Mensaje Apertura de S. E. R. Monseñor Siluan Muci

Retiro Espiritual de Sacerdotes de nuestra Iglesia en Argentina,

Esperanza (Santa Fe), martes 12 de febrero 2008

 

"El encuentro de los viñadores"

"Venid, retirémonos a un lugar desierto para que descanséis un poco" (Mc 6:31)

 

El encuentro de los viñadores que trabajan en la viña del Señor es una necesidad. Apartarse de las preocupaciones diarias para poder recuperar la vitalidad apostólica, el espíritu de oración, la reflexión en común sobre la palabra de Dios, el compartir la experiencia, etc., tiene su antecedente en el evangelio. De hecho, después de la primera gira apostólica de los doce apóstoles, San Marcos menciona: "Volvieron los apóstoles a reunirse con Jesús y le contaron cuanto habían hecho y enseñando. El les dijo: Venid, retirémonos a un lugar desierto para que descanséis un poco" (Marcos 6, 30-31).

Estamos comprometidos en el camino de la entrega, en dar una imagen de la vida cristiana, en instruir a los demás en esta vida y conducir nuestro rebaño hacia el cielo. Los desafíos que enfrenta el sacerdote, y también su familia cuando está casado, son múltiples. Desprenderse del ritmo cotidiano, apartarse para revisar, compartir, renovarse, es una necesidad vital que nos permite reevaluar nuestra conducta, progresar en el conocimiento de nuestra misión y fortalecer el compromiso en nuestro apostolado.

Nuestro encuentro nos permite poner énfasis sobre algunos aspectos de nuestro ministerio. El Señor nos ha puesto en este sublime y honorable ministerio para que seamos una vela que ilumina a todos los que viven en la casa de este mundo (Mateo 5, 15). Pero poner esta vela en tal altura la expone a las tormentas y a los vientos, y el peligro que se apague no es menor. Si estuviera puesta abajo, no sufriría el mismo peligro, ya que estaría más protegida. Sin embargo, el Señor quiso exponer la vela a este peligro, para que ilumine, mientras que Él le asegura su protección. De esta manera, se manifiesta la fuerza de Dios en nuestra flaqueza: "Te basta mi gracia, que en la flaqueza llega al colmo del poder" (II Corintios 12, 9), porque "llevamos este tesoro en vasos de barro para que le excelencia del poder sea de Dios y no parezca nuestra" (II Corintios 4, 7). Si una docente en el Líbano, a partir de la situación que vive país en estos momentos, entró a las aulas donde enseñaba, describiendo al alumnado lo crítico de la situación nacional, y, para hacer frente a todas las fuerzas del mal que se manifiestan, pidió que cada uno, a pesar de la diferencia religiosa, rece con su familia para que Dios salve la situación. ¡Cuanto más pues puede hacer un sacerdote!

El sacerdote es una persona que ya ha elegido su camino. No se atreve nuevamente a revisar esta elección (Lucas 9, 62), pero sí, puede mejorar su compromiso, su lealtad, su fidelidad, su sinceridad y su seriedad en el ejercicio de su ministerio. Siempre se pone ante Dios y desea complacer a Dios con su entrega sincera.

Nadie supo a priori en qué consiste el sacerdocio de manera experimental. El sacerdote descubre con el correr del tiempo los variados aspectos de este ministerio, con la madurez, la experiencia, la entrega, la búsqueda y la lucha espiritual. Ante las dificultades, los desafíos, las debilidades que surgen por su parte o por parte de su rebaño, él busca a través de la oración, la solicitación de la experiencia de los mayores y la confianza en Dios estar siempre obrando para su propia salvación y la de las almas confiadas a su cuidado. Para el hombre de entrega y sincero, esta experiencia aparece como la experiencia del niño quien empieza a aprender a caminar: los padres lo ayudan en una primera instancia, pero lo dejan luego solo para que ejerza y tenga confianza en sí mismo. De tal manera, Dios nos enseña el ejercicio de nuestro ministerio. Cuanto más alguien rece, cuanto más esté unido a Él por los sacramentos, la lectura espiritual, la entrega confidente a Él, tanto puede el sacerdote enfrentar a la vida y ejercer mejor su ministerio en estos tiempos difíciles.

Nuestro ministerio lo ilumina esta palabra del Señor antes de su pasión: "Yo por ello me santifico, para que ellos sean santificados en verdad" (Juan 17, 19). Por estas palabras a favor de toda la humanidad, y en particular a favor de todos los cristianos a través de todos los siglos, nosotros nos entregamos a este camino de santificación, primero a nivel personal, y luego a nivel del ejercicio de nuestro ministerio. Nuestro encuentro tiene sentido si estamos buscando este camino e intentamos en realidad abrirnos a Dios, para ayudar luego a los demás a abrirse a Él también. La renovación interior por la oración, la lectura espiritual, la confesión, la reflexión en común, la divina liturgia, es "nuestro pan de cada día". Nuestro ministerio exige que estemos armados por el conocimiento, el discernimiento, la comprensión, las virtudes y la comunión fluida y permanente con Dios.

En realidad, la alegría del sacerdote no consiste en su propio descanso, porque no puede descansar antes de haber visto a su rebaño en el paraíso antes que él mismo. Su vida queda pendiente de la salvación de su rebaño. No deja de pensar, actuar y rezar para conseguir este objetivo. Buscando ser un buen pastor, trata de dar su vida por sus ovejas (Juan 10, 11). En eso se encuentra su propia alegría y no la quiere cambiar por otra cosa.

Quiera Dios que nuestro encuentro sea una fuente generadora de esta alegría en nuestros corazones, para la gloria del Señor. Amén.

 

+ Metropolita Siluan