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Domingo de San Gregorio PalamásMeditación de Su Eminencia Reverendísima Monseñor Siluan Muci
"Los tres pilares de la vida cristiana" "Viendo Jesús la fe de ellos…"
Los cristianos tienen actitudes diferentes con relación a su asistencia en la Iglesia. La evidencia de esta realidad está proporcionada en el pasaje del Evangelio que relata la curación del hombre paralítico. De hecho, se agolparon tantos alrededor de Jesús, de modo que ni siquiera había sitio ante la puerta. Pero ¿cómo ellos se dispusieron para con Jesús mientras Él estaba predicando? Al parecer, ninguno de ellos mostró una actitud que atraería la atención y simpatía de Jesús. Por asombro de todos, sólo aquéllos que, no estaban presentes al principio y vinieron después con el hombre paralítico, pudieron en realidad tener éxito. Característicamente, estas personas estaban buscando a Jesús y vinieron a verlo expresamente. Trajeron a un paralítico llevado por cuatro personas. Más aún, hicieron lo inconcebible para realizar su propósito y lo lograron. Quitaron, pues, el tejado y excavaron abriendo el techo, y a través de la abertura descolgaron al paralítico ante Jesús. El referirnos a estas acciones, de hecho tiene un objetivo: Poner énfasis sobre la unicidad de mente y la disposición en llevar su solicitud ante Jesús. Es una realidad que refleja y resalta su fe profunda en Jesús y, al mismo tiempo, su compasión verdadera hacia sus hermanos. También es lo suficiente obvio que, aunque ellos no pudieran expresar su solicitud, sus esfuerzos han sido reconocidos como una solicitud. Su actitud ha sido una oración silenciosa y una ofrenda honorable y sincera a favor del paralítico y en su nombre. Ciertamente esto ha sido su oración común y colectiva, una oración muy ferviente aunque silenciosa, que los fortaleció en su intento. Acaso Jesús no dijo: "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo18:20), y en otra parte: “Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis” (Mateo21:22). ¿Qué otra cosa los incitaría a soportar todos estos esfuerzos si no fueran, en primer lugar, conmovidos por la fe en Jesús? De hecho, es la “fe que actúa por la caridad” (Gálatas 5:6), como dice el Apóstol, ésa es una fe que no es basada en el mero hablar, sino una fe que está materializada en obras que revelan la disposición real del corazón del hombre y la determinación de su voluntad. En otro nivel, era su compasión hacia sus hermanos que los motivó en su intento. Ellos no ahorraron ningún esfuerzo físico para alcanzar su propósito. La compasión es el acto de dar prioridad a la causa de mis hermanos a costa de mi propia causa, como un logro de la exhortación del Señor: “Y amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo19:19). Extendiendo al paralítico ante Jesús, su acción alcanzó su culminación. Ellos habían hecho todo lo posible y dentro del alcance del hombre. Aparentemente, el 'callejón' de sus esfuerzos ha devenido en punto de partida de la intervención de Dios. Cuando estos tres - la oración común, la fe y la compasión - se encuentran juntas, allí entonces el camino está ampliamente abierto hacia la intervención de Dios. De algún modo, ellos tenían la requisita previa disposición, que Le incitó a Dios para responder a su solicitud. La asistencia en la Iglesia tiene, de hecho, un propósito: Presentarnos en cerca de Jesús con la expectativa de ser sanados de nuestra 'parálisis'. El Gran Ayuno es el tiempo dado a nosotros para comprender y confesar la parálisis de nuestra voluntad, la inestabilidad de nuestra determinación, la esterilidad de nuestra oración, la indiferencia en nuestro amor mutuo y la falta de nuestra fe. Para corregir esta situación, uno debe, seriamente, considerar su actitud en asistir a la Iglesia, y si descubre que él es un 'paralítico' (como lo es cada uno de nosotros), entonces nosotros podemos, confiadamente, encomendarnos a nosotros mismos y toda nuestra vida a la oración de toda la Iglesia, para llevarnos y extendernos ante Jesús, a la espera de Su Orden: “A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Amén.
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Siluan
Traducción: Rvdo. Padre Atanasio Salhany |