Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquia

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 "...en Antioquia fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos..."Hch. 11:26

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25 de Diciembre: Fiesta de La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

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"El Ayuno de la Navidad" por Rvdo. Padre Atanasio Salhany

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Tropario de la Fiesta

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Explicación del Icono de la Natividad del Señor

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Homilía de la Navidad de San Juan Crisóstomo

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Los Oficios en tiempo de Navidad

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Los Reyes Magos

 

Tropario de la Fiesta

“Tu nacimiento, Cristo nuestro Dios,

ha mostrado al mundo la luz de la sabiduría.

Porque los que adoraban las estrellas fueron enseñados

En tu navidad por una estrella a adorarte, oh Sol de Justicia,

Y a saber que tu viniste del Oriente de las alturas,

Oh Señor, gloria a Ti”

 Explicación del Icono de la Navidad

La estrella:
La estrella que es vista en el lado superior del icono representa a los cielos y a la Trinidad regocijándose por el glorioso nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Brillando más que nada en esa noche, la estrella guió a los magos al lugar del nacimiento de Cristo. De esa estrella surgen tres líneas, las cuales simbolizan a la Santísima Trinidad.
 Los ángeles:
 Los ángeles fueron quienes trajeron las buenas nuevas a los pastores que cuidaban sus rebaños. El Evangelista Lucas escribe: “El ángel les dijo: "No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre." Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace." (Lc 2:10-14)
 Los magos:
Los magos trajeron oro, incienso y mirra. El nombre de magos es una adaptación griega a la palabra “sabios” de Oriente. Los mismos fueron guiados por la estrella hasta el pesebre donde Jesús nació. La Biblia dice: “Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo". (Mt 2:2) y en otro lugar se escribe: “y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra” (Mt 2:11).
 Los pastores:
Los pastores fueron los primeros en adorar al Señor Jesús nacido de la Virgen. Esto simboliza a Cristo “Buen Pastor”.
San José:
San José es visto al costado izquierdo inferior del icono como un hombre pensativo, dudando sobre el nacimiento virginal. A su derecha aparece un anciano, que hace dudar a San José. Este es Satanás que tienta a san José con la duda. Pero María lo mira: y José sabe en su mirada que su pureza supera todo.
 La cueva:
La cueva simboliza nuestras luchas. La cueva aparece negra, oscura, debido al pecado del hombre en la tierra. Esta misma cueva es iluminada por la encarnación de Cristo. Cristo nace en esta cueva oscura trayendo luz al mundo, como Sol de Justicia.
Cristo:
Nuestro Señor es visto amortajado: esto no solo significa su total sumisión a la naturaleza humana sino también la prefiguración de su muerte. Reposa en una especie de Altar como Pan de Vida.
 La Virgen:
La figura principal de este icono es la Virgen María. María reposa sobre un manto rojo que simboliza la vida. María no mira al niño sino reza por su esposo, San José, para que venza en sus tentaciones, como lo hace por nosotros también.

Homilía de la Navidad de San Juan Crisóstomo

¡Me sorprende un nuevo y maravilloso misterio!

Mis oídos resuenan ante el himno de los pastores, que no entonan una melodía suave sino un himno celestial ensordecedor.

¡Los ángeles cantan!

¡Los Arcángeles unen sus voces en armonía!

¡Los Querubines entonan sus alabanzas llenas de gozo!

¡Los Serafines exaltan Su gloria!

Todos se unen para alabar en esta santa festividad, sorprendiéndose ante el mismo Dios aquí… en la tierra y el hombre en el cielo. Aquel que está arriba, por nuestra salvación reposa aquí abajo; y nosotros, que estábamos abajo somos exaltados por la divina misericordia.

 Hoy Belén se asemeja a los cielos, escuchando desde las estrellas el canto de las voces angélicas y, en lugar del sol, presencia la aparición del Sol de la Justicia. No pregunten como es esto, porque donde Dios desea, el orden de la naturaleza es cambiado. Porque Él quiso, tuvo el poder para descender. Él salvó. Todo se movió en obediencia a Dios.

Hoy, Aquel que es, nace. Y Aquel que es, se convierte en lo que no era. Porque cuando era Dios, se hizo hombre sin dejar de ser Dios…

Y así los reyes llegaron, viendo al Rey celestial que vino a la tierra, sin traer ángeles, ni arcángeles, ni tronos, ni dominaciones, ni poderes, ni principados, sino iniciando un nuevo y solitario camino desde un seno virginal. Y sin embargo no olvidó a sus ángeles, no los privó de su cuidado, porque por su encarnación no ha dejado de ser Dios.

Y, miren: los reyes han llegado, para servir al Jefe de los ejércitos celestiales; las mujeres vienen a adorarlo, pues ha nacido de una mujer, para que cambie las penas del alumbramiento en gozo; las vírgenes, al hijo de la Virgen…

Los niños vienen a adorarlo pues se hizo niño, porque de la boca de los niños perfeccionará la alabanza; los niños, al niño que levantó mártires por la matanza de Herodes;

Los hombres a Aquel que se hace hombre para curar las miserias de sus siervos.

Los pastores, al Buen Pastor que da la vida por sus ovejas; los sacerdotes, a Aquel que se hace Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.

Los siervos, a Aquel que tomó la forma de siervo, para bendecir nuestro servicio con la recompensa de la libertad (Fil 2:7);

Los pescadores, al Pescador de la humanidad;

Los publicanos, a Aquel quien estando entre ellos los nombró evangelistas;

Las mujeres pecadoras a Aquel que entregó sus pies a las lágrimas de la mujer arrepentida, y para que pueda abrazarlos también yo; todos los pecadores han venido, para poder ver al Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo.

Por eso todos se regocijan, y yo también deseo regocijarme. Deseo participar de esta danza y de este coro, para celebrar esta fiesta. Pero tomo mi lugar, no tocando el arpa ni llevando una antorcha, sino abrazando la cuna de Cristo.

 ¡Porque ésta es mi esperanza!

¡Ésta es mi vida!

¡Ésta es mi salvación!

¡Éste es mi canto, mi arpa! Y trayéndola en mis brazos, vengo ante ustedes habiendo recibido el poder y el don de la palabra, y con los ángeles y los pastores canto:

¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!