Carta de S. E. R. Monseñor Siluan Muci  enviada a las Instituciones Educativas

de nuestra Arquidiócesis en Argentina, en Junín, Pergamino, y San Fernando (Buenos Aires),

Rosario y Córdoba por el inicio del año escolar 2008.
 

Inicio del año lectivo

“Oh Soberano, envía sobre nosotros el espíritu de sabiduría

y de comprensión para que ilumine nuestras inteligencias”

 

 

Queridos hijos en nuestro Señor,
Docentes y alumnos de nuestra Iglesia,

Al inicio de este año escolar, quiero saludar a cada uno de ustedes con todo el afecto que nos unió desde que tuve la alegría de conocerlos durante mis respectivas visitas pastorales, tanto a nuestras iglesias como a nuestras instituciones educativas en la Argentina. No olvido los encuentros y las conversaciones que tuvimos en forma pública o personal. Aprovecho esta oportunidad para rememorar esos recuerdos tan beneficiosos para todos nosotros.

Quiero también transmitirles la bendición de nuestro Señor para este año escolar, con toda la conciencia de la tarea que han de llevar a cabo durante este año, tanto por parte de los docentes como por parte del alumnado; tanto a nivel administrativo como educacional.

La alta apreciación de la tarea que tienen me incita a compartir con ustedes, docentes y alumnos, una oración de nuestra Iglesia que rezamos al iniciar todo trabajo de enseñanza y de aprendizaje: “Oh Soberano, cuya bondad es indescriptible, fuente de toda sabiduría, envía sobre nosotros el espíritu de sabiduría y de comprensión para que ilumine nuestras inteligencias, y nos inicie al conocimiento de Tus divinos mandamientos, a fin de vivir de acuerdo con Tu voluntad, y beneficiar a nuestros hermanos, a nuestras familias, y a toda persona que podemos ayudar, de tal modo que seamos dignos de Tu gloria, Oh Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos, Amén”.

Iniciemos, pues, nuestra labor con un espíritu pleno de entrega de uno mismo, de dedicación, de compromiso, de sinceridad y de colaboración, para que entre ambos, docentes y alumnos, tengan la bendición de Dios presente cada día durante todo el año, a pesar de las dificultades inevitables, y que su trabajo sea fructífero para quien otorga y quien recibe una formación escolar, de manera idéntica. Entonces, experimentaremos, indudablemente, la alegría, la paz y la satisfacción que obtenemos ante el deber cumplido.

Aprovechemos esta oportunidad para poder transmitir a los jóvenes o aprender de los docentes los conocimientos necesarios que nos permiten vivir en nuestro entorno, agradecidos a Dios por su sabiduría y cariño hacia nosotros por todo lo que nos está ofreciendo, y también concientes de la responsabilidad que tenemos para mantenerlo y explotarlo sabiamente.

El enseñar y aprender nos conducen indudablemente a apreciar la sabiduría de Dios. Como cristianos, esta instrucción nos conduce a transitar desde el conocimiento racional de las materias hacia la relación con el Creador de todo. Por ello, la existencia de la institución educativa en el ámbito de la Iglesia tiene la misión de perfeccionar esta relación, por la comprensión del Evangelio y la participación en la Divina Liturgia.

La impronta que como Iglesia transmitimos nos induce a asumir la responsabilidad de ofrecer un crecimiento digno de un ser humano, una oportunidad de vida y de trabajo, y una comunidad que vive su fe cristiana con alegría y entrega. El apóstol Pablo lo aconseja: “Hemos oídos que algunos viven entre vosotros desordenadamente, sin hacer nada, sólo ocupados en curiosearlo todo. A estos tales les recomendamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan” (I Tim 3:11-12).

Con la bendición de nuestro Señor Jesucristo,
 

 

+ Metropolita Siluan