6 de mayo de 2007
Homilía de S.E.R. Monseñor Siluan
“Las apariciones de Cristo a sus discípulos”
Los discípulos de Cristo habían sido testigos oculares de la vida de Cristo hasta Su Ascensión a la Cruz, así también como después de Su Resurrección. Y después de Su Resurrección les apareció a ellos once veces. Pero la veracidad de Su Resurrección la habían afirmado testigos oculares que son los discípulos de Cristo, y esto ha sido después de gran investigación y verificación. Ellos no creyeron con simplicidad y como quiera que sea, sino totalmente lo contrario; pues no han confiado en lo sucedido sino después de mucha aclaración. Por tanto, la duda de los discípulos para con la Resurrección de Cristo, finalmente se ha invertido en un bien general para ellos, y mas aún para todo hombre, en todo tiempo y lugar.
Jesús tomo la iniciativa para vencer la duda de los discípulos, por lo tanto les mostró a Sí mismo, Vivo, con muchas evidencias, durante cuarenta días. Los discípulos habían abandonado a su Maestro; mas aún lo negaron, y se dispersaron volviéndose a sus casas, como han sido decepcionados. Sus pensamientos han sido tan lejanos de esperar esta Resurrección el día domingo; incluso ellos regresaron a Galilea. Y el mismo Lucas nos muestra a Pedro “regresando a su casa”, es decir a Cafarnaún. Y después de la Resurrección los discípulos no creyeron lo que atestiguó María Magdalena: “Pero a ellos, todas aquellas palabras les parecían desatinas y no les creían”. Y tampoco creyeron en lo que atestiguaron los discípulos que estaban en camino a Emaús. Por ello Jesús “les reprendió por su falta de fe y por la dureza de sus corazones, pues no creyeron a los que vieron que Él ha resucitado”.
En este contexto lo sucedido con Tomás representa lo máximo de la duda en la veracidad de la Resurrección de Cristo y su verdad. Pues después que Cristo apareció a Sus discípulos, estos le avisaron a Tomás de lo acontecido, pero él ha sido el más dudoso de los discípulos, pues dijo: “Si no veo en Sus Manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en Su Costado, no creeré”. Pero el Salvador quiso complacer el deseo de esta mente muy dudosa: “Acerca aquí tu dedo y mira Mis Manos; trae tu mano y métela en Mi Costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Entonces, al haberle sido revelada claramente la veracidad de la Resurrección del Salvador, exclamó: “Señor mío y Dios mío.”
Después de Su Resurrección, Cristo no apareció a todas las gentes, pero solo a Sus discípulos. Apareció a ellos; pues las gentes no comprendería el misterio y estarían por considerarlo espíritu e fantasma. Más, la verdad es que sí sus discípulos, que desde el inicio Lo acompañaron, escucharon Sus Palabras y vieron todas Sus Obras, dudaron y necesitaban tocarle, palparle y comer consigo,… ¿Cómo será pues lo sucedido para con todas las gentes?
Tampoco Cristo apareció a los judíos. Porque si había allí esperanza en su acercamiento a la fe, habría aparecido a ellos después de la Resurrección. Pero, a decir la verdad, es que la posición de ellos ha sido clara desde la resurrección de Lázaro; pues ellos, en aquél entonces, en lugar de acercarse a la fe en Él, Le guardaron rencor y conspiraron para darle muerte a causa de Su resurrección a Lázaro. Si no creyeron que Él haya sido el Salvador en cuando resucitó a otros ¿cómo habrán de creer en Su propia Resurrección? ¿Qué les impedirá esta vez de atacarlo si apreció a ellos después de Su Resurrección? Por esto, y para evitar turbarlos, el Salvador no apareció a ellos.
También los enemigos de Cristo, sin intención, dieron testimonio de la Resurrección del Salvador, cuando los judíos sobornaron a los guardias para que dijeran “Sus discípulos vinieron de noche y robaron el cuerpo de Cristo mientras nosotros dormíamos”. Mas aun aquél quien ha sido el más grande enemigo del Cristo Resucitado, quiero decir Saulo (quien ha devenido en el Apóstol Pablo), pues él atestigua de ello. Nada y nadie pudo tocar el celoso corazón de Saulo y convertirlo, ni las enseñanzas de los Apóstoles, y tampoco los milagros que ocurrieron en nombre de Jesús, sólo su contemplación al Cristo Resucitado en camino a Damasco. La aparición del Cristo Resucitado convirtió al más grande enemigo de los cristianos en el más grande Apóstol de Cristo.
La Resurrección
del Salvador ha sido la piedra fundamental sobre la cual los Apóstoles
edificaron su fe y sus predicaciones. Mas el Libro de los Hechos de los
Apóstoles forma la evidencia sobre la Resurrección del Salvador. Pues aquel que
creyó en la Resurrección, le es fácil aceptar lo que quedó. Lo contenido de la
predicación de los Apóstoles es la Resurrección de Cristo. Ellos habían dado
testimonio con su vida entera y evidenciaron que Cristo es el Dios y Señor, el
Redentor y Salvador con todo el significado de la palabra. Habían demostrado,
pues, por la palabra y la obra que Aquél que obra en ellos es el Cristo
Resucitado con Su Poder Vivificador. Por esto, nosotros también, exclamamos
junto a ellos: ¡Cristo Resucitó!
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Siluan
Arzobispo Metropolitano de Buenos Aires
Y toda la Argentina
Traducción: Rvdo. Padre Atanasio Salhany