El Santo Apóstol Timoteo, discípulo de San Pablo

El Santo Apóstol Timoteo era originario de la ciudad de Listra, Licaonia, en Asia Menor. Él se convirtió a Cristo en el año 52 por intermedio del Santo Apóstol Pablo. Cuando los apóstoles Pablo y Bernabé, visitaban por primera vez las ciudades de Licaonia, san Pablo sanó a un cojo de nacimiento. Muchos de los habitantes de Listra, entonces, creyeron en Cristo, y entre ellos estaban Timoteo, su madre Eunice y su abuela Loida (Lois) (mencionadas en Hec 14:6-12; II Tim 1:5).

La semilla de la fe, sembrada en el alma de San Timoteo por el apóstol Pablo, dio abundante fruto. Se convirtió en discípulo de San Pablo, y más tarde, en su compañero inseparable en el trabajo de la predicación del Evangelio. El apóstol Pablo quería a San Timoteo y en sus epístolas lo llama como su hijo amado, recordando su devoción y fidelidad con gratitud.

A Timoteo le escribió: “Tú, en cambio, has seguido de cerca mi enseñanza, mi modo de vida y mis proyectos, mi fe, mi paciencia, mi amor y mi constancia…” (II Tim 3:10-11). El apóstol Pablo nombró a San Timoteo como obispo de Efeso, donde el santo permaneció durante quince años. Por último, cuando San Pablo estaba en prisión y en espera del martirio, llamó a su fiel amigo, San Timoteo, para un último adiós (II Tim. 4:9).

San Timoteo durmió en el Señor como mártir. Los paganos de Éfeso celebraban un festival en honor de sus ídolos, y solían marchar por la ciudad llevando a sus ídolos acompañados de ceremonias y canciones impías. San Timoteo, celoso de la gloria de Dios, trató de poner fin a la procesión y los paganos airadamente cayeron sobre el santo apóstol, lo golpearon, lo arrastraron por el suelo, y, finalmente, lo mataron. El martirio de San Timoteo se produjo en el año 93.

En el siglo IV las reliquias de San Timoteo fueron trasladadas a Constantinopla y colocadas en la iglesia de los Santos Apóstoles cerca de las tumbas de San Andrés y San Lucas. La Iglesia honra a San Timoteo como uno de los Setenta Apóstoles enviados por el Señor en el Evangelio.

En la práctica Rusa, la parte de atrás de la cruz de un sacerdote es a menudo inscrita con las palabras de San Pablo a San Timoteo: “Sé ejemplo para los creyentes en palabra y conducta, en amor, fe y pureza” (I Tim 4:12).