Tatiana al tribunal una vez más. Los torturadores contemplaron con asombro que después de tales tormentos terribles ella apareció completamente sana y aún más radiante y hermosa que antes. Comenzaron a obligarla a ofrecer sacrificios a la diosa Diana. Tatiana hizo la señal de la cruz y comenzó a orar. De repente, hubo un trueno ensordecedor, y un rayo cayó sobre la estatua.

Una vez más, la mártir fue ferozmente torturada. Esa noche, los ángeles se le aparecieron en la cárcel y sanaron sus heridas como antes. Al día siguiente, tomaron a Tatiana al circo y soltaron un león hambriento. La bestia no la dañó sino que dócilmente lamió sus pies.

Tiraron a Tatiana al fuego, pero el fuego no dañó a la gran mártir. Los paganos, pensando que ella era bruja, le cortaron el cabello para quitarle sus poderes mágicos, y luego la encerraron en el templo de Zeus.

Al tercer día, los sacerdotes paganos llegaron al templo con la intención de ofrecer sacrificios a Zeus. Contemplaron al ídolo en el suelo, roto en pedazos, y la santa mártir Tatiana gozosamente alabando al Señor Jesucristo. El juez condenó a la valiente víctima que fuera decapitada. Su padre también fue ejecutado junto a ella, porque él la había criado para amar a Cristo.