ARZOBISPADO DE BUENOS AIRES Y TODA LA ARGENTINA

Iglesia CATÓLICA  APOSTÓLICA  ORTODOXA  DE  ANTIOQUIA

 

Mensaje Pastoral del Gran Viernes Santo 2007

 

“Morir para vivir”

“Aquel que muera antes de morirse, no morirá cuando muera”

 

Queridos hijos en el Señor:  

En este día glorioso, los cristianos con gran reverencia acompañan a Cristo para que sea depositado en el sepulcro. Unos meditan sobre el misterio de Su amor para con nosotros, soportando todas estas dolencias, otros se preguntan ¿la muerte se habrá terminado con la muerte de Cristo? ¿Acaso no he de morir ya que Jesús murió por nosotros, moriremos después de Él?

La literatura espiritual cristiana, responde a esta pregunta con el famoso dicho: “Aquel que muera antes de morirse, no morirá cuando muera”. Esta expresión contiene el compendio del trabajo que un cristiano puede efectuar durante su vida para que no muera en cuanto se presente la hora de la muerte. 

 El problema que enfrentamos ante todo es “el temor a la muerte”. El temor a la muerte nos aparta de cargar con la responsabilidad, nos conduce a escapar de la verdad, y nos incita a andar en caminos malos. Este es el problema que surgió con Adán y Eva en el Paraíso: cuando Dios descubrió que ellos habían comido del árbol de la ciencia del bien y del mal, les preguntó por que se escondían de Él; Adán se justificó, y le echó la culpa a la mujer quien le había dado de comer; Eva le echó la culpa a la serpiente que la había seducido. Ninguno de ellos dos cargó con la responsabilidad, y prefirieron ocultarse de la vista de Dios. Nosotros también aprendimos de ellos a justificarnos, y a echar la culpa a otro, así también preferimos adormecer la percepción del temor a la muerte corriendo detrás del placer; o protegiéndonos de la percepción de la debilidad ejerciendo el predominio sobre otros; u olvidándonos que somos mortales, buscando poseer riqueza y gloria. Estas son manipulaciones que nos intentan mostrar como fuertes pensando que la muerte no nos vencerá. La búsqueda del placer bajo, del ejercer dominio y la búsqueda de posesiones son signos ciertos de nuestro profundo temor a la muerte.

Con la muerte de Jesús, la muerte ya no tiene poder sobre el hombre; ya que con Su Resurrección, Él demostró que la vida es el destino de todos los que creemos en Él. Él nos ha dado, por medio de la fe en Él, el poder para destruir la muerte en nosotros y en especial el temor a la muerte. Vencemos el temor a la muerte con una conciencia viva, con el poder de la fe y ejercitando el amor. El temor de Dios en el corazón aparta el temor a la muerte. La conciencia viva es guardia del corazón para con todo temor destructor y el amor aleja al miedo de las mentes de los demás. Es así que a la muerte no le queda oportunidad alguna sobre nosotros. Así, morimos antes de morir. Si vencemos el temor a la muerte, no moriremos cuando llegue el día de nuestro traslado de esta vida. El cuerpo morirá, pero el alma se regocijará a causa del poder de la fe, de la esperanza y del amor que ha vivido en Cristo Jesús. 

Con Su Muerte, Jesús nos mostró como podemos morir para vivir después de la muerte. Nos mostró como dar muerte a la muerte mientras estamos vivos, para que la muerte no nos mortifique cuando morimos. A cambio del placer instituyó el sacrificio y la dádiva; en lugar de poseer, enalteció la donación y la participación; y al final, en vez del predominio, recomendó el servicio. Y la corona de todos estos es el amor. 

Hoy hacemos la procesión con el Epitafio y cantamos las lamentaciones, pero en nuestros corazones hay una verdad siempre presente: que hemos elegido ser libres de la muerte antes de la muerte y nos hemos comprometido con Aquél a quien seguimos ahora, y cuya muerte por nosotros ha movido el deseo de estar con Él todos los días, allí en el Gólgota, esperando el amanecer de la vida en nosotros. Amén.

 

 

+ Siluan                            

Arzobispo Metropolitano           

de Buenos Aires y toda la Argentina