Domingo 9 de noviembre de 2003 - Tono 4 - Eotina 10

21º Domingo después de Pentecostés

La Santa Iglesia conmemora hoy a los santos Onesiforo y Porfirio, mártires; y a San Nectario de Pentápolis.
El día 8 de noviembre, la Iglesia conmemora a los santos Arcángeles Gabriel y Miguel y a todos los poderes celestiales incorpóreos.

Los Ángeles

La palabra “ángel” es repetida en todos nuestros servicio litúrgicos, y la mayoría de las persona desconoce aún lo básico acerca de estos seres. Muchas personas nos han consultado sobre el tema, por eso, queremos aprovechar esta fiesta de los Arcángeles (8 de noviembre), para dar algunas respuestas acerca del asunto.
La palabra “ángel” en griego es "ánguelos", proviene del verbo anguélo que quiere decir anunciar o llevar un mensaje. Es decir, los ángeles son servidores que trabajan al servicio de su Señor, Dios. Ellos llevan el mensaje o transmiten la voluntad de Dios a la gente. Por lo tanto, el nombre no indica su naturaleza, sino su función. Por eso, el Apóstol Pablo, en su carta a los Hebreos (1:14), los describe como “espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación.”
Los ángeles son seres, creados por Dios antes de la creación del mundo material. Su naturaleza es inmaterial y espiritual, sin embargo, no es comparable con la naturaleza de Dios.
Los Ángeles en el Antiguo Testamento
De acuerdo con la tradición sacerdotal, encontramos que Dios, en el Antiguo Testamento, es un Dios Sublime, que no tiene comunicación directa con los hombres; por lo tanto, los ángeles son quienes juegan el papel de comunicadores entre Dios y los hombres. Es por eso que “Él dará orden sobre Ti a Sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.” (Salmo 91:11) Ellos “elevan las alabanzas a Dios” (Tobía 12:12), dirigen el destino de las naciones (Daniel 10:13-21) e interpretan los oráculos de los profetas (Zacarías 1:8-9) De esta manera vemos que el Antiguo Testamento habla de la existencia de los ángeles, su trabajo y su comunicación con los hombres; y todo esto se realiza por medio de especiales símbolos y signos.
Los Ángeles en el Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento nombra las jerarquías angélicas ya mencionadas en el Antiguo Testamento. Por eso habla de los arcángeles (1 Tesalonicenses 4:16), el Querubín (Hebreos 9:5), los Tronos, las Dominaciones, los Principados y las Potestades (Colosenses 1:16). Sin embargo, el orden de las jerarquías tiene un carácter secundario, pues lo importante aquí es su inclusión en el marco de la inspiración que se realizó con Jesucristo.
Nuestro Señor Jesucristo dice acerca de ellos, que son seres reales y activos. Ellos le sirven (Mateo 4:11), uno de ellos le da fuerza en el monte de los olivos (Lucas 22:34), pueden ver el rostro del Padre que está en el cielo (Mateo 18:10 “… porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos ”) Y aunque ignoran el día del Juicio Final, el cual no lo conoce sino sólo el Padre (Mateo 24:26), trabajan para su realización (Mateo 24:31 “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro”). También “recogerán de Su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad; y los arrojarán en el horno de fuego” (Mateo 13:41-42) Los ángeles participan con Dios de la alegría cuando se arrepienten los pecadores (Lucas 15:10), conforman legiones que podía pedir el Señor para que lo protejan (Mateo 26:53) y acompañarán al Hijo del Hombre en Su Segunda Venida (Mateo 25:31).
Ellos estaban presentes cuando nació el Señor. Allí proclamaron, alabaron a Dios y anunciaron una gran alegría a todo el pueblo (Lucas 2:8-14) Estuvieron también en la Resurrección de Cristo (Mateo 28:5-7), pues ellos anunciaron a las mujeres que Cristo había resucitado de entre los muertos.
Tenemos también el Ángel Guardián al cual suplicamos diciendo: “Oh santo Ángel que acompañas a mi pobre alma… No permitas que el demonio malo tenga poder sobre este cuerpo mortal, …y guíame por el sendero de la salvación”
De todo esto podemos concluir que los ángeles no están lejos de los hombres, sino, por el contrario, hay una íntima relación entre nosotros y ellos. Porque, por la Encarnación del Hijo de Dios, se unieron los terrenales con los celestiales, a tal punto, que podemos afirmar que los ángeles y los hombres constituyen una sola parroquia y una sola Iglesia.
El Diablo, según la tradición bíblica, es un ángel que se rebeló contra Dios y contra Su voluntad. Se ensoberbeció, y eso condujo a su caída en el Hades (“yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” Lucas 10:18). Él trata de engañarnos y alejarnos de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, tentándonos con la gloria de este mundo y las apariencias engañosas, como lo quiso hacer con el Señor antes de comenzar su obra redentora (Mateo 4:1-11)
La jerarquía de los ángeles, conforme a lo expuesto, está compuesta por nueve órdenes: ángeles, arcángeles, poderes, principados, potestades, dominaciones, tronos, querubines y serafines.
Significado de los nombres de los ángeles:
Gabriel significa “héroe de Dios”
Miguel quiere decir, “quién es como Dios”
Rafael, significa “Dios sana”
Finalmente, decimos que el mundo invisible es un mundo que el ser humano no puede entender. Tampoco podemos, a través de estas pocas líneas, estudiarlo en profundidad. Esto es un simple intento de responder algunas preguntas.                                                 


Tropario de la Resurrección - Tono 4

Tropario de San Jorge - Tono 4

Las discípulas del Señor aprendieron del ángel la gozosa proclamación de la Resurrección; Y la abolición de la maldición ancestral. Y orgullosas se dirigieron a los apóstoles diciendo: “La muerte es cautivada, y Cristo Dios ha resucitado, dando al mundo gran misericordia”.

 Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes. Oh Gran Mártir San Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas.

Tropario de los Santos Arcángeles - Tono 4

Kondakio - Tono 4

Oh líderes de las huestes celestiales! Os suplicamos, nosotros los indignos, para que, por vuestras peticiones, nos cubran con la sombra de las alas de vuestra gloria inmaterial; Conservándonos a nosotros que nos prosternamos y exclamamos sin cesar: “Liberadnos de los apuros como sois los jefes de los rangos de las huestes celestiales”.

El Templo Purísimo del Salvador, la Virgen quien es la más preciosa cámara nupcial, la casa limpia del tesoro de la gloria de Dios, hoy entra en el Templo de Dios trayendo consigo la gracia del Espíritu Divino. Que la alaben, pues, los ángeles de Dios porque Ella es el Tabernáculo Celestial.


Prokimenon: Cuán numerosas son Tus Obras, Oh Señor. Todas las has hecho con Sabiduría.
Verso: Bendice, alma mía, al Señor.

 Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas (2: 16-20)

Hermanos: Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado. Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo! Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor. En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios; con Cristo estoy crucificado y, vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (8: 41-56)

 En aquel tiempo: Llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba entrara en su casa, porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes le ahogaban. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre. Jesús dijo. “¿Quién me ha tocado?” Como todos negasen, dijo Pedro: “Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.” Pero Jesús dijo: “Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.” Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada. Él le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz.” Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llega diciendo: “Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.” Jesús, que lo oyó, le dijo: “No temas; solamente ten fe y se salvará.” Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, al padre y a la madre de la niña. Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: “No lloréis, no ha muerto; está dormida.” Y se burlaban de él, pues sabían que estaba muerta. Él, tomándola de la mano, dijo en voz alta: “Niña, levántate.” Retornó el espíritu a ella, y al punto se levantó, y él mandó que le dieran a ella de comer. Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que a nadie dijeran lo que había pasado.

Oración al Ángel Guardián

Esta es una oración que se puede rezar antes de dormir y forma parte de las Pequeñas Completa (Antes de Dormir):
Oh santo Ángel que acompañas mi alma miserable y mi vida humilde, no me abandones a mí pecador, ni te alejes de mí a causa de mi derroche y mi perdición. No permitas que el demonio malo tenga poder sobre este cuerpo mortal; sino sostenme por mi mano débil y miserable; y guíame por el sendero de la salvación. Sí, oh Ángel de Dios, santo guardián y protector de mi cuerpo y mi alma miserable, perdóname todo con lo que te haya provocado tristeza, durante toda mi vida. Y aunque en este día haya pecado, sé mi cobijo durante esta noche. Guárdame de todos los engaños del enemigo, para que no ofenda a Dios con ningún pecado. Intercede al Señor por mí, para que me confirme en su temor y me muestre, por Su bondad, como siervo digno. Amén.