Domingo 18 de enero de 2004

Tono 6 - Eotina 9

La Santa Iglesia conmemora hoy a los Santos Atanasio y Cirilo, Patriarcas de Alejandría.

 

¿Quiénes son Padres de la Iglesia?

Queríamos aprovechar esta fiesta de dos grandes santos Padres de nuestra Iglesia para exponer algunas ideas sobre quiénes son los santos Padres o los Padres de la Iglesia, que en tantas ocasiones nombramos; y sobre cuyas palabras y enseñanzas basamos nuestra fe. Para ellos vamos a extraer algunas ideas de Johannes Quasten sobre el tema.
Estamos acostumbrados a llamar “Padres de la Iglesia” a los autores de los primeros escritos cristianos. Antiguamente la palabra “padre” se aplicaba al maestro, porque, en el uso de la Biblia y del cristianismo primitivo, los maestros eran considerados como los padres de sus alumnos. Así, por ejemplo, San Pablo, en su primera carta a los Corintios (4:15), dice: “Porque, aunque tengáis diez mil preceptores en Cristo, sin embargo no tenéis muchos padres, puesto que quien os engendró en Jesucristo, por el Evangelio, fui yo.” Por otro lado, san Clemente de Alejandría observa: “Las palabras son las hijas del alma. Por eso llamamos padres a los que nos han instruido..., y todo el que es instruido es, en cuanto a su dependencia, hijo de su maestro.”
En la antigüedad cristiana, el oficio de enseñar incumbía a los obispos. Así, pues, el título de padres les fue aplicado primeramente a ellos. Como dijimos, ellos gozaban de la facultad de enseñar, y cuando se suscitaba alguna duda o disputa entre los fieles, recurrían a los obispos para que decidiesen, pues eran los maestros natos de la fe y depositarios del acervo doctrinal.
Las controversias doctrinales del siglo IV motivaron ulteriores desarrollos. El uso de la palabra “padre” alcanzó una mayor extensión; se hizo extensivo a escritores eclesiásticos, siempre que fueran reconocidos como representantes de la tradición de la Iglesia. Agustín, por ejemplo, enumera a san Jerónimo entre los testigos de la doctrina tradicional del pecado original, aunque no fuera obispo.
La primera lista de escritores eclesiásticos aprobados o rechazados como Padres de la Iglesia se encuentra en un decreto del siglo VI. Después de mencionar a algunos de los más importantes Padres, prosigue el texto: Hoy día hemos de considerar como “Padres de la Iglesia” solamente a los que reúnen estas cuatro condiciones necesarias: ortodoxia de doctrina, santidad de vida, aprobación eclesiástica y antigüedad. Todos los demás escritores son conocidos con el nombre de escritores eclesiásticos.
Aunque los Padres de la Iglesia ocupan un puesto importante en la historia de la literatura griega y latina, su autoridad en la Iglesia se basa en motivos totalmente distintos. Lo que da tan gran importancia a los escritos y opiniones de los Padres es la doctrina de la Iglesia que considera la Tradición como fuente de fe. La Iglesia considera infalible el consenso unánime de los Padres cuando tratan la interpretación de la Escritura. Cierto religioso católico pone bien de relieve la importancia de este consenso y su diferencia con las opiniones privadas de los Padres, cuando dice:
“Sigo a los Padres de la antigüedad, porque cuando hablan de doctrinas, hablan de ellas como de doctrinas universalmente admitidas. Dan testimonio de que tales doctrinas son aceptadas, no sólo aquí o allí, sino en todas partes. Nosotros aceptamos las doctrinas que ellos enseñan de esta manera, no sólo porque ellos las enseñan, sino porque dan testimonio de que en su tiempo las profesaban todos los cristianos, y en todas partes. Los tomamos como informadores honrados, mas no como una autoridad suficiente en sí mismos, aun cuando también tengan ellos cierta autoridad. Si, por ejemplo, afirmaran estas mismas doctrinas, pero dijeran: “éstas son nuestras opiniones; las hemos sacado de las Escrituras y son verdaderas,” podríamos dudar en aceptarlas de sus manos. Podríamos afirmar perfectamente que tenemos tanto derecho como ellos para deducirlas de la Escritura; que las deducciones de la Escritura son meras opiniones; que, si nuestras deducciones coincidieran con las suyas, sería debido a una afortunada coincidencia; pero que, en caso contrario, no podemos evitarlo: hemos de seguir nuestras propias luces. Indudablemente, nadie tiene derecho a imponer a otro sus propias opiniones en materia de fe. Es cierto que el ignorante tiene un claro deber de someterse a los que están mejor informados, y que es justo que el joven se pliegue por un tiempo a las enseñanzas de los que son más viejos que él; pero, fuera de eso, la opinión de un hombre no es mejor que la de otro. Pero no es éste el caso en lo que respecta a los Padres de la antigüedad. Ellos no hablan de sus opiniones personales. No dicen: “Esto es verdad, porque nosotros lo vemos en la Escritura” sobre esto podría haber discrepancias de opinión , sino: “Esto es verdad, porque de hecho es afirmado y fue siempre afirmado por todas las Iglesias, desde el tiempo de los Apóstoles hasta nuestros días, sin interrupción.” Se trata aquí de una simple cuestión de testimonio, es decir, de saber si ellos dispusieron de los medios necesarios para conocer que tal doctrina había sido profesada y seguía siendo profesada de esta manera; porque si era la creencia unánime de tantas y tan independientes Iglesias a la vez, y eso porque la consideraban transmitida por los Apóstoles, indudablemente no podía menos de ser verdadera y apostólica”
                                                                                   


Tropario de la Resurrección -

Tono 6

Tropario a San Jorge  -

Tono 4

Los poderes angelicales aparecieron en el sepulcro, y los guardias quedaron como muertos; Y María estaba de pie ante Tu Sepulcro, buscando Tu Cuerpo Puro. Pero Tú cautivaste al infierno y no fuiste tentado por él. Encontraste la Virgen dando la vida. Oh Tú que resucitaste de entre los muertos, ¡Oh Señor, gloria a Ti!

Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes. Oh Gran Mártir San Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas.

Tropario a San Atanasio y San Kirilos  - Tono 3

Kondakio - Tono 3

Brillasteis por las obras de la recta fe; y callasteis toda opinión herética. Así revestisteis de la victoria. Y habéis enriquecido a todos con la buena alabanza y embellecisteis la Iglesia con gran atavío; dignamente encontrasteis a Cristo Dios, concediendo a todos, por vuestras oraciones, la gran misericordia.
 

Oh Cristo Dios, Tú que por Tu Nacimiento santificaste el vientre virginal y bendijiste, como es digno, las manos de Simeón; y ahora nos alcanzaste y nos salvaste. Conserva en la paz a Tu rebaño durante las guerras y afirma a los gobernantes que amaste, Porque eres el Único Amante de la humanidad.


Prokimenon: Bendito eres Tú, Dios de nuestros padres.
Verso: Porque eres Justo en todo lo que has hecho con nosotros.

 Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Hebreos (13: 7- 16)

Hermanos: Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imitad su fe. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino. Tenemos nosotros un altar del cual no tiene derecho a comer los que dan culto en la Tienda. Los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el Sumo Sacerdote al santuario para la expiación del pecado, son quemados fuera del campamento. Por eso, también Jesús, para santificar al pueblo con su sangre, padeció fuera de la puerta. Así pues, salgamos donde él fuera del campamento, cargando con su oprobio; que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro. Ofrezcamos sin cesar, por medio de él, a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que celebran su nombre. No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (17: 12-19)

 En aquel tiempo: Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!” Al verlos, les dijo: “Id y presentaos a los sacerdotes.” Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quién volviera a dar gloria a Dios sino éste extranjero?” Y le dijo. “Levántate y vete; tu fe te ha salvado.”

Vida de los Santos

San Atanasio
Fue el fundador de lo que podríamos llamar la espiritualidad del siglo IV. Su espiritualidad está basada en la economía de la encarnación salvífica de Dios realizada en la Iglesia.
En la estrategia pastoral de su gobierno sobre las Iglesias de Egipto y Libia por 45 años, san Atanasio aparece como el prototipo de los grandes obispos que la Iglesia cristiana tenía durante los siglos IV y V.
 

San Cirilo (Kirilos)
Expresó su comprensión del misterio cristiano en sus escritos exegéticos, particularmente en su interpretación del Evangelio de san Juan y sus comentarios sobre otros escritos del Nuevo Testamento.
San Cirilo fue un gran luchador contra las herejías, defensor acérrimo de la fe ortodoxa y un destacado expositor de la cristología cristiana correcta.

¡Muchos años de vida, Monseñor!
En este día tan especial para nuestro Padre y Arzobispo, Monseñor Kirilos, los sacerdotes de la Arquidiócesis, las Comisiones Laicas y los fieles ortodoxos saludan a Su Eminencia y elevan sus oraciones al Señor, pidiendo la intercesión de su santo patrono, san Kirilos de Alejandría. Hacemos extensivo este saludo a nuestro querido Padre Atanasio Salhany, quien celebra también en este día la fiesta de su santo patrono. ¡Por muchos años!