VIIIº Domingo de Pentecostés
"El ideal y la juventud"
“Jesús, poniendo en él sus ojos, le amó, y le dijo: una sola cosa te falta...”
La juventud de hoy tiene interés en dos temas principales: en las relaciones y en las actividades. Visitando el tercer año de la secundaria en el Colegio San Jorge de Córdoba, pregunté a los alumnos que tenían que hacer un ejercicio de Geometría: “¿Por qué no quieren hacerlo?”. Uno de ellos me respondió: “No sabemos pensar”, lo cual era en realidad “no queremos pensar”. Les pregunté de nuevo: “¿En qué piensan?”. Uno dijo: “pienso en una mujer”, otra muchacha lo siguió diciendo: “pienso en un varón”. Entonces pregunté: “¿tienen otras cosas en las cuales piensan?”, y me nombraron los deportes que practican.
Las respuestas de los alumnos se concentraron en dos asuntos: las relaciones humanas y las actividades. En efecto, tanto las los adolescentes forman la ocupación vital a esa edad. Son una expresión del deseo que tienen de relacionarse con los demás y de desarrollar su potencial en actividades.
Relaciones y
actividades constituyen la base de la personalidad en su desarrollo interior y
exterior. En esta perspectiva hay que mencionar algunos parámetros que pueden
guiar el desarrollo de la personalidad de la juventud y de los adolescentes.
Es notable cómo algunos jóvenes experimentan relaciones como si fueran una
aventura o actividades para pasar el tiempo. No existe a veces un interés
particular en la relación o en la actividad sino una explotación inmadura de la
relación o del tiempo, o una conformidad servil a una norma social común en
nombre de la libertad individual.
Además, los
jóvenes tienen la impresión acerca de sí mismos de que no saben pensar. Parece
que su sentido profundo no es la ausencia de la reflexión en su vida, sino la
ausencia de una confianza en sí mismos referida a que pueden pensar y que
piensan en buenas cosas. Es verdad que una sociedad de consumo los manipula para
explotarlos, destruyendo progresivamente su capacidad de reflexión,
estableciendo en su lugar costumbres y ritmos de vida que deben seguir.
Tiene sentido la opinión de los alumnos cuando afirmaron que ellos no pueden
pensar o no saben pensar. Sin embargo, les transmití mi certeza y confianza en
que ellos saben pensar en aquello que quieren, esto es, en construir relaciones
y realizar actividades, pero lo que les faltaba era lograr un objetivo y definir
un bueno. Relaciones y actividades sin un objetivo no tiene sentido para los
adolescentes. En efecto, ellos se volverán en consumidores de las relaciones y
las actividades sin un impacto realmente profundo en el desarrollo de su
personalidad.
La oferta de la sociedad hoy es múltiple: tecnología, diversiones, relaciones
más fáciles, medios, etc. Sin embargo, la juventud permanece en un estado de
inmadurez sin poder encauzar realmente esa riqueza que se le había ofrecido. La
dificultad reside en que no pueden lograr un objetivo a largo plazo. Esta es una
señal que deja en claro que no tienen un ideal en su vida que los motive
realmente. El potencial de la persona para ponerlo en marcha y así posibilitar
el cumplimiento de dicho sueño.
El buen sueño o
ideal despliega las oportunidades potenciales para que la juventud pueda
construir su futuro. La función del buen sueño es múltiple. Permite al joven
mejorar las capacidades personales, el uso de las herramientas de manera madura,
establecer relaciones enriquecedoras y ejercer actividades beneficiosas. Le
permite entrar en el proceso de asimilación de toda la educación y las
herramientas que conoce. ¿No es cierto que los descubrimientos científicos
tuvieron lugar por los sueños de los inventores y por las necesidades de su
época? Así, el sueño permite que la juventud no permanezca en su estado
primitivo infantil, el del egoísmo y del consumo, sino que pueda llegar a la
madurez.
En este sentido, la vida espiritual forma el ámbito seguro de contención
permitiendo establecer un buen sueño u objetivo, logrando un desarrollo
equilibrado y sano de la personalidad.
El relato del joven rico del evangelio (Mc 10, 17-27) es ejemplificado en este sentido. Ese joven buscaba un objetivo y se lo preguntaba al Señor. Cuando el Señor le mostró el camino, el joven “se anubló su semblante y se fue triste” porque el Señor le aconsejaba abandonar la riqueza que tuvo como condición para poder lograr el nuevo objetivo. Sin embargo, el joven no pudo superar ese estado para llegar a otro.
El pasaje de la inmadurez del consumo de los bienes materiales o inmateriales hacia la madurez necesita otra actitud. La fe es la llave que necesita la juventud para poder cambiar de actitud. Eso es lo que el Señor mencionó al joven del Evangelio: “una sola cosa te falta”. Hay que ofrecer ese camino a la juventud, que sostener en su vida.
Hay también que esperar. A los discípulos que se preguntaban: “¿quién puede salvarse?”, la palabra del Señor fue característica: “A los hombres sí es imposible, mas no a Dios, porque a Dios todo le es posible”. Amén.
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Siluan
Arzobispo de Buenos Aires
Y toda la Argentina
Traducción: Rvdo. Padre Atanasio Salhany