
Iglesia CATÓLICA APOSTÓLICA ORTODOXA DE ANTIOQUIA
Ciudad Autónoma de Buenos aires, julio 30 de 2006.-
Queridos hermanos, sacerdote y fieles de nuestra Arquidiócesis protegida por Dios:
Hoy, en todas nuestras parroquias en Argentina, estamos orando y clamando por la paz en Medio Oriente. Pero no como un simple acto político o como una pequeña expresión de repudio al ataque indiscriminado de Israel sobre Líbano y Palestina. Sino, como una declaración cristiana de fe, que por el amor al prójimo, que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones, nos lleva a expresarle a Dios nuestro clamor y a poner en Sus manos nuestra esperanza de un futuro de paz y de cordial convivencia entre los hombres.
No nos mueven ideologías políticas ni ambición de protagonismo. Porque tenemos en claro, como fieles cristianos ortodoxos, que el ser cristiano tiene como base y fundamento de su fe el agradar al Señor por sobre todas las cosas. Sin embargo, nos conmueve el dolor y el sufrimiento de nuestros hermanos, víctimas de la injusticia, el egoísmo y la ambición desmedida de las grandes potencias que crean conflictos para aparecer luego como los pacificadores, sin revelar sus verdaderos intereses que son: la ocupación y la explotación de los recursos y de las masas.
Como cristianos, como Hijos del Dios Altísimo, no podemos ni debemos callar ante tanta injusticia. Pero no sólo debemos orar, sino también actuar. Con nuestros recursos, con nuestros medios, con aquellas cosas que tenemos a nuestro alcance. Debemos actuar también educando a nuestros hijos en la verdad, mostrándole el mundo real y no el mundo que nos quieren hacer ver, ese mundo globalizado, esa sociedad de consumo.
Como cristianos no debemos callar, sino alzar nuestra voz para denunciar al mundo la infamia y la indolencia de aquellos que se creen poderosos, y no confían en Dios, aunque en su moneda hagan alarde de su esperanza en Él. Su dios es el dinero, su dios es el poder, su dios es el deseo absoluto por dominar al mundo. Ese es el nuevo imperialismo que quiere gobernar en la Tierra y que con mentiras invade un país con la excusa de devolverles la paz y la democracia, y hoy todos conocemos los resultados.
En estos días, y por todos los medios de comunicación hemos escuchado la palabra “terrorismo” y también a los gobernantes de dos grandes potencias instar a la lucha contra los grupos terroristas. Y están en lo cierto; y nosotros estamos en contra de la violencia y el terrorismo; y de ninguna manera vamos a aceptarlos. Pero nos preguntamos: ¿qué es el terrorismo?... Los diccionarios nos responden que terrorismo es una sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. También, es la actuación criminal de grupos organizados, que reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretenden crear alarma social con fines políticos. Entonces, analizando la situación actual, el ataque indiscriminado al Líbano, que trajo como consecuencia hasta ahora la muerte de más de cuatrocientos civiles y otros tantos heridos de gravedad entre hombres, mujeres y niños; y observando objetivamente el constante golpe que recibe el pueblo palestino cada día, podemos preguntarnos sin espíritu de condenación: ¿Quiénes son los verdaderos terroristas?... Observemos y respondamos, sin partidismos ni ideologías políticas, solamente con un corazón lleno de Cristo. Cuando vemos las imágenes de esos niños mutilados, quemados, indefensos, muertos, sin futuro. Cuando vemos a la madres llorar desgarradamente por sus muertos, a las familias desmembradas que huyen para salvar sus vidas; cuando escuchamos a nuestros parientes y amigos contarnos con dolor todo lo que sufren cuando escuchan el detonar de las bombas y comienzan a rezar y encomendar sus vidas a Dios. Volvemos a preguntar y a preguntarnos: ¿qué es el terrorismo, quién lo representa, dónde está?...
Cuando vemos las familias despojadas de sus tierras, saqueadas y vejadas, cuando sienten el dolor de que todo el esfuerzo que hicieron durante su vida ha sido vano porque un misil de incomprensión ha destruido su casa; cuando vemos llegar los contingentes de refugiados con una sonrisa que solamente tiene por objeto cubrir la pena que llevan en el alma por dejar su patria, su hogar, sus amigos, sus afectos, nos preguntamos ¿dónde está la justicia? ¿Dónde están los derechos del hombre? ¿Dónde están los organismos de derechos humanos o las organizaciones que dicen proteger a los niños y asegurarles un futuro feliz? ¿Qué hacen? ¿Acaso están mirando para otro lado?... Es posible que lo estén, pero nosotros no. Nosotros en cambio estamos atentos y alertas.
Con todo esto, llegamos a la conclusión que la definición de “terrorista”, en la sociedad de hoy, depende de la óptica con que se mire; depende de quién o quienes y con qué intereses se observen y analicen los distintos conflictos del mundo, especialmente los del Medio Oriente. En los medios de comunicación se habla de una guerra, pero en ningún lado encontramos el adjetivo: “desigual” ; porque eso es una guerra desigual, donde el fuerte golpea al débil; donde los instrumentos de guerra no son solamente las armas, sino también los instrumentos ideológicos, los medios de comunicación que con parcialidad informan a la opinión pública lo que está sucediendo.
Estimados hermanos, Líbano es parte de nuestra historia, de la historia de nuestra Iglesia y junto a Siria, nos une una misma raíz religiosa y cultural. Es por eso que este conflicto nos toca de cerca y nos afecta. Hermanos ortodoxos están muriendo o son despojados de sus hogares. Este no es solamente un ataque contra el Islam, sino también contra los cristianos. Tiro y Sidón son ciudades en las que predicó el Apóstol san Pablo, y nosotros tenemos un Arzobispado ahí. En Beirut hay una gran cantidad de fieles ortodoxos antioquenos; en monte Líbano; cerca de Trípoli esta nuestro Instituto Teológico de Balamand. Por eso no estamos ajenos. Porque amamos a nuestra Iglesia, a nuestras raíces, y estamos orgullosos de nuestra historia.
Hermanos, asumamos un compromiso con nuestro Dios, con nuestra fe; que nuestro “Señor, ten piedad” resuene hoy con más fuerza. Pidamos al Señor Todopoderoso que haga justicia a Su tiempo; pero también actuemos, reclamemos nuestros derechos y los derechos de todos los hombres. Que nuestra voz se haga escuchar en el cielo y en la Tierra. Dice el Señor: “¿acaso Dios no defenderá a sus fieles, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar? Les digo que los defenderá sin demora” (Lucas 18:6-8)
Que nuestro Señor Jesucristo proteja y defienda a nuestros hermanos libaneses, y que Su gracia nos cubra de amor y paz, en todo tiempo. Amén.
Rvdo. Exarca Víctor Villafañe
Vicario Patriarcal