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17 de noviembre de 2007 Mensaje de Cierre de S. E. R. Monseñor Siluan Muci en la Reunión del Consejo Central Arquidiocesano
Es una gran bendición concluir nuestras reuniones con un espíritu de alegría, el logro de la unanimidad en las decisiones y el compromiso de ser solidarios ante los desafíos. Agradezco a los miembros de la Mesa Ejecutiva por la preparación y la organización de la reunión del Consejo Central Arquidiocesano, como así también al Centro Ortodoxo de Córdoba por la recepción, el acompañamiento logístico, y su acogida a todas las delegaciones. Agradezco a todos los sacerdotes y miembros de centros ortodoxos su presencia, participación y contribución al éxito de este encuentro. Les felicito por la aprobación de la construcción de la sede arzobispal en el Centro Cultural San Jorge en Capital Federal. Me es grato mencionar que, después de haber iniciado mi gira pastoral, todos los fieles del interior del país cuando están en Capital Federal pasan por nuestra Catedral y tocan el timbre para saludar a Monseñor. Por lo tanto, quiero que continúen haciéndolo, cuando termine la sede arzobispal, y que la consideren su casa, la casa de todos y de cada uno, siempre sus puertas estarán abiertas para acogerlos. Asimismo, les felicito por asumir la situación financiera actual y establecer planes para enfrentarla. Y por fin, les felicito por las ganas y el compromiso que manifestaron para la preparación del Congreso General Arquidiocesano en Mayo 2008. También hay que destacar el encuentro nacional de nuestra Juventud que tendrá lugar en Salta en enero 2008, y el retiro de los sacerdotes con sus familias en Esperanza (Santa Fe) en febrero 2008. Ojala podamos organizar para los matrimonios, los núcleos que recién se formaron en las parroquias, semejante encuentro nacional en el próximo año. Si habíamos expresado nuestras dudas, miedos y preocupaciones, debemos expresar que nuestras expectativas han sido superadas y que tenemos nuestra esperanza puesta en el que supera todo y a todos, en nuestro Señor. Por lo tanto, les pido que recen por nuestra Iglesia y por la realización de nuestros proyectos. Nuestro poder no es ni social, ni político, ni económico, sino del Espíritu Santo. La oración supera a todo, al dinero, al proyecto, a la tecnología, y a la inteligencia. Unidos a Dios podremos enfrentar las dificultades que vayan surgiendo. Por último, les quiero agradecer. Pero el agradecimiento corresponde más a un empleado. Ustedes merecen más y mejor. Por tener la Iglesia en sus corazones, merecen que Dios los bendiga. Amén.
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Siluan
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