Domingo 23 de noviembre de 2003 - Tono 6 - Eotina 1
23º Domingo después de Pentecostés
La Santa Iglesia conmemora hoy San Anfilocio, Obispo de Iconio
| La lucha contra el Pecado |
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El Señor no habló sólo en parábolas; habló claramente del Padre, de sí mismo y del Espíritu Santo tan bien como de la auténtica vida espiritual del hombre. Si el Antiguo Testamento nos pone en guardia principalmente contra las manifestaciones exteriores del mal y sus consecuencias, el Señor mismo muestra las mismas raíces del pecado. Así el sexto mandamiento dice: "No matarás," y Jesucristo nos dice: "Guárdate de la cólera, de la venganza; perdona, no condenes" y hasta: "no juzguéis." E1 Señor nos ha revelado que el pecado tiene su origen en el corazón del hombre; es por eso que debe comenzar la lucha contra el pecado purificando su corazón de los malos deseos y de los pensamientos inicuos, porque "del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre." (Mateo 15:19-20)
Según la voluntad del Señor, y sobre la necesidad
de purificar el corazón de sus inclinaciones perversas, los Apóstoles y,
después de ellos, los Padres de la Iglesia, basándose sobre su propia
experiencia en la lucha espiritual, elaboran una enseñanza detallada sobre
el nacimiento y el desarrollo del pecado y sobre los medios para combatirlo. Para vencer el mal, debe luchar contra él desde el principio: cuando nace la idea del pecado, cuanto más demora tanto más dura la lucha, La lucha contra una pasión, un vicio o una mala costumbre es muy difícil. Para erradicar los malos pensamientos en su mismo principio, uno tiene que estar atento a sí mismo, conocerse. Cuando uno reconoce un pensamiento malo, le conviene cortarlo de raíz. No es fácil hacerlo. Lo mejor es, en cuanto aparece un pensamiento malo (sea una ofensa, mala intención, envidia, codicia o un deseo carnal), volverse inmediatamente hacia Dios y pedirle que expulse la tentación. El mejor recurso propuesto por los Padres de la Iglesia es la oración de Jesús: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador." El que procede de esta manera adquiere poco a poco dominio sobre sí para llegar en fin a un estado en que el alma vive en la paz y en el gozo. Esta renovación hacia una organización armoniosa del alma es llamada por los Padres de la Iglesia "la ciencia de las ciencias," "el arte de las artes," y sin ella, no hay vida cristiana auténtica. Sin embargo el Señor Jesucristo no solamente nos llama a purificar nuestros corazones, sino también nos enseña una nueva conducta. Nos exhorta que no nos venguemos de los que nos ofenden y que accedamos a los que nos importunan. Aún más el Señor nos invita a amar a nuestros enemigos: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen" (Lucas 6:27). El Señor llama a los hombres a la perfección, sabiendo que el amor no puede ser dividido. El hombre que ama a algunos y en su corazón aborrece a otros, no posee el verdadero amor, y su amor por sus amigos puede convertirse pronto en odio. Pero Dios es amor siempre y completamente. "No juzguéis" (Mateo 7:1) No saber perdonar, hasta juzgar simplemente al prójimo, forma obstáculo al amor perfecto. El Señor insiste constantemente no solamente en la necesidad de perdonar las ofensas (Mateo 6:12-15), sino también en la de no juzgar al prójimo: "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?...saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano" (Mateo 7:1-5). La crítica malévola con respecto al prójimo es ya la viga que impide que uno vea en otra persona la imagen de Dios y que la ame. E1 Señor sabía que los pecados eran las enfermedades del hombre y decía con frecuencia que había venido a sanar a los pecadores: "Los sanos no tienen necesidad médico, sino los enfermos ...no vine a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mateo 9:9-13). El Señor mismo nos ha dado el ejemplo más alto de perdón y de no querer juzgar. En la cruz, suplicaba por aquellos que le crucificaban y no condenaba a la mujer culpable de adulterio. Los perdona por la plenitud de Su amor y es exactamente este amor que avergüenza al pecador, ilumina su corazón en su fuego: "No envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, mas para que el mundo sea salvo por El" (Juan 3:17), y "No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo" (Juan 12:47-48). En otra ocasión, el Señor no niega que es a Él a quien pertenece el juicio (Juan 5:22), pero explica: "Y ésta es la condenación: porque la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz" (Juan 3:19). Y la luz es el Señor mismo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue... tendrá la luz de la vida" (Juan 18:12).
Así es que los que seguimos a Cristo, debemos
resplandecer en su amor, en la Luz que todo lo perdona, al iluminar
divinamente las relaciones humanas. Esta Luz sola nos juzga. El que ha
perdido el amor, el amor que lo perdona todo, ha perdido la fuerza que
preserva al mundo de la corrupción: "Vosotros sois la sal de la tierra." ¿Si
la sal se desvaneciere, con qué será salada? Y finalmente: "Vosotros sois la
luz del mundo ... así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que
vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos" (Mateo 5:13-16). |
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Tropario de la Resurrección - Tono 6 |
Tropario de San Jorge - Tono 4 |
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Los poderes angelicales aparecieron en el sepulcro, y los guardias quedaron como muertos; Y María estaba de pie ante Tu Sepulcro, buscando Tu Cuerpo Puro. Pero Tú cautivaste al infierno y no fuiste tentado por él. Encontraste la Virgen dando la vida. Oh Tú que resucitaste de entre los muertos, ¡Oh Señor, gloria a Ti!
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Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes. Oh Gran Mártir San Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas. |
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Kondakio - Tono 4 |
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El Templo Purísimo del Salvador, la Virgen quien es la más preciosa cámara nupcial, la casa limpia del tesoro de la gloria de Dios, hoy entra en el Templo de Dios trayendo consigo la gracia del Espíritu Divino. Que la alaben, pues, los ángeles de Dios porque Ella es el Tabernáculo Celestial. |
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Prokimenon: Tú,
Oh Señor, nos guardarás y nos librarás de esta generación y para siempre. |
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Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios (2: 4- 10) |
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Hermanos: Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvos - y con El nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús, a fin de mostrar en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos. |
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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (12: 16-21) |
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En aquel tiempo: Dijo el Señor esta parábola: “Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: '¿Qué haré, pues no tengo dónde reunir mi cosecha?' Y dijo: 'Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.' Pero Dios le dijo. '¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?' Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en a orden Dios.” |
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La Presentación de la Virgen en el Templo |
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El día 21 de noviembre, la Iglesia
conmemora la Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo. Según
la Sagrada Tradición, los padres de Maria, San Joaquín y Santa Ana, rogando
a Dios por su infertilidad, hicieron voto de dedicar su niño al servicio de
Dios, si Él en Su voluntad divina, se los concedía. Como respuesta a su fe,
nació la santísima Virgen María. Allí, el Sumo Sacerdote, por inspiración divina, condujo a la Virgen María al Lugar Santísimo, donde solamente el Sumo Sacerdote entra una vez al año para ofrecer un sacrificio de purificación. |
Este hecho llamó la atención de
los presentes, pues no era costumbre que una mujer entrase en ese lugar. Sus
padres, Joaquín y Ana, habiendo encomendado a su hija a la voluntad de Dios,
regresaron a casa. Mientras que Maria permanecía en los cuartos para las
vírgenes, cerca del templo. |