Domingo 30 de noviembre de 2003

Tono 7 - Eotina 2

La Santa Iglesia conmemora hoy al Santo Apóstol Andrés, El Primer llamado.

 

 

 

El Vicio del Dinero

Es cierto que los ricos se van a molestar por mi artículo; porque no conozco muchos que se arrepientan de su vicio, ya sea éste útil o inútil. Y los pobres se sentirán extrañados -si leen- por estas palabras, como si yo obstaculizase su limosna. Tal vez no son menos que los ricos en cuanto al vicio del dinero.

El desprecio del deseo hacia el dinero, no tiene relación alguna con aquello que tú posees, sino, es la tendencia del corazón. Y esto se aplica a todas las posesiones. Tal vez el poseedor es libre del poder de sus posesiones sobre él. Y tal vez, el empleado está deseando el dominio. ¿Cómo puedes liberarte del dominio de toda la existencia sobre ti?

Comienzo mi testimonio diciendo que la criatura es buena e hicimos bien cuando inventamos la moneda, porque facilitó el comercio y creció; y el poder, a pesar de sus diferentes colores y grados, quería que los medios de subsistencia se repartiesen entre la gente. De este poder surge el robo, la violación, el aprovechamiento de los empleados y el tomar la parte de la herencia que no le corresponde a uno. También de esta violación nace el interés; por eso, desde hace tiempo, hay diferencia en los ingresos de las personas. Por lo tanto, la desigualdad llegó a ser la regla histórica. Yo recuerdo, en mi infancia, que algunos de los fieles devotos decían: “la culpa la tienen los pobres” olvidando o intentando olvidar que hay una acción del diablo que hace al hombre obtener algo ilegal e injusto, ya sea por parte de los grandes ricos o de los pequeños pobres, y Dios envía Su Gracia sólo a quien da generosamente de su ganancia porque de la generosidad es la Gracia y no del dinero.

Dicen quienes conocen las cosas de Dios: “No tienes derecho de alegrarte cuando posees algo, sino sólo cuando quieres dar de lo que tienes a los que necesitan o si tus hijos lo necesitan verdaderamente” Porque la alegría de poseer para sentir que eres poderoso no es un sentimiento divino. En general, todo lo que se relaciona con lo finito (vano) te aleja de “las bondades eternas.” Tú eres resucitado por ellas y son ellas las que le otorgan brillo a tu imagen espiritual. Pero si deseas las cosas vanas, llegas a ser como ellas, un ser frágil que puede romperse, preocupado por perderlas, temeroso porque no crecen, y así mudas tu centro que es Dios, y tu interior no puede más concertarse sobre nada.

El hombre viene de su deseo. Si deseas permanecer en la virtud, entonces permaneces en ella, y si deseas permanecer en lo vano, tu ser interior permanecerá frágil. El dinero no pertenece al mundo de los valores. Tú vienes del mundo de los valores si sabes usarlo para el bien. Cuando la gente dice: “Éste es un hombre materialista, sus palabras son filosóficas más de lo que puede imaginar.” Sí, este hombre tiene espíritu y no es posible que su conformación humana sea solamente material. Sin embargo, en la visión espiritual, este hombre vive como si todo su ser fuese material, porque está adorándolo. Tú siempre eres del mismo género que adoras. Tú llegas a ser nuevamente un ser humano cuando pasas de esta adoración a ver al Eterno dentro de ti. El asunto es muy serio y muy peligroso, porque ocupa a todo el ser. Lo que pasa con el pecado, nosotros en lugar de querer a Dios, llegamos a desear la criatura, la cual en su naturaleza pasa y desaparece. Cuando el Apóstol san Pablo dice: “la codicia es idolatría,” sabía que no pueden encontrarse dos adoraciones en una sola alma, pues una de ellas llega a ser esclavitud.

Existe una idolatría si eres profundamente dependiente de lo que tienes en tus manos, y si sientes que tu dinero va a asegurarte un futuro, pues la fe, para nosotros, es que tú estás en las manos de Dios. “No se preocupen por mañana” Este dicho del Señor no nos priva de cuidar a nuestros hijos, sus estudios y su salud. Sino, más bien, es una llamada para que no lleguen estas cosas a ser tu única preocupación. Sí, en la economía actual, ciertamente es necesario ahorrar, y por consiguiente esto te da cierta fuerza. El propósito de la Palabra Divina es hacer que dependas de Dios. Partiendo de esta dependencia y pidiendo la ayuda divina tienes que luchar. No debes someterte a imaginar que tú puedes, por medio de la lucha solamente, consolidar la existencia. Porque así llegas a negar lo gratuito del Don Divino y que Dios es tu auxilio. Sobre esto, San Juan Casianos dice: “No puedes, al mismo tiempo, amar a tu espíritu y al dinero” Esto es confirmado por la palabra del Evangelio que dice: “Allí donde está tu tesoro, está también tu corazón” (Mateo 6:21). Lo que temen los espirituales es que a ti, si vives en los deseos mundanos, no te quede más paciencia para las virtudes espirituales. Porque los deleites del mundo te obstaculizan la alegría del Reino que viene a Ti cada día.

No se puede solucionar esta dificultad a través de vanos sermones, los cuales empezaron a esclavizarnos desde hace muchos siglos y en los que se pide hacer obras de caridad para así obtener el perdón de los pecados o codiciar el paraíso, donde donas algo que no tiene correlación con tu riqueza con el objeto de satisfacer tu conciencia intranquila. ...Continuará en el próximo boletín.

                                                                                    S. E. R. Monseñor George Khodor
                                                                                      Metropolita de Monte Líbano


Tropario de la Resurrección -

Tono 7

Tropario a San Jorge  -

Tono 4

Destruiste la muerte con Tu Cruz y abriste el paraíso al ladrón; Convertiste el llanto de las portadoras del bálsamo y ordenaste a Tus discípulos predicar, que Tú has resucitado, Oh Cristo Dios, concediendo al mundo gran misericordia.

Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes. Oh Gran Mártir San Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas.

Tropario a San Andrés  -

Tono 4

Kondakio - Tono 3

Como fuiste el primer convocado entre los Apóstoles, y hermano del Principal; suplica, Oh Andrés, al Señor de todos que conceda la paz al mundo y a nuestras almas la gran misericordia.
 

Hoy, la Virgen viene a la gruta para dar a luz inefablemente al Verbo Eterno. Alégrate pues, al escuchar esto, Oh habitada tierra, y glorifica con los ángeles y los pastores a Aquél cuya Voluntad es manifestarse como un Niño Nuevo Quien es el Eterno Dios.


Prokimenon: Tú, Oh Señor, nos guardarás y nos librarás de esta generación y para siempre.
Verso: Sálvame, Oh Señor, porque se acabaron los justos.

 Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (4: 9- 16)

Hermanos: Pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres. Nosotros, necios por seguir a Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; mas vosotros, fuertes. Vosotros llenos de gloria; mas nosotros, despreciados. Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes. Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos. No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como a hijos míos queridos. Pues aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, os engendré en Cristo Jesús. Os ruego, pues, que seáis mis imitadores.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (1: 35-52)

 En aquel tiempo: Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: “He ahí el Cordero de Dios.” Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?” Ellos le respondieron: “Rabbí que quiere decir, 'Maestro'- ¿dónde vives?” Les respondió: “Venid y lo veréis.” Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: “Hemos encontrado al Mesías” que quiere decir, Cristo. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas” que quiere decir, 'Piedra'. Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: “Sígueme.” Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
Felipe se encuentra con Natanael y le dice: “Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.” Le respondió Natanael: “¿De Nazaret puede haber cosa buena?” Le dice Felipe: “Ven y lo verás.” Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.” Le dice Natanael: “¿De qué me conoces?” Le respondió Jesús: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.” Le respondió Natanael: “Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.” Jesús le contestó: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.” Y le añadió: “En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.”