Domingo 16 de noviembre de 2003 - Tono 5 - Eotina 11

22º Domingo después de Pentecostés

La Santa Iglesia conmemora hoy al Evangelista San Mateo.

El Pecado: Una idea errónea

Cuando un padre aconseja a su hijo no cometer un acto que pueda perjudicar su salud, si el hijo realiza ese acto, entonces viola el mandato de su padre. Sin embargo, primeramente él mismo dañó su salud, porque el padre no impone condiciones para atar a su hijo o molestarlo. Sino, lo aconseja para proteger su salud, que para su padre es muy preciosa.

Así es el asunto con respecto al pecado: Porque cuando Dios Padre nos aconseja no matar, no robar, no cometer adulterio, Él no quiere imponernos condiciones para atarnos y molestarnos, sino quiere protegernos del mal, porque Él conoce lo que nos hace bien, más que nosotros.

Y cuando el hijo viola el mandamiento de su padre, entonces él mismo perjudica su salud, se enferma y sufre. Y sobre esto, su padre no va a aumentar su mal, porque ya tiene su castigo, que es la misma enfermedad y el sufrimiento que ya padece.

Así es el asunto con respecto al pecado: Cuando quebrantamos los mandamientos de Dios, nosotros nos perjudicamos a nosotros mismos, nos corrompemos y sufrimos. Y Dios no aumenta nuestro mal, sino que nuestro castigo es la corrupción y el sufrimiento que nos sobrevino a causa de nuestro pecado; y de esta forma, traemos a nuestras almas algo del infierno.

Sin embargo, cuando el hijo viola el mandamiento de su padre, no vuelve a pensar en su salud ni en el propósito del mandamiento. Más bien recuerda el mandamiento sólo como mandamiento, como si no hubiese ningún propósito por detrás de éste. Entonces se pregunta: ¿Acaso lo estoy quebrantando? ¿Cómo lo estoy haciendo? y ¿por qué lo hago? Así él recuerda el quebrantamiento y se olvida de su salud.

Así es el asunto con respecto al pecado: Cuando pecamos contra Dios, nuestro Padre, no volvemos a pensar en la paz, la cual Dios quiere para nosotros dándonos el mandamiento, sino más bien recordamos el mandamiento como mandamiento, como si no tuviese ningún propósito ni sentido. Entonces nos preguntamos: ¿acaso hemos pecado?, ¿cómo lo hacemos? y ¿por qué lo hacemos?... La cima de la violación (del mandamiento) es el pecado. Así nos olvidamos del pecado, de nuestra paz y de nuestra vida.

De esta forma, el concepto del pecado tomó tanta importancia en nuestro pensamiento, y si recordamos una obra para realizarla, pensamos: ¿es esto un pecado o no? Y tal vez no es pecado, para hacerlo. Como que el pecado es la medida del mundo, su origen y su base. Como si no hubiese cosa alguna por encima de él. Y no hay medida más estable, completa y permanente.

No, jamás. El pecado no es fundamental. Porque antes del pecado de Adán, el hombre no había conocido el pecado, sino que vivía en paz con su Dios. Y si no hubiese sido por el pecado cometido por Adán, no habríamos conocido el pecado. Por lo tanto, el pecado entró accidentalmente, “casualmente” si se podría decir esto, porque Dios no creó al hombre para el pecado.

El pecado, con relación a la vida es “entre comillas” Es como una frase que tiene un significado claro en sí misma. Y Adán inauguró este “entre comillas” con su primer pecado, el pecado de rebeldía y alejamiento de Dios. Sin embargo Dios quiso, desde entonces, hacer regresar hacia Él al hombre, y así sellar el “entre comillas”. Él lo selló en verdad, por la gente que desea esto: “quiere venir en pos de mí”, con el descenso del Señor Jesucristo quien nos selló, nos redimió y nos dio Su gracia, con la cual podemos atravesar el pecado sobre la Tierra.

Entonces, el pecado no es sino algo accidental o imprevisto, provisorio y tiene final. Es un asunto secundario que no tiene una importancia auténtica ni existencia auténtica. Por lo tanto, no tenemos que construir nuestra vida y nuestra visión del cristianismo sobre la idea del pecado. Esa es una idea errónea y negativa, una idea que ata, que presiona y que castiga, mientras que Dios es amor, misericordia y redención.

 Texto escrito en árabe por el Rvdo. Archimandrita Elías Marcos Abad del Monasterio de San Jorge (El Harf)                                           


Tropario de la Resurrección - Tono 5

Tropario de San Jorge - Tono 4

¡Alabemos, nosotros los fieles, y adoremos al Verbo, que es igual al Padre y al Espíritu en la eternidad! Nacido de la Virgen para nuestra salvación; Porque se complació en aceptar ascender, por el cuerpo, a la Cruz, soportar la muerte y levantar a los muertos por Su Gloriosa Resurrección.

 Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes. Oh Gran Mártir San Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas.

Tropario de San Mateo - Tono 3

Kondakio - Tono 4

Oh Santo Apóstol Evangelista Mateo, intercede ante Dios Misericordioso, para que otorgue a nuestras almas el perdón de las transgresiones.

El Templo Purísimo del Salvador, la Virgen quien es la más preciosa cámara nupcial, la casa limpia del tesoro de la gloria de Dios, hoy entra en el Templo de Dios trayendo consigo la gracia del Espíritu Divino. Que la alaben, pues, los ángeles de Dios porque Ella es el Tabernáculo Celestial.


Prokimenon: Cuán numerosas son Tus Obras, Oh Señor. Todas las has hecho con Sabiduría.
Verso: Bendice, alma mía, al Señor.

 Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (4: 9- 16)

Hermanos: Pues yo pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres. Nosotros, necios por seguir a Cristo; vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; mas vosotros, fuertes. Vosotros llenos de gloria; mas nosotros despreciados. Hasta el presente, pasamos hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes. Nos fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insulta, bendecimos. Si nos persiguen, lo soportamos. Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos. No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como a hijos míos queridos. Pues aunque hayáis tenido diez mil pedagogos en Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio. Os engendré en Cristo Jesús. Os ruego, pues, que sean mis imitadores.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (9: 9-13)

 En aquel tiempo:  Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: “Sígueme.” Él se levantó y le siguió.
Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: “¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?” Mas él, al oírlo, dijo: “No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.”

Vida de los Santos


San Mateo, Apóstol y  Evangelista

 (16/11)

El Apóstol y Evangelista san Mateo, también era llamado Leví (Marcos 2:14; Lucas 5:27). Es uno de los doce Apóstoles (Marcos 3:18; Lucas 6:45; Hechos 1:13), y era hermano del Apóstol Santiago Alfeo (Marcos 2:14). Era publicano, es decir, cobrador de impuestos para el gobierno de Roma, en una época en que los judíos estaban bajo regla del Imperio Romano. Vivió en la ciudad galilea de Cafernaúm. Cuando Mateo oyó el llamado del Señor Jesucristo (Mateo 9:9), dejó todo y siguió al Salvador.

Los Publicanos que recogían los impuestos de sus paisanos, lo hacían con gran beneficio para sí mismos. Eran generalmente personas codiciosas y crueles, y se los consideraba traidores perniciosos de su país y de su religión. Incluso hablar con un recolector de impuestos era considerado un pecado, y asociarse con uno de ellos era una gran ofensa. Por eso, los maestros de la Ley no podían comprender que el Señor había venido llamar no a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento. (Mateo 9:13)

Mateo, reconociendo su pecado, compensó cuatro veces a cualquier persona que él había engañado distribuyó sus posesiones restantes entre los pobres, y luego siguió a Cristo con los otros Apóstoles.

San Mateo estaba siempre atento a las instrucciones del Divino Maestro; él presenció Sus milagros innumerables. Él, junto con los doce Apóstoles, fue testigo del sufrimiento, la muerte, la Resurrección del Salvador, y de Su ascensión gloriosa a los cielos. Recibió la gracia del Espíritu Santo, que descendió sobre los Apóstoles en el día de Pentecostés.

San Mateo predicó en Palestina por varios años. A petición de los convertidos al cristianismo en Jerusalén, el Apóstol San Mateo escribió su Evangelio en el que describe la vida terrenal del Salvador.
El Apóstol Mateo predicó entre la gente que aguardaba al Mesías. Su Evangelio se manifiesta como prueba viva que Jesús Cristo es el Mesías proclamado por los profetas, y que no habría otro (Mateo 11:3). La predicación y los hechos del Salvador son presentados por el evangelista en tres divisiones, constituyendo tres aspectos del servicio de Cristo: como profeta y legislador (Capítulos 5-7), Señor sobre el mundo visible e invisible (Capítulos 8-25), y finalmente como el sacerdote altísimo que se ofreció como sacrificio por los pecados de toda la humanidad (Capítulos 26-27).