
Iglesia CATÓLICA APOSTÓLICA ORTODOXA DE ANTIOQUIA
Mensaje Pastoral por la Fiesta de San Pedro y San Pablo 2007 (Mateo 16, 13-19)
"Fundación y continuación"
“…sobre esta piedra (la fe de Pedro) edificaré yo mi Iglesia,
y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”
La conmemoración de la fiesta de los fundadores del Patriarcado de Antioquia, San Pedro y San Pablo, es muy querida para toda la cristiandad y para nosotros particularmente. En la memoria de los santos Pedro y Pablo se desempeña la fe que ambos confesaron y predicaron que se proyectó en su compromiso apostólico y su dedicación total a llevar a cabo.
No es por casualidad que la Iglesia instituyó un ayuno desde la semana posterior a Pentecostés hasta el 29 de junio, día de la conmemoración en cuestión. Aunque es un ayuno desconocido generalmente por parte de los fieles, sin embargo se estableció para prepararnos a entregarse al espíritu de la fiesta que las lecturas bíblicas nos invitan a asimilar. El Evangelio presenta la confesión de fe de Pedro: “Señor, tu eres el Cristo, el Hijo de Dios”, y la carta del apóstol Pablo presenta su sacrificio en la predicación de la fe a las naciones.
En esa perspectiva, nuestro Patriarcado tiene una herencia apostólica inmensa. Cristo nació sobre la tierra de nuestro Patriarcado y formó el grupo de los apóstoles. Allá también se escribieron los evangelios. Antioquia fue la base de las misiones del apóstol Pablo, abrazó a la primera Iglesia de los gentiles. Allá se encontraron los primeros íconos de la cristiandad y también se elaboraron el esquema de los textos litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa además de su repartición musical según la tradición bizantina. No olvidamos tampoco su patrimonio teológico espiritual y cultural cristiano. Fue, en pocas palabras, la primera cuna del cristianismo y la “madrina” en la evangelización del mundo antiguo.
El patriarcado pudo asumir a través de su historia la responsabilidad de su herencia apostólica, en situaciones de las más difíciles. Hoy se levantó del “testimonio del silencio” en el cual vivió por algunos siglos. Las condiciones históricas impusieron a los antioquenos, como antiguamente a Pedro y Pablo, salir de sus países y pueblos en oriente, dispersándose en occidente y aportando el testimonio más precioso que tuvieron: el de la fe, de la esperanza y del amor.
El desafío era muy grande cuando llegaron a Argentina. En un desnudo total - desnudo lingüístico, social, cultural y económico - tuvieron la iluminación de afirmar aquí la identidad de nuestro patriarcado que es la fe ortodoxa en una iglesia católica y apostólica. Su preocupación se concretó en las construcciones de iglesias a lo largo del país. Los unía un espíritu de sacrificio, de solidaridad, de una visión basada sobre su herencia y proyectada hacia el futuro.
Los antioquenos hoy en Argentina enfrentan otros desafíos que sus antepasados aquí. Viven en una comunidad pluralista abierta a las varias corrientes religiosas, económicas y sociales de la sociedad de consumo con un nivel de integración muy grande. Por lo tanto, los desafíos a los que tienen que responder se resumen principalmente en tres: la identidad, la comunidad y la misión.
A nivel de la identidad, entre los descendientes se desconocen tanto la historia como el patrimonio de nuestra iglesia. El contacto y la relación que establecieron con la Iglesia Católica Romana los incluye en un ámbito nuevo sin que ellos aporten su identidad propia. Como se trata de la fe cristiana, el tema no tuvo mayor importancia a nivel de nuestra feligresía.
A nivel de la comunidad, el esfuerzo logrado entre los antepasados para establecer vínculos entre los inmigrantes no pudo resistir a la alineación cultural con respecto a los valores, la fe y la comunión que quisieron transmitir a sus descendientes. Esa situación se nota también a nivel de las instituciones laicas o sociales de los paisanos.
A nivel de la misión, nuestra Iglesia estuvo en una situación crítica a nivel del trabajo pastoral y su atención estuvo dirigida al mantenimiento de la situación existente como fuera posible.
La reevaluación de estos tres desafíos abre el horizonte hacia la recuperación de la vitalidad de la cual nuestro patriarcado y nuestros antepasados tomaron su fuerza y su determinación. La fe, en efecto, constituye la base sobre la cual podemos recuperar y remediar los niveles mencionados anteriormente. Es cierto que la fe es la base de nuestra identidad, el vínculo de nuestra comunidad y el objetivo de nuestra misión.
Vivir nuestra fe y conocer nuestro patrimonio y nuestra historia permiten desempeñar en la vida de los descendientes una identidad que pueden mostrar y aportar a los demás. Mantener el vínculo de la fe entre nuestras familias y transmitirlo a la juventud hace resurgir en ellos la conciencia de su identidad y le ofrece una referencia que está buscando en su vida. Aportar la fe a los ámbitos cercanos en los cuales vivimos es una misión digna de nuestra presencia aquí a la que se añade la posibilidad de generar una solidaridad comunitaria entre nuestras parroquias. Como fieles del Patriarcado de Antioquia, somos concientes que cuando se realice la unión de todos los cristianos, cada Iglesia va a aportar el reflejo de su fe en su propio patrimonio en los lugares en los cuales viven, y especialmente aquí.
El tiempo está llegando en el cual la Iglesia tiene que trabajar y edificar en profundidad para contestar la demanda más que más elevada de una identidad cristiana verdadera fuera de la fealdad religiosa, estableciendo una comunión que corresponde al evangelio y realizando una misión que nos abra caminos sanos hacia el prójimo. Amén.
+ Siluan
Arzobispo Metropolitano
de Buenos Aires y toda la Argentina