Domingo 2 de noviembre de 2003 - Tono 3 - Eotina 9

20º Domingo después de Pentecostés


La Santa Iglesia conmemora hoy a los santos Acindino, Aftonio y Elpidoforo.

El Credo Confesión de fe

En esta extensa reflexión que hemos hecho de la confesión de nuestra fe, llegamos a la última parte analizando la frase final que dice:
Espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero.
La Iglesia Ortodoxa, cree en la inmortalidad del alma, en la bondad y salvación final de una realidad únicamente espiritual, pero no en una forma somera. De acuerdo a las Sagradas Escrituras, los Cristianos Ortodoxos creen en la bondad del Cuerpo Humano y de toda la creación física y material. Así, en su fe en la resurrección y la vida eterna, la Iglesia Ortodoxa no mira hacia algún "otro mundo" para la salvación, sino hacia este mismo mundo que Dios tanto amó; este mundo resucitado y glorificado por El, lleno de Su Propia Presencia Divina.
Al final de los siglos revelará Su presencia y llenará toda la creación consigo Mismo. Por los que le aman será Paraíso. Por los que le odian será Infierno. Y toda la creación física, junto con los justos, regocijará y se alegrará en Su venida.
"Que el desierto y la sequedad se alegren; regocíjese la estepa y florezca como flor" (Isaías 35:1)
"Pues he aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán recordados los primeros ni vendrán a la memoria. Antes habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Pues he aquí que yo voy a crear a Jerusalén "regocijo", y a su pueblo "alegría". (Isaías 65: 17- 19)
Las visiones de los profetas y las de los apóstoles cristianos acerca de las cosas que han de venir son una y la misma: . "Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: "Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y El, Dios -con-ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Apocalipsis 21:1- 4)
Cuando llena toda la creación el Reino de Dios, todas las cosas serán renovadas. Este mundo nuevamente será aquel paraíso por el cual fue creado. Esta es la doctrina Ortodoxa del destino final del hombre y su universo.
A veces se argumenta, sin embargo, que este mundo será totalmente destruido y que Dios creará todo nuevo "de la nada" por el acto de una segunda creación. Los que mantienen esta opinión, citan a tales textos como el de la Segunda Carta de San Pedro: "Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechados, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas". (II Pedro 3:10)
Ya que la Biblia nunca habla de una "segunda creación" y porque continua y consistentemente da testimonio que Dios ama al mundo que ha creado y hace todo lo que pueda para salvarlo, nuestra Tradición Ortodoxa nunca interpreta tales textos de la Escritura como enseñando la real destrucción de la creación por Dios. Sino entiende que tales textos hablan metafóricamente de la gran catástrofe que la creación debe soportar, incluyendo inclusive a los justos, para que sea limpiada, purificada, perfeccionada y salvada. Enseña además que existe un "fuego eterno" para los impíos, una condición eterna de su destrucción. Pero en todo caso, en la Tradición Ortodoxa no se entiende por ningún motivo el "juicio por fuego" que "destruye a los impíos" en el sentido de que la creación está predestinada a la destrucción total, despreciada por el Señor de Amor quien lo creó y llamó "muy bueno", (Génesis 1:31; también 1 Corintios 3:13-15; Hebreos 12:25-29; Isaías 66; Apocalipsis 20-22).
                                  Extraído de “La Fe Ortodoxa” de Thomas Hopko


Tropario de la Resurrección - Tono 3

Kondakio - Tono 4

¡Que se alegren los Celestiales y que se regocijen los terrenales! Porque el Señor ha hecho prodigios con Su brazo; Pisoteo la Muerte con su muerte; Deviniéndose el Primogénito de los muertos; Y nos salvó de lo profundo del Infierno; Concediendo al mundo gran misericordia.

Oh Defensora Irrechazable de los cristianos, Intermediaria ante el Creador quien no puedes fallar; No desprecies nuestras súplicas, nosotros pecadores, mas acude a nuestro socorro en Tu Bondad; Porque Te alabamos con fe. Intervén con prisa por nosotros, apresurándose en la súplica; Oh Madre de Dios, que proteges siempre a los que Te honran.


Prokimenon: Cantad salmos, cantad salmos a nuestro Dios; Cantad salmos, cantad salmos a nuestro Rey.
Verso: Pueblos todos aplaudid; Aclamad a Dios con voces de júbilo.

 Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas (1: 11-19)

Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres. Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco. Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía. Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor.
 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (16: 19-31)

 Dijo el Señor: “Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: 'Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama'. Pero Abraham le dijo: 'Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.' “Replicó: 'Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.' Díjole Abraham: 'Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.' Él dijo: 'no, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.' Le contestó: 'Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite'.”

Vida de los Santos

San Cosme y San Damián (1/11)

Los santos Cosme y Damián eran oriundos de Asia Menor. El ejemplo de su madre, que era cristiana, y de la lectura de las Sagradas Escrituras hicieron a Cosme y Damián, crecer como hombres virtuosos y de fe. Ambos llegaron a ser expertos como médicos, y adquirieron el don del Espíritu Santo para curar las enfermedades del cuerpo y el alma, por el poder de sus oraciones.
Cierta vez, convocaron a los santos para que curasen a una mujer gravemente enferma llamada Paladia, a quien todos los médicos no habían podido sanar. Por la fe y  la  ferviente oración de  los  santos  hermanos,

el Señor curó la enfermedad de Paladia y fue levantada de su lecho completamente sana, de modo que alababa y glorificaba a Dios por Su misericordia.
Cuando fallecieron, sus venerables reliquias fueron enterradas juntas en Mesopotamia. Muchos milagros fueron realizados antes y después de la muerte de los santos Cosme y Damián. Y hasta nuestros días son honrados en muchos lugares del mundo ortodoxo, a tal punto que muchas Iglesias los tienen como sus santos patronos.
Por las oraciones de tus santos, oh Señor Jesucristo, ten piedad de nosotros y sálvanos. Amén.

Que su memoria sea eterna

A la edad de 85 años, partió al encuentro del Señor el Rvdo. Archimandrita Efram Kassuf. El Padre Efram nació un 1° de setiembre de 1918 en Zahle, Líbano. El 1° de setiembre de 1936, con sólo 18 años de edad, pero con el deseo de servir a Dios y a su Iglesia ya arraigado en su corazón, fue ordenado Diácono por Monseñor Alejandro Yeha en el Monasterio de San Jorge, en Wadi An Nasara, Siria.
En 1938 y también un 1° de setiembre, fue elevado al grado de Sacerdote por el mismo Arzobispo Alejandro Yeha, en Fiah, aldea ubicada en las proximidades del Balamand, en El Koura, Líbano. Años más tarde, embarcó hacía Argentina, donde sirvió a la Iglesia como párroco de la Parroquia San Jorge, en la ciudad de Salta.
Hoy, elevamos nuestras oraciones, pidiendo al Señor Misericordioso que lleve su alma al lugar, donde los justo descansan. Que su memoria sea eterna. Amén.