Mensaje de Su Eminencia Reverendísima Monseñor Siluan Muci
en ocasión de Su Entronización en la Catedral San Jorge
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, domingo 10 de diciembre 2006
“Gratitud y llamado”
Primeramente dirijo un especial agradecimiento, en nombre mío y vuestro, a Su Beatitud el Patriarca Ignacio IV Hazim y les transmito su paternal bendición. Así también agradezco a los Arzobispos, miembros del Santo Sínodo Antioqueno por la confianza, la providencia y el amor que tienen por nuestra iglesia en Argentina, pido sus oraciones y bendiciones apostólicas para nosotros.
También rindo mi gratitud especial a los Arzobispos Antonio (Metropolita de Méjico), Sergio (Metropolita de Chile), Damaskinos (Metropolita de Brasil), George (Metropolita de Homs, Siria) y Yohanna (obispo del Hosn, Siria) por su compañía, queriendo participar junto a nosotros de esta tan preciada celebración, habiendo viajado desde tan lejos para transmitirnos sus bendiciones y mostrarnos su amor. En mi nombre y en nombre de todos ustedes les agradezco desde lo más profundo de mi corazón y pido a Dios les conceda larga vida en el servicio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa. El hecho de estar presentes con nosotros es un gran testimonio y la muestra más clara de nuestra unidad en la Sede Antioquena, en Medio Oriente y en la diáspora, y señal para acrecentar este testimonio a nuestros hijos en todo el mundo.
Quisiera asimismo agradecer a los obispos de todas las Iglesias en Argentina y sus representantes, a quienes representan al Ministerio de Relaciones Exteriores y a la Secretaría de Culto, a los Embajadores de Líbano y de Siria en Argentina, por estar presentes y acompañarnos: a Su Excelencia Doctor Hicham Hamdan y a Su Excelencia Doctor Riad Sneth.
Agradezco también a los reverendos padres, los sacerdotes, y a los miembros de la Arquidiócesis toda, a los miembros de las comisiones e instituciones parroquiales, a los benefactores, tanto a quienes colaboraron económicamente como a quienes brindaron su ayuda en la organización de ésta recepción, también agradezco la presencia de todos ustedes, y especialmente de aquellos que viajaron desde lejos para llegar aquí a Buenos Aires. Les aseguro que hemos de encontrarnos nuevamente para orar, hablar, pensar y trabajar juntos.
Mi alegría es grande por la alegría que veo en vuestros corazones.
Mi fe es grande por la gracia que les ha sido dada para crecer y hacer crecer vuestra iglesia.
Mi esperanza es grande porque con la ayuda de Dios y vuestra buena voluntad trabajaremos juntos para conseguir que vuestra iglesia sea lo que anhelan de ella por medio de la evangelización, la enseñanza, la santificación, la planificación y la administración.
Mi gratitud a Dios es grandísima porque él ama a su iglesia con gran amor y se desvela por ella en todo momento y ante toda situación, ésta es su iglesia y Él es quien se entrega a ella con su propia sangre. Y nosotros, de pie y con reverencia frente suyo teniendo en nuestras manos este encargo, hemos sido llamados a ser los buenos mayordomos y verdaderos hacedores de nuestra iglesia y de nuestros hijos, especialmente los jóvenes.
A cada uno de nosotros se nos ha concedido un don, una gracia especial, y el mejor lugar para desarrollarla es en la iglesia. Se nos ha dado mucho, ¿Cómo lo retribuimos? Lo retribuimos entregando a los demás. Las Escrituras dicen: “gratis recibisteis, dadlo gratis” (Mateo 10:8). Daremos más de lo que tenemos, y entregaremos mejor de lo que recibimos. Este es nuestro deber.
La iglesia es un llamado, si respondemos lo es y si lo rechazamos no lo es. Es una posibilidad que depende de nuestra respuesta. Somos ciudadanos de la iglesia antes que nada. Y la iglesia nos ubica como ciudadanos del cielo y nos muestra el camino hacia él. No hay duda que existen dificultades en la iglesia, por eso pensaremos y trabajaremos juntos para resolverlas. La meta es que seamos nosotros Iglesia. Ella se forma de personas antes que de piedras. Las personas crean y construyen las piedras. Por eso ustedes son las piedras fundamentales de la Iglesia. Ustedes construirán. Yo llegué para ayudarlos a concretar esto. Dependo de ustedes. Por eso les ruego que vuestra respuesta sea siempre con fuerza, con sinceridad y nacida del corazón. Así lo espero.
Y ante esto quiero dirigirme a los jóvenes con palabras de padre. Ustedes son nuestro esplendor, nuestro gozo y nuestra esperanza. La iglesia es de ustedes y ella está para ustedes, se ha construido mucho por ustedes, concluir esto está en vuestras manos. Vuestras ideas y sueños, vuestro fervor y amor por la vida tienen el lugar más preciado e importante en la iglesia. Queremos que ustedes sean quienes piensen y obren lo más posible que sea en el servicio de la evangelización cristiana en idioma español usando de vuestra fe, usando lo mejor de nuestra tecnología. La necesidad es muy grande en toda América Latina y deben ser ustedes quienes respondan a éste llamado poniendo todo lo que poseen en conocimientos, creatividad, pensamiento y amor. Buenos Aires ya no será conocida como la “París” de América Latina por su cultura, por el arte o por todo lo que la caracteriza, sino que será conocida por su fuerza evangelizadora y su testimonio cristiano en todos los ámbitos, desde Internet hasta todos los medios de comunicación, la radio y la informática. Les ruego que estén siempre atentos a nuestro sitio en Internet, será éste nuestro medio para encontrarnos en un país tan extenso y con tantas posibilidades como la Argentina. Tendremos en el sitio web de la Arquidiócesis programas en vivo de educación cristiana y de formación teológica empezando a partir del próximo ciclo lectivo.
Nuestros sueños son grandísimos. Que se concreten en ustedes porque son para ustedes. Somos llamados a responder a este llamado, y estoy seguro que responderán y con fuerza.
Quisiera concluir citando las palabras del apóstol Pablo: “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (II Cor 13:11). Amén.