09 de septiembre de 2007
Meditación de S. E. R. Monseñor Siluan
"La fe del
abuelo de Paraná"
“La medida que con
otros usareis, ésa se usará con vosotros”
Una
feligresa de Paraná (Entre Ríos) se acordaba de su abuelo y contaba que era muy
generoso con los demás mientras que sus propios hijos estaban viviendo afuera
del país. Algunos criticaron su exceso de generosidad, justificándose que
debería dejar algo para sus hijos. Sin embargo, el abuelo siempre contestaba
diciéndoles: “Yo doy a los que tienen necesidad aquí, y creo que Dios va a
enviar alguna persona para ayudar a mis hijos allá”.
Es cierto que la conducta del abuelo no correspondía a ningún razonamiento
lógico, tal cual lo pensamos hoy, pero su acción corresponde a la expresión
espontánea de la verdadera fe. El razonamiento que rige su conducta consiste en
que todo es visible ante Dios, y todo está en correlación. Por lo tanto, si
alguien se preocupa de los que tienen necesidades, Dios se preocupará de proveer
a nuestras necesidades. Es decir, en cuanto el abuelo tuvo compasión de los que
estaban cerca de él, Dios por supuesto tuvo compasión de los que estaban lejos,
como de sus hijos por ejemplo. En la conciencia del abuelo, ninguna acción o
intención se pierde ante el Señor. En consecuencia, cuanto hacemos con los
demás, el Señor nos retribuirá.
En efecto, la fe del abuelo corresponde al dicho evangélico: “la medida que con
otros usareis, ésa se usará con vosotros” (Lc 6:38). La acción del abuelo es
paradigmática y sirve como ejemplo para saber cómo tenemos que ocuparnos de
nuestras cosas teniendo en cuenta la obligación cristiana: “Amarás al prójimo
como a ti mismo” (Lc 10:27).
El evangelio nos muestra cómo la fe puede iluminar ambas actitudes, por una
parte, nuestra responsabilidad con uno mismo y con nuestra familia, y por otra
parte, nuestro compromiso cristiano en el ámbito en el cual vivimos. En dicha
perspectiva, el que ayuda a mantener la concordia en una familia, recibirá la
paz en su matrimonio. El que ofrece consolación a los afligidos, recibirá
consuelo en el momento de aflicción. El que perdona las ofensas, sus ofensas
serán perdonadas. El que da a los que le piden, recibirá lo que pidiera. El que
proteja a las viudas y los huérfanos recibirá protección. Tal actitud con
respecto a los demás, enfermos, alumnos, empleados, etc., se refleja en nuestra
vida con la paz basada en la providencia de Dios.
En síntesis, el que hace el bien desde su corazón y por sólo el placer de
hacerlo, sin esperar retribución, Dios le retribuirá según su divina
generosidad.
La ley espiritual que rige tal actitud consiste en que haciendo el bien
recibimos bien, mientras haciendo el mal, recibimos mal. Dios se comportará con
nosotros según nuestro comportamiento y nuestra disposición con los demás. Un
ejemplo característico es nuestra oración cotidiana: “Perdona nuestras deudas
así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.
En general, el Señor exige de los cristianos tener la actitud de este abuelo en
las distintas situaciones que enfrentamos en la vida. Tal ejercicio de fe de
nuestra parte tendrá seguramente su retribución de parte de nuestro Padre
celestial: “La medida que con otros usareis, ésa se usará con vosotros”. Amén.
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Siluan
Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires
Y toda la Argentina