Fiesta de la Anunciación a la Madre de Dios
Domingo de María la Egipcia
Meditación de Su Eminencia Reverendísima Monseñor Siluan Muci
La Pirámide “Invertida”
“Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos…
Pero no ha de ser así entre vosotros”
En la estructura del mundo, uno observa una orden jerárquica, una división entre lo superior y lo inferior -una pirámide de seres-. De modo que, si las cosas del mundo han de ser representadas por una forma geométrica; entonces ellas serán mejor vistas como una pirámide. Los gobernantes y los soberanos se encajarán mejor, en la cima de esta pirámide; mientras los gobernados y la servidumbre, se encajarán mejor en su fondo. Esta misma estructura puede ser vista en todos los niveles de las estructuras políticas, sociales y organizacionales del mundo.
Viviendo en esta estructura, uno está incuestionablemente, invocado a experimentar la desigualdad inherente en ello y a sentir, por lo menos, la diferencia entre gobernar o ser gobernado. En esta etapa, algunos cuestionan la razón por permanecer dentro de tal estructura y están deseando sublevarse contra ella. Al contrario, algunos otros, más probablemente aprovechan de la situación y empiezan ascender la pirámide, desde el fondo hacia su cima. No obstante, la reacción de ambas partes, con respecto a la división entre superior e inferior, se refiere a la misma idea, es decir a la idea de igualdad.
Todavía, la idea de la igualdad está profundamente arraigada en la conciencia de uno, y no está para ser negada. Todos buscamos la igualdad en todos los niveles. Es una tendencia que caracteriza, de gran modo, al mundo presente. También es la idea que está expresada en la reacción de los diez discípulos contra la solicitud de Santiago y Juan para sentarse al lado de Jesús en Su Reino, como está narrada en el pasaje del Evangelio que la Iglesia lee el Quinto domingo de la Gran Cuaresma.
Jesús, aceptando la pirámide que caracteriza la estructura del mundo, lo dio vuelta de arriba a abajo. “Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Marcos 10: 45). Ahora, la parte superior de la pirámide queda al fondo, puesto que la parte inferior es elevada al lugar de la cima. La estructura sigue siendo aun una pirámide, es una pirámide ‘invertida’, según lo explicado por el Archimandrita Sofroio (+1994), un discípulo de San Siluán el Atonita (+1938). Toda la estructura está parada ahora en la cima de la pirámide ‘invertida’. Pero ¿quien es Aquél que está ahora parado en su cima, si no es indiscutiblemente Jesús? Así, Jesús mostró el camino de la definitiva perfección.
De hecho, Jesús descendió a la tierra y se hizo hombre, Él Quién es el Hijo de Dios. El camino de la perfección manifestado por Jesús a Sus discípulos, es aquel de descender para levantar a aquéllos que están en la escala espiritual baja, hacia un grado más alto de perfección. Eso es cómo Jesús está en la cima de la ‘invertida’ pirámide, y empuja a toda la humanidad hacia arriba, llevando sobre Sí Mismo todo el peso de aquellos que están en cima de Él. Es una realidad que está explicada en la Gran Doxología, el himno cantado antes del comienzo de la Liturgia Divina: “Oh Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, que llevas los pecados del mundo; ten piedad de nosotros, Tú que quitas los pecados del mundo.” Uno puede ver aquí una referencia directa a la Crucifixión de Jesús (Marcos 10: 34), el camino práctico, a través del cual, Él cargó sobre Sí los pecados y cargas del mundo.
Considerando la estructura del mundo, Jesús exhorta a Sus discípulos de no dejarse llevar por el ejemplo que promueve: “Pero no ha de ser así entre vosotros” (Marcos 10: 43). Por otro lado, Él los incitó a considerar la perspectiva de la nueva pirámide ‘invertida’: “El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos (Marcos 10: 43 - 44). Es el ejemplo que Él les había dado cuando lavó sus pies (ver Juan 13:14 - 15). También esta es la senda en la que Él está guiando a aquéllos que siguieron después de Él. Verdaderamente, ellos han devenido como Él en tomar, sobre ellos mismos, las cargas de las enfermedades de otros, como lo expresado por el Apóstol Pablo: “Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles” (Romanos 15:1).
Beber la copa y ser bautizados como Jesús lo hizo (ver Marcos 10:38) es dar la vida de uno por otros (ver Marcos 10:45), y por consiguiente cargarse uno mismo con las cargas de las enfermedades de otros. Este acto brota del amor a Cristo y a los demás. De otro modo, es imposible llevar, aunque sea, una parte del peso de la pirámide ‘invertida’, un peso que Cristo está llevando sobre Sí Mismo. Intentando de realizar este acto es la mismísima esencia de la vida cristiana.
En esta perspectiva, el Gran Ayuno es el tiempo más apropiado para vivir la vida cristiana en su plenitud. En verdad, Jesús clarificó para Sus discípulos que el tiempo presente es para llevar a cabo obras y hechos, acorde a Su Ejemplo. El tiempo de recompensa o gloria (ver Marcos 10: 37) vendrá después, en la vida por venir. El tiempo presente es dado a nosotros para realizar las buenas obras, y no para esperar sus resultados. El resultado es solamente la Obra de Dios. El honor de sentarse al lado de Jesús en Su Reino será concedido a aquéllos que habían intentado imitar el ejemplo de Jesús, porque: “sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado” (Marcos 10: 40). Amén.
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Siluan
Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires
Y toda la Argentina
Traducción: Rvdo. Padre Atanasio Salhany