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2 de
diciembre de 2007
Palabras pronunciadas por S. E. R. Monseñor Siluan Muci
en
el agasajo ofrecido por la Comunidad ortodoxa de Buenos Aires
"Aniversario de entronización"
“¡Cuantas veces quise reunir a sus hijos
a la
manera que la gallina reúne a sus pollos bajo las alas!” (Mt.
23, 37)
En la oportunidad de este primer
aniversario de mi entronización, quiero agradecer en primer lugar a
nuestro Señor por todas las bendiciones que me otorgó. La mayor de estas
bendiciones es tener aquí una familia tan grande. Cada visita que hice a
la casa de ustedes fue una vivencia muy grata, que me deparaba sorpresas,
ya que al conocer sus rostros y a cada uno de ustedes esa experiencia
significaba, sin excepción, una satisfacción muy grande, para mí. Me sentí
no solamente unido sino uno con cada uno de ustedes, grandes y chicos
(mayores y menores). No dejo de expresar que como si estuviera con mi
familia y en mi casa, y esto lo digo de corazón; ya lo saben, no es un
secreto.
Sin embargo, al verlos presentes en el almuerzo en forma multitudinaria,
por el amor y la deferencia que me tienen, es mi anhelo verlos de la misma
manera en la Iglesia. ¡Pues no alcanzaría el lugar! No tengo claro qué es
lo que ocurre. Pero, para mí, ustedes son los dueños de la casa y estoy
buscando qué les puedo ofrecer. Mi Empleador, el que yo sirvo, me mandó
para estar con ustedes, me dio una iglesia y esta iglesia se la estoy
ofreciendo. Mi Empleador es muy generoso, muy amoroso y les desea todo el
bien, toda la gracia, toda la paz, etc. Todo lo que necesitan se encuentra
en abundancia en esta iglesia, y está disponible para todos los que se
acercan con fe y humildad. Los quiero ver creciendo en la Iglesia. Es el
único deseo que tengo.
Nuestra Iglesia tiene un testimonio único en este país. Cuesta pertenecer
a esta Iglesia. Es cierto que ir a la iglesia del barrio no nos cuesta,
porque todo está listo allí para los fieles. Es más fácil. En cambio,
nuestra Iglesia presenta un aspecto diferente. Porque todo está a cargo
nuestro. Nos cuesta tiempo, paciencia, reflexionar, preocuparse, el
aprendizaje del financiamiento y comprometerse. Es más difícil. Sin
embargo, ¡la recompensa es muy grande! Es mi convicción profunda y la
quiero compartir con ustedes, quizás esté expresando la suya.
Por lo tanto, su testimonio es único. Es nuestro orgullo y nuestro honor.
Asumir cuesta aquí, pero para el que ama, es una alegría. En este sentido
quiero agradecer a la familia de la Catedral por su sacrificio y entrega,
a los sacerdotes y sus familias como así también a los colaboradores en la
secretaría y el trabajo eclesiástico, los cuales sirven discretamente en
su Iglesia. Al mismo tiempo, quiero destacar otro testimonio, el del
consejo ortodoxo saliente, cuyos miembros se comprometieron para
posibilitar que el período de transición fuera lo menos traumático posible
con toda la responsabilidad y el sacrificio que implicaba tal compromiso.
A este testimonio se agrega otro, ya conocido en todo el país, el del
consejo ingresante, constituido por una mayoría de jóvenes empresarios y
profesionales quienes se dedicaron a todos lo niveles asumir todo la
responsabilidad de su Iglesia, no solamente a nivel del mantenimiento de
la Iglesia y la organización de la administración, sino también a nivel de
la obra del Centro Cultural de San Jorge, lo cual sería un centro
destacado con la sede arzobispal, así como fue proyectado y aprobado en la
última reunión del Consejo central Arquidiocesano. Todo esto no lo hacen
por su propia gloria, sino en nombre de todos ustedes y para ustedes.
También quiero destacar tres otros grupos de trabajo y de actividades, el
de las Damas de la Santa Cruz, el de los matrimonios jóvenes, y el de la
juventud. Son grupos de trabajo pastorales y núcleos que invitan a todos a
participar de la misma, y no solamente de las actividades que hacen
eventualmente. Son espacios de encuentro, de actividad, de reflexión, que
complementan su participación de los oficios y de la divina liturgia. Ya
empezó a movilizarse todo un espectro de estructuras, de organización, de
acciones y de proyectos de los cuales están invitados a sumarse.
Yo sé que tienen una inquietud mayor con respecto a la juventud, sus
propios hijos. Para mí, este desafío no consiste en que ellos tienen miedo
o desinterés de Dios, de la Iglesia o de la fe, sino de las
representaciones que tienen, a veces, a través de los mayores con sus
palabras, actitudes o testimonio. Aparentemente, están dejando de lado
esta imagen que perciben y no la realidad que desconocen ahora, y tienen
en cambio el derecho de buscar y conocer. Es nuestra responsabilidad
rectificar esta imagen que tienen, y juntos con ellos, revertir la
impresión, y ofrecerles su Iglesia para que tengan la alegría de venir,
aprender, participar y ser líderes y servidores en la misma.
Todos nosotros tenemos hoy la conciencia que hay mucho para hacer para
construir la comunidad. Esto va a llevar tiempo, y necesita de la
perseverancia y la entrega de parte de todos. Por lo tanto, cuando piensen
en San Jorge y su Iglesia, les pido tener siempre a mano algo que es muy
precioso y no cuesta nada, ¡es esbozar una sonrisa!
¡Que Dios los bendiga a todos! Amén.
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Siluan
Arzobispo de Buenos Aires
Y toda la Argentina
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