Domingo 14 de diciembre de 2003

Tono 1 - Eotina 4

Domingo de los Antepasados de Cristo desde Adán

La Santa Iglesia conmemora hoy a los Santos Tirso y Apolonio y a sus compañeros mártires.

 

La Oración es más fuerte que el pecado

El pecado destruye las fuerzas físicas y morales, pero no puede destruir la fuerza de la misericordia y del amor de Dios. “Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:25). Dios continúa amando siempre, antes, durante y después del pecado.
La oración, en cuanto a la relación entre tú y Dios, te pone en contacto con su misericordia que perdona también las culpas más graves. Por su naturaleza, la oración es una manifestación de arrepentimiento y de retorno a Dios. Y Dios siempre está dispuesto a acoger al que se vuelve a él, porque no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ezequiel 18:23)
Si es verdad que el pecado destruye gran parte de la fuerza adquirida mediante la oración, no puede erradicar completamente lo obtenido en ella. Si después de haber orado, sucumbes, cualquiera sea el tipo de pecado, conservarás siempre dentro de ti algo de la fuerza adquirida por la oración. Esta fuerza terminará por tomar de nuevo la iniciativa. Incluso después de las culpas más grandes siempre quedará en tu corazón y en tu conciencia la fuerza espiritual que se formó en ti por la oración ofrecida a Dios con un corazón sincero y la conciencia que rechaza al pecado.
Con la oración asidua adquieres progresivamente un tesoro de fuerza espiritual que al fin te llevará no sólo a anular todo pecado, sino también a purificar tu conciencia de la sensación de malestar causada por el pecado. La alegría de la remisión y de la salvación se ve sustituida por la aflicción y el dolor causado por el pecado. La oración se revela así como la plena curación del alma.
Todo esto, sin embargo, no ocurre en un día ni en un año. A lo largo de los años, la oración realiza su obra de maduración, lenta pero continua, que intenta destruir el deseo del pecado y purificar progresivamente la conciencia.
Cuando la vida de oración está lo suficientemente madura, la luz de la salvación empieza a brillar en forma intensa e inesperada en el interior del alma con una alegría indecible que se extiende a todo el ser interior. Esta luz interior que aparece, sin embargo, muy tarde y de forma imprevista, es en realidad el resultado de largos años, el fruto de muchas oraciones.
Cualquiera que sea su aspecto de aflicción y compunción y cualquiera que sea el sentimiento que se tenga de la mediocridad y de la indignidad de poder conversar con Dios a causa de las faltas y de los numerosos pecados, la oración es, más allá de todo esto, la expresión de un amor profundo que se establece entre ti y Dios: el amor de Dios se manifiesta en la atracción de tu corazón a orar en Su presencia, y tu amor consiste en presentar a Dios tu corazón, aunque sólo sea bajo el aspecto de la aflicción y de la compunción.
La oración es manifestación de amor, tímida al principio, que no logra expresarse con palabras de amor, sino más bien con palabras de disgusto, de arrepentimiento y de contrición. La madurez de la oración es la señal de la madurez del amor. Entonces no encontrarás dificultades para expresar tu amor con palabras de amor.
Dios es amor. Es el origen y el manantial de todo amor. Si tu corazón no se abre al amor divino, permanece lejano de Dios, privado de los favores de su naturaleza radiante.
La primera señal de que tu corazón está tocado por el amor de Dios es el deseo de dirigirte a Dios para conversar con Él: exactamente esto es la oración. La oración es pues, la primera manifestación de la efusión del amor divino en tu corazón.
Si al principio de tu experiencia de oración te has visto llevado sobre todo a acusar tu pecado, es por el simple motivo de que el amor divino es un amor extremadamente puro, que no puede comprometerse con el pecado. La oración de compunción prepara tu corazón para recibir al Amado.
                                                               Matta el Meskin
                                  Extraído del libro Consejos para la oración


Tropario de la Resurrección -Tono 1

Tropario a San Jorge  -

Tono 4

Cuando la piedra fue sellada por los judíos y Tu Cuerpo Purísimo custodiado por los guardias; Resucitaste al tercer día, Oh Salvador, dando vida al mundo. Por eso, los poderes celestiales exclamaron a Ti, Oh Dador de la vida: “¡Gloria a Tu Resurrección, Oh Cristo; Gloria a Tu Reino; Gloria a Tu Providencia, Oh Único Amante de la Humanidad!”.

Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes. Oh Gran Mártir San Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas.

Tropario a los Santos Antepasados de Cristo  - Tono 2

Kondakio - Tono 3

Por la fe has justificado a los antiguos Padres y por ellos anticipaste y elegiste por Novia Tuya a la Iglesia, Aquella de las naciones. Por consiguiente, que los santos se enorgullezcan en la gloria, porque de su simiente creció un fruto noble que es Aquella que sin simiente te dio a luz. Salva pues, Oh Cristo Dios, por sus suplicas, nuestras almas.

Hoy, la Virgen viene a la gruta para dar a luz inefablemente al Verbo Eterno. Alégrate pues, al escuchar esto, Oh habitada tierra, y glorifica con los ángeles y los pastores a Aquél cuya Voluntad es manifestarse como un Niño Nuevo Quien es el Eterno Dios.


Prokimenon: Bendito eres Tú, Oh Señor Dios de nuestros padres.
Verso: Porque eres Justo en todo lo que has hecho con nosotros.

 Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses (3: 4- 11)

Hermanos: Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con Él. Por tanto, modificad vuestros miembros terrenos: Fornicación, impureza, pasiones, malos deseos y la codicia, que es una idolatría, todo lo cual atrae la cólera de Dios sobre los rebeldes, y que también vosotros practicasteis en otro tiempo, cuando vivíais entre ellas. Mas ahora, desechad también vosotros todo esto: Cólera, ira, maldad, maledicencia y palabras groseras, lejos de vuestra boca. No os mintáis unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador, donde no hay griego y judío; circuncisión e in- circuncisión; bárbaros, escitas, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (14: 16-24)

 En aquel tiempo: Dijo el Señor esta parábola: “Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: 'Venid, que ya está todo preparado. Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: 'He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.'Y otro dijo: 'He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.' Otro dijo: 'Me he casado, y por eso no puedo ir'. Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, airado el dueño de la casa, dijo a su siervo: 'Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, y ciegos y cojos.' Dijo el siervo: 'Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.' Dijo el señor al siervo: 'Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.' Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.”

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Horarios de los servicios litúrgicos de las fiestas de Navidad y Epifanía en la Catedral San Jorge

Miércoles 24 de Diciembre de 2003: 

9:00 horas

“El Paramón” (Vigilia de Navidad) Oficio de las Las Horas Reales

20:00 horas

Fiesta de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo

Divina Liturgia

Jueves 25 de Diciembre de 2003:
    10:30 horas

Divina Liturgia

Jueves 1 de Enero de 2004:           

10:30 horas

Divina Liturgia de San Basilio el Grande

Lunes 5 de Enero de 2004:
    9:00 Horas

“El Paramón” (Vigilia de Epifanía) con la pequeña bendición de las aguas

Martes 6 de Enero de 2004:

10:30 Horas

Fiesta de Epifanía

Divina Liturgia y Bendición de las Aguas

S.E.R. Monseñor Kirilos recibirá los saludos de las Autoridades Gubernamentales, religiosas y de los fieles, el día 25 de diciembre a partir de las 11:30 y hasta las 13:30 en el Salón Episcopal.