10 de diciembre de 2006

Meditación de Su Eminencia Monseñor Siluan


“Regocijaos en el Señor”
 

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo:¡Regocijaos!

Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios

en Toda oración y ruego, con acción de gracias.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,  guardará vuestros corazones

y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”(Filipenses 4:4-7)


Con estas palabras quiero expresar, ahora y siempre, junto a ustedes, mi agradecimiento, lleno de gozo, por la gracia de Dios que nos ha sido concedida, ricamente, en la Iglesia de Argentina; por la alegría que llena nuestros corazones ante el increíble amor de Dios, Su bondad y providencia para con todos nosotros así como por la Iglesia aquí, la cual amamos y llevamos en nuestros corazones.
El apóstol Pablo dirige las palabras que acabamos de mencionar a la comunidad de la ciudad griega de Filipos, comunidad que siempre tuvo en su corazón porque fue la única de entre todas las iglesias que habían recibido su mensaje, que compartió su ministerio de dar y recibir, que compartió con él el cansancio de la predicación, de las dificultades, de las pruebas y que lo ayudó en sus necesidades, como bien lo menciona en su epístola.
Elegí estas palabras para que podamos meditarlas juntos en este bendito día para todos nosotros. Me siento orgulloso de ustedes, de vuestro desvelo y de vuestro amor por la iglesia: sois los hijos amados del Señor. Percibo en vuestros deseos las ansias de hacer el bien, de sentir la inquietud de que la Iglesia pueda crecer en su misión apostólica, en su misión de servicio y su presencia en este país. Y esta es la fuente de todo nuestro gozo. Por ello, para permanecer firmes en este gozo, el apóstol Pablo nos explica el significado de su exhortación de gozarnos siempre, cuestión que nos incumbe a todos: a lo largo de los versículos de éste texto (Fil 4:4-7) sacará a la luz algunos de los puntos que debemos tener en cuenta:
“Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres”: Con paciencia alcanzamos nuestros objetivos, como reza el refrán popular árabe. Cuando la esperanza se ausenta y falta fe, el gozo desaparece. Si queremos permanecer en el gozo debemos, primeramente, vivirlo en nuestro interior. Y Pablo nos pide aún más: pide que éste gozo sea conocido por todos los hombres, especialmente en las dificultades y los problemas. Estas no deben imponerse ante nuestras convicciones, al contrario, los demás deben ver siempre, en todas las ocasiones, nuestra perseverancia y solicitud en la oración, en la formación, en la construcción y en el trabajo por la Iglesia.
“El Señor está cerca”: ésta es nuestra consolación, nuestra única consolación. Y es así porque estamos convencidos que, antes que nada, ésta es Su Iglesia, la cual El no abandona, porque es su verdadero Pastor. Entonces, ¿Si El está con nosotros, quien contra nosotros? Convencidos de esto permaneceremos en el gozo de la eterna esperanza.
“Por nada estéis afanosos”: quien carga con una responsabilidad la lleva en su corazón y vive en su conciencia, por eso siente que la carga es pesada porque espera conseguir el éxito y la gloria. Tal vez el camino parece lleno de preocupaciones y de tristeza: estas destruyen el gozo. Sin embargo, el Señor está cerca y obra con nosotros por su Iglesia. El es quien nos llamó ¿Nos abandonará? Esta es la forma de cargar con la responsabilidad: estar juntos y con la firme convicción y esperanza puestas en El, sin preocupaciones, y el gozo no desaparecerá puesto que trabajamos con Dios en su iglesia. Pero ¿Cómo?
“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias”: así es como debemos presentarle a Dios nuestros proyectos, nuestras obras, nuestro cansancio, nuestras dificultades, nuestros golpes, ofreciéndolos a El en oración con acciones de gracias. Mi gran gozo, antes de conseguir cualquier cosa, debe ser que mi oración ante Dios sea permanente. Por ello me paro ante El con acciones de gracias. Pero también me paro ante El orando por aquellos que le pertenecen. Mi fe en Dios es la fuente de mi gozo.
“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”: si permanecemos en éste gozo, con paciencia, con fe, con oración y con agradecimiento, obtendremos como resultado, antes de concretar cualquier cosa, algo muy superior todavía: la paz de Dios. Esta paz no es obra de los hombres, sino que supera nuestra imaginación, supera nuestro entendimiento. Es la paz que no nos faltará porque lo prometió Jesús a sus discípulos mientras se dirigía a Su pasión.
Las palabras del apóstol nos revelan un lado esencial de nuestra vida en la iglesia y de nuestro trabajo por ella y para ella. No debemos pensar que el trabajo en la iglesia es lo único importante sino que nos corresponde pensar que lo importante también es la forma en que llevamos a cabo este trabajo. Quien permanece en el gozo no se cansa de trabajar, no teme a las dificultades, defiende desde abajo a la Iglesia estando en obediencia a Dios, sabiendo que El la defiende enfrente y arriba. Sentiremos gozo ante lo que viene y lo que vendrá. Oraremos con gozo, planificaremos con gozo, trabajaremos con gozo, nos cansaremos con gozo: “en todo tiempo” y “por todo” con gozo.
El mandato de Pablo nos compromete a todos. El trabajo y las responsabilidades deben guiarnos a la paz habiendo sido colmados de gozo. Nuestra Iglesia será una obra de gozo, y nuestros encuentros en la Iglesia tendrán como fuente al gozo, así permaneceremos en lo que escuchamos del apóstol Pablo. Que la Paz del Señor los conserve en Su gozo. Amén.


   + Siluan                         
Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires 

y Primado de Argentina