Domingo 9 de noviembre de 2003 - Tono 4 - Eotina 10
21º Domingo después de Pentecostés
La Santa Iglesia conmemora hoy a los santos Onesiforo y
Porfirio, mártires; y a San Nectario de Pentápolis.
El día 8 de noviembre, la Iglesia conmemora a los santos Arcángeles Gabriel y
Miguel y a todos los poderes celestiales incorpóreos.
| Los Ángeles |
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La palabra “ángel” es repetida en todos nuestros
servicio litúrgicos, y la mayoría de las persona desconoce aún lo básico
acerca de estos seres. Muchas personas nos han consultado sobre el tema, por
eso, queremos aprovechar esta fiesta de los Arcángeles (8 de noviembre),
para dar algunas respuestas acerca del asunto. |
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Tropario de la Resurrección - Tono 4 |
Tropario de San Jorge - Tono 4 |
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Las discípulas del Señor aprendieron del ángel la gozosa proclamación de la Resurrección; Y la abolición de la maldición ancestral. Y orgullosas se dirigieron a los apóstoles diciendo: “La muerte es cautivada, y Cristo Dios ha resucitado, dando al mundo gran misericordia”. |
Puesto que eres libertador de los afligidos, defensor de los pobres, médico de los enfermos y soldado de los reyes. Oh Gran Mártir San Jorge el triunfador, ruega a Cristo Dios que salve nuestras almas. |
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Tropario de los Santos Arcángeles - Tono 4 |
Kondakio - Tono 4 |
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Oh líderes de las huestes celestiales! Os suplicamos, nosotros los indignos, para que, por vuestras peticiones, nos cubran con la sombra de las alas de vuestra gloria inmaterial; Conservándonos a nosotros que nos prosternamos y exclamamos sin cesar: “Liberadnos de los apuros como sois los jefes de los rangos de las huestes celestiales”. |
El Templo Purísimo del Salvador, la Virgen quien es la más preciosa cámara nupcial, la casa limpia del tesoro de la gloria de Dios, hoy entra en el Templo de Dios trayendo consigo la gracia del Espíritu Divino. Que la alaben, pues, los ángeles de Dios porque Ella es el Tabernáculo Celestial. |
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Prokimenon:
Cuán numerosas son Tus Obras, Oh Señor. Todas las has hecho con Sabiduría.
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Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas (2: 16-20) |
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Hermanos: Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado. Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿estará Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo! Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor. En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios; con Cristo estoy crucificado y, vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. |
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Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (8: 41-56) |
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En aquel tiempo: Llegó un hombre, llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de Jesús, le suplicaba entrara en su casa, porque tenía una sola hija, de unos doce años, que estaba muriéndose. Mientras iba, las gentes le ahogaban. Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre. Jesús dijo. “¿Quién me ha tocado?” Como todos negasen, dijo Pedro: “Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen.” Pero Jesús dijo: “Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí.” Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada. Él le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz.” Estaba todavía hablando, cuando uno de casa del jefe de la sinagoga llega diciendo: “Tu hija está muerta. No molestes ya al Maestro.” Jesús, que lo oyó, le dijo: “No temas; solamente ten fe y se salvará.” Al llegar a la casa, no permitió entrar con él más que a Pedro, Juan y Santiago, al padre y a la madre de la niña. Todos la lloraban y se lamentaban, pero él dijo: “No lloréis, no ha muerto; está dormida.” Y se burlaban de él, pues sabían que estaba muerta. Él, tomándola de la mano, dijo en voz alta: “Niña, levántate.” Retornó el espíritu a ella, y al punto se levantó, y él mandó que le dieran a ella de comer. Sus padres quedaron estupefactos, y él les ordenó que a nadie dijeran lo que había pasado. |
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Oración al Ángel Guardián |
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Esta es una oración que se puede
rezar antes de dormir y forma parte de las Pequeñas Completa (Antes de
Dormir): |